Un paso más cerca de que los motores de hidrógeno sean más accesibles

En la década de 1990, Mazda dio el paso hacia la comercialización de un vehículo propulsado por un motor rotativo de hidrógeno. En 1991 la marca japonesa mostró dicha mecánica en el prototipo HR-X. Además, se construyó un prototipo MX-5 equipado con un motor rotativo de hidrógeno. Mazda inició las pruebas este motor rotativo de hidrógeno en 1995. Por fin, en 2003, lanzó el RX-8 Hydrogen RE, el primer motor propulsor rotativo de hidrógeno del mundo.
En la década de 1990, Mazda dio el paso hacia la comercialización de un vehículo propulsado por un motor rotativo de hidrógeno.
MAZDA

El uso del hidrógeno como combustible limpio para coches no es una novedad pero sí una rareza, ya que pocos son los fabricantes que se dedican a producir este tipo de coches y su comercialización aún es lenta y está reducida a mercados muy específicos.

El mayor problema al que se enfrenta la producción de baterías de hidrógeno es la dificultad de almacenar este material y los enormes costes que van asociados a su transporte. Esto se debe para su uso en automoción el hidrógeno es necesario en estado gaseoso, lo que precisa contenedores de gran tamaño o una red de tuberías de abastecimiento con el enorme gasto y la necesidad de infraestructura que eso conlleva.

Pero para solucionar estos problemas no son pocas las universidades y laboratorios dedicados a la investigación y al desarrollo los que están impulsando soluciones para reducir el impacto medioambiental de los transportes y la movilidad. Así, un grupo de investigadores de la Academia de Ciencias de China ha dado un paso adelante en la logística del transporte y almacenamiento de hidrógeno.

Producirlo in situ

La producción de hidrógeno no es excesivamente complicada y, de hecho, muchas empresas lo producen de manera residual por lo que podría reaprovecharse en la industria del automóvil (aunque esto también plantearía problemas de transporte).

Así, este equipo de investigadores ha descubierto que, como solución a este problema, el hidrógeno puede producirse in situ y bajo demanda a través de una reacción de una aleación de metales. La interacción del aluminio y el agua, que daría como resultado hidrógeno e hidróxido de aluminio, se podría activar a través de una aleación de galio, indio, estaño y bismuto.

Si este proyecto llega a buen puerto, cada gasolinera de hidrógeno podría producir sus reservas para reducir los costes de transportar este gas. Lo único que falta todavía por saber sería los posibles efectos de esta reacción, si serían contaminantes o perjudiciales para la salud. 

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