Supermercado
Dos consumidores en un supermercado. EUROPA PRESS

Determinados reclamos publicitarios, imágenes asociadas a ciertos productos y algunas técnicas de márketing unidas al desconocimiento nos llevan, en muchas ocasiones, a llenar el carro de la compra de artículos que no son lo que esperábamos.

Hoy en día, asistimos a un aumento en la concienciación acerca de la importancia de alimentarnos de manera saludable. Un ámbito sobre el que los consumidores todavía no estamos muy informados y en el que hay mucha confusión a la hora de llenar nuestra nevera.

Repasamos, con la ayuda de Paloma Quintana, dietista y nutricionista en el Centro Aleris de Valencia, algunos productos populares que no son en muchos casos lo que aparentaban:

Leches vegetales

El término 'leche' aparece en su primera acepción del diccionario de la RAE (Real Academia Española) como: "Líquido blanco que segregan las mamas de las hembras de los mamíferos para alimento de sus crías". Las populares leches vegetales, como la de soja o la de almendra, tienen en común con la sustancia que representa esta definición solamente su color blanquecino y su estado líquido.

Sí es cierto que en la tercera acepción del diccionario encontramos registrada la palabra 'leche' como: "Jugo blanco obtenido de algunas plantas, frutos o semillas". Un significado que sí haría referencia a las llamadas leches vegetales.

Sin embargo, además de que según la legislación vigente no se puede asociar el término 'leche' a este tipo de bebidas, son muchas las voces que consideran que esa otra denominación puede llevar a confusiones entre los consumidores.

Así mismo, Quintana nos advierte de que debemos poner atención a los ingredientes que aparecen en los envases de estos productos. "Deben llevar agua, un porcentaje elevado del ingrediente principal y hay que evitar que tengan azúcar añadida", afirma la nutricionista.

Barritas de cereales, galletas, yogures o cereales 'fitness'

Las barritas de cereales se llegan a vender presentándolas como un alimento propicio para hacer dieta, debido a la letra que contienen sus paquetes o a las imágenes que las acompañan. Sin embargo, la realidad es muy distinta.

Sí que contienen cereales y grasas saludables, como los frutos secos, pero no son los únicos ingredientes.

"Además de tener el inconveniente de que dejas de comer entre horas otros alimentos más saludables, como la fruta, llevan muchos azúcares añadidos, grasas o anuncian que no contienen azúcar pero en su lugar añaden otros elementos, como edulcorantes, que también acaban por producir más ganas de comer alimentos azucarados", cuenta Paloma Quintana.

Estas características también aparecen en otros productos, como las galletas o los cereales o los yogures.

Para atraer a los consumidores se ponen reclamos como 'reducido en grasa' - pero en su lugar añaden azúcar- o 'sin azúcares añadidos' -en este caso incorporan grasa no saludable-. "Para que se comercialicen mejor, alteran el sabor, pues es más apetecible una galleta con sabores más fuertes, especialmente si estamos acostumbrados a tomar comida azucarada o grasa", afirma la especialista.

"Lo ideal es comprar una caja de un cereal íntegro, como los copos de avena, sin añadidos, o tomar fruta", recomienda Quintana.

Zumos y néctares

En primer lugar, debemos ser conscientes de que tomar un zumo de fruta no equivale a consumir la pieza entera. Esto se debe a que la fruta contiene azúcares que en forma de zumo pasan a la sangre de manera mucho más rápida, tal y como advierte la OMS (Organización Mundial de la Salud). Por ello, es preferible consumir la pieza de fruta entera.

Debemos prestar atención al envasado de los zumos industriales, pues no es lo mismo un zumo que un 'néctar', advierte Quintana. La diferencia entre ambos es que a estos últimos está permitido añadirles azúcar y además contienen una proporción de fruta menor.

Es habitual encontrar mensajes publicitarios en los envases de este tipo de productos como 'rico en vitamina C', algo que tampoco nos debe pasar desapercibidos. "Muchas veces añaden esa vitamina porque es útil para la conservación del producto y te lo venden como un reclamo. Realmente, la vitamina adicionada en un zumo o un néctar no es la panacea, no tiene nada que ver con consumir un producto en el que los micronutrientes estén en la propia matriz", dice la nutricionista.

Pan integral

El pan es uno de los alimentos más consumidos en nuestro país, según datos del último Informe del Consumo Alimentario en España. Está elaborado con agua, levadura, sal y harina, siendo este último su ingrediente principal.

En los últimos años en España se ha comenzado a prestar más atención al pan que compramos y por tanto a la harina que lo forma.

"El pan blanco es el menos sano, es aquel elaborado a base de harinas refinadas. En este caso, del grano del cereal nos quedará solamente el almidón, habremos perdido las vitaminas y la fibra", dice Quintana. Por su parte, el pan integral nos aporta el grano completo de los cereales, siendo esta la opción más sana.

Por este motivo, se emplea el término 'pan integral' para atraer a los compradores. Sin embargo, aunque aparezca ese concepto vemos cómo la harina empleada no suele ser 100% integral, en su lugar, se utilizan un alto porcentaje de harinas refinadas.

El Gobierno está preparando una nueva ley que regule esta situación, pasando a etiquetarse como 'pan 100% integral' o 'pan integral'  a los panes elaborados únicamente con harina integral.

Mientras tanto, debemos prestar mucha atención no solo al pan, sino también a otros productos como las galletas. "Debemos buscar que tenga como primer ingrediente harina de algún cereal integral", aconseja la nutricionista.

Lonchas de pavo o de pollo

Estas lonchas son otro producto asociado a las dietas 'healthy'. Sin embargo, son carnes procesadas cuyo consumo, alerta la OMS, conviene limitar.

Además, el pavo o pollo no suele representar -ni mucho menos- el 100% del producto.

Es común que se retire la grasa del alimento y esto no es tan positivo como pueda parecer. Al eliminar este elemento, la palatabilidad del producto se ve alterada, al igual que ocurre con las galletas o los cereales, dejan de ser igual de sabrosos,  por lo que los productores añaden otros elementos.

"Suelen contener muchísima sal, potenciadores del sabor -que inducen a comer más-, harinas, azúcares añadidos o féculas de patata", afirma Quintana. Para sustituirlos, podemos consumir alimentos como hummus, queso tierno o frutos secos, aconseja la especialista.

Salsas para ensaladas

La ensalada es un producto tradicionalmente asociado a las dietas saludables. Sin embargo, si acompañamos este plato de los ingredientes equivocados podemos conseguir el efecto contrario al deseado.

"Las salsas para ensaladas suelen llevar azúcar, podemos consumirlas pero con moderación", afirma Quintana.