Milagros Martínez
Milagros Martínez, superviviente de cáncer de mama. ELENA BUENAVISTA

A Milagros Martínez le cambió la vida a los 43 años. Tras acudir a una cita rutinaria con su ginecóloga, esta le recomendó realizarse una mamografía, una prueba que acabó salvándole la vida.

¿Cómo descubrió que tenía cáncer de mama? 

Fui al ginecólogo a hacerme una revisión rutinaria y la doctora me propuso aprovechar para someterme a una mamografía. Al cabo de poco más de una semana me la hice en el Hospital Gregorio Marañón (Madrid) y me comentaron que me la tenían que repetir. En ese momento no me asusté, pensé que me había movido y no había salido bien. Entonces me dijeron que tenía microcalcificaciones en un pecho y pregunté si me tenía que preocupar o llamaba a mi marido, que es médico en el centro.

Por entonces tenía 43 años, no estaba en la edad de riesgo. Las microcalcificaciones tumorales eran tan pequeñas que no me las habrían detectado sin la mamografía, no eran palpables.

¿Cuál fue el siguiente paso? 

Me dieron hora para una biopsia y una punción. La espera de esos días fue lo peor porque no sabía cómo iban a ser los resultados, me comía la cabeza. Sospechaba que tenía cáncer, pero es algo que nunca quieres creer, te dices a ti misma que seguro que es solo un susto. Esa semana es dura, rara. Por entonces, mi hija tenía 14 años y no quería mostrarle mi preocupación, lo llevaba un poco dentro. Tampoco fui a trabajar porque no quería que la gente preguntase.

¿Cómo le dieron la noticia? 

Estaba en casa y sonó el teléfono, lo cogí y era una paciente de mi marido preguntando por él. Me contó que había salido urgentemente de la consulta y me dije "ya está, me lo acaba de confirmar, viene a decírmelo".

¿Qué pensó en ese momento? 

La palabra "cáncer" siempre asusta, pero a mí la que me daba pánico era "metástasis". Pensé en mi hija y mi hermana mayor, que había tenido un tumor de colon. Estaba preocupada por cómo decírselo a mi familia. Lo primero que piensas es: "¿Saldré de esta? Es un cáncer".

Se sometió a una mastectomía, ¿fue dura la decisión?

El cirujano me aconsejó quitarme el pecho y, si eso me daba más posibilidades de que desapareciese por completo el tumor, no necesitaba ni pensármelo. No lo dudé, pensé que era algo que se sustituye, el pecho no era sagrado para mí. Verte sin él es chocante, pero no fue traumático.

Ver cómo mi marido me miraba con nada más que puro cariño cuando me bañaba sin tenerlo me ayudó mucho.

Esperó a reconstruirse la mama tras la quimioterapia y no en la primera operación, ¿por qué? 

El cirujano me aconsejó posponerlo porque iba a ser más doloroso y yo también lo preferí. Si me puse la prótesis fue exclusivamente porque la sintética la perdía todo el tiempo. Cuando llegaba a casa la tiraba en cualquier lado y no la encontraba. Me reí mucho con el proceso, más de una vez salí con un calcetín como mama porque no sabía dónde estaba la prótesis.

¿Tuvo algún modelo a seguir que le infundase ese optimismo? 

Sí. A una compañera de mi marido le habían extirpado ambos pechos. Conocer a alguien que había pasado por lo mismo y además por partida doble, ver lo bien que estaba con dos niñas pequeñas a su cargo... Para mí fue una inyección de vitamina, de decir: «está aquí, lleva años curada y se lo detectaron más joven que a mí, lo único que me va a pasar es que tendré un seno más alto que el otro».

Ella fue quien me enseñó a colocarme el pañuelo, porque yo pasaba de ponerme peluca. Si por mí fuera, habría salido calva a la calle, pero me tapaba para que la gente no me mirase.

¿Recurrió a la ayuda de alguna asociación?

No, no lo necesitaba. Cuando supe que tenía un tumor maligno me informaron sobre las distintas asociaciones que había, pero yo tenía todo el apoyo emocional de mi marido y de mi familia, me desahogaba con ellos.

¿Se siente afortunada porque su pareja era médico?

No, él no se involucró como médico, no podía ni quería traspasar esa barrera. Me apoyó como pareja.

¿Cómo piensa en ello ahora que han pasado diez años? 

Creo que ni quieres pensar en ello. Cuando dices la palabra "cáncer" parece que asusta y me parece un poco rídiculo porque para mí es como cualquier otra enfermedad. Intento no hablar del tema porque a la gente le da reparo, no porque a mí me cueste. Si leo que a alguien le ha vuelto el tumor al cabo de los años me viene el vértigo.

Si la ginecóloga no me hubiera sugerido hacerme una mamografía seguramente no estaría aquí, tuve esa suerte.

Se lo tomó con humor. 

Siempre me han dicho que he sido muy fuerte y optimista, pero no es verdad. Hay momentos en los que estás sola y te hundes. Pasas por todas las etapas: impacto, tirar para adelante y resignación. Me tengo que reír. Ahora todos los años tengo que "pasar la ITV", como digo en broma, y siempre vuelve el mismo miedo a que venga otro tumor, aunque va disminuyendo con el tiempo. Amargarse una vez superado no es vivir, he aprendido a reírme todo lo que pueda y a disfrutar.

¿Qué le diría a alguien a quien le han detectado el tumor?

No me gusta la idea de "luchar", creo que más bien es aceptar lo que tienes y tirar con ello. El cáncer de mama ya no es sinónimo de muerte.