Mujer embarazada
Una mujer embarazada, en una foto de archivo. GTRES

Los investigadores han comenzado a advertir a las mujeres de los peligros de combatir los síntomas del post parto comiendo sus propias placentas, según publica Oregon Live.

A través de la lactancia, una mujer de ese estado transmitió recientemente a su recién nacido una infección que se encontraba en dicho órgano cuando lo ingirió a través de unas píldoras que se tomaba de dos en dos tres veces al día, según han determinado los médicos.

"La placenta encapsulada no erradica per se los agentes patógenos, por lo que su ingesta debería ser evitada", señala un artículo publicado en la revista del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) y escrito por dos doctores y cuatro científicos.

En el caso de Oregón, al bebé se le detectó una infección por estreptococo al poco de nacer y estuvo once días ingresado. Cinco días después tuvo que regresar de urgencia al hospital y los médicos descubrieron que la madre había enviado su placenta a una empresa que las limpia, corta y deshidrata y genera con ellas entre 150 y 200 cápsulas.

El texto de la revista apunta a que algún otro familiar pudo contagiar la infección al niño pero los doctores afirman que casi con toda probabilidad procedía de la placenta, en la que se halló la bacteria.

Los expertos consideran, según recoge Oregon Live, que es posible que la empresa no cocinara el órgano durante el tiempo suficiente o lo hiciera a una temperatura inferior a la necesaria para que la bacteria muera.

Un estudio de la Universidad de Nevada apuna que la práctica de comerse la placenta es cada vez más habitual entre las mujeres de EE UU y que también se ha extendido a Europa y Australia. Sus defensores argumentan que aumenta la producción de leche materna, da energía, mejora el estado de ánimo y ayuda a las madres a recuperarse rápidamente del parto. Ninguna investigación científica corrobora sin embargo estos resultados.