Chicle
Imagen de archivo de una joven mascando un chicle. GTRES

El dióxido de titanio, un aditivo alimentario conocido como E171 que está presente en chicles y otros productos, ha sido vetado recientemente por Francia para que se utilice en la elaboración de sus productos alimentarios a partir de enero de 2020.

El E171 se utiliza de forma corriente como blanqueador y para dar opacidad a alimentos como chocolatinas, galletas, chicles, salsas o complementos alimentarios. Su uso está aprobado por la legislación europea desde 2009.

Este aditivo está en el foco de la polémica después de que la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), que depende de la OMS, publicase un informe que concluía que el dióxido de titanio es un "potencial carcinógeno para los humanos tras una evidencia suficiente en pruebas con animales de laboratorio y evidencias insuficientes en estudios epidemiológicos".

Sin embargo, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) difiere de esa opinión. En una respuesta a una pregunta parlamentaria realizada en noviembre de 2018, la EFSA asegura que en 2016 se reevaluó la seguridad del dióxido de titanio y "llegó a la conclusión de que no es genotóxico ni cancerígeno tras su ingestión".

Según este organismo, los europeos absorben unos 1,3 miligramos de este aditivo por kilo de peso al día, pero no se especifica la cantidad admisible para los humanos, algo sobre lo que algunos expertos alertan debido a la acumulación de este material en el cuerpo.

"En el caso de un suministro regular de nanopartículas de dióxido de titanio en pequeñas dosis, por ejemplo, pueden afectar a la mucosa intestinal, al cerebro, el corazón y otros órganos internos, lo que puede aumentar el riesgo de desarrollar numerosas enfermedades, así como ayudar en el progreso de procesos de cáncer y tumores", indica a El País Elena Planell, catedrática de la Universidad de Granada.

Planell, que se refiere a una serie de artículos publicados en prestigiosas revistas especializadas, explica que "estos estudios hechos con ratas y ratones también demostraron que las nanopartículas de dióxido de titanio pueden causar daños en el ADN e interactuar con el epitelio del intestino delgado, responsable de la absorción de los nutrientes. Después de la exposición a las nanopartículas por diversas vías, principalmente por inhalación, inyección, contacto con la piel y absorción en el tracto digestivo, se pueden encontrar en diferentes órganos internos, como en los pulmones, el tracto alimentario, el hígado, el corazón, el bazo, los riñones y el músculo cardíaco".

A pesar de estos estudios, la autoridad europea volvió a insistir en 2018 en una publicación firmada por expertos que no es necesario reabrir este debate sobre la utilización del E171 y que "es seguro".