Cruzar Atlántico en vela
Las cinco aventureras, antes de emprender rumbo a la travesía con la que cruzarán el Océano Atlántico en Vela. Eva Máñez

De Valencia, pasando por Tenerife, a la isla Martinica. Cinco mujeres emprenden el viaje de su vida. Cruzarán el Atlántico a bordo de un barco de vela para hacer "borrón y cuenta nueva" a una dura etapa en su vida: un cáncer. Con "ganas e ilusión", estas luchadoras pasarán casi un mes soltando cabos e izando velas, desde este domingo hasta, previsiblemente, el 1 de diciembre.

Carmen Peláez, médico de familia; Marian Santiago, Sargento de la Guardia Civil; Patricia Alonso, bióloga; Susana Laguarda, Guardia Civil en el servicio de seguridad de la Casa Real; y Yolanda Preciados, empresaria han cambiado sus puestos de trabajo y los hospitales por el mar. Las cuatro primeras padecieron cáncer de mama y la última, cáncer de útero. Tienen edades comprendidas entre los 38 y 57 años y son las protagonistas del #RetoPelayoVida16.

Llevaban vidas separadas, cada una con su familia, marido o hijos, hasta que la ruta Transatlántica2016 llegó a su vida. "Hemos hecho piña, tenemos un equipo espectacular, parece que nos conocemos de toda la vida. Y si tenemos que empujar el barco, lo haremos juntos", declara Yolanda Preciados, la única de las cinco tripulantes que ha pasado por un tumor en el útero. 

Me quitaron el útero y a los dos años perdí el ovario y la trompa de FalopioEsta mujer, natural de Pamplona, sufrió hace más de 10 años por su peor momento: "Me quitaron el útero y a los dos años perdí el ovario y la trompa de Falopio". Pero ahora, su único miedo es no poder comunicarse con su hijo de 13 años en quince días, los que pasarán desde que emprendan rumbo desde Tenerife a la meta.

Yolanda, al igual que todas sus compañeras de aventura —y ahora amigas—, declara a 20minutos que nada más enterarse del reto pensó: "Está hecho para mi". "Le faltaba mi nombre encima, me pareció increíble", añade Carmen Peláez, la más tardía en entrar en el proceso de selección. "Cuando me presenté estaba todavía en tratamiento y en un principio me dijeron que no podían llevarme. Al final aquí estoy. He ido saltando de casualidad en casualidad", manifiesta con emoción en la voz.

Práctica y teoría para cumplir con el objetivo

Solo Carmen tenía conocimientos básicos sobre cómo manejar un barco de vela. Tiene ascendencia gallega y desde hace 4 o 5 años sale a navegar "en alguna ocasión" con la ayuda de un amigo que es patrón. Las otras cuatro luchadoras tuvieron que prepararse previamente. "Dimos clases en julio y agosto. La primera fue en el Pantano de San Juan (Madrid) con un velero de regata durante 3 horas. No tenía ni idea de manejar vela pero el primer día aprendes mucho. Con una clase vas cogiendo conceptos y da mucha sensación de libertad", explica Marian Santiago.

Además de práctica, también estudiaron mucha teoría para conocer las diferentes partes del barco. "Yo no sabía ni donde estaba la proa o la popa, ni babor ni estribor, pero he estudiado mucho", matiza Susana Laguarda, una madrileña a la que le diagnosticaron cáncer de mama con 38 años —hace cuatro— y cuya única incertidumbre es "no saber si mi cuerpo va a responder".

Entre operaciones, radioterapia y quimioterapia, las enfermas de cáncer de mama tardaron en recuperarse aproximadamente un año. Ahora, todas ellas pasan por otro tipo de tratamiento vía oral. "Tomamos unas pastillas (Tamoxifeno) durante 5 años desde que termina la quimio", manifiesta Susana quien va a interrumpir el procedimiento en el último año porque quiere cumplir uno de sus sueños: ser madre.

Reto tras reto y cumpliendo objetivos viven las cinco aventureras que quieren recordar "a las personas que están viviendo cerca o en sus carnes una enfermedad así, que el final puede ser dos días, 3 meses o años, pero que no decaigan y no pierdan la esperanza. Que luchen", finaliza Yolanda.

Compartirán experiencia con otras siete personas: Alberto Francés, traumatólogo del Hospital Universitario Quirón, que atenderá sus necesidades médicas; los regatistas olímpicos Iago López y Diego Fructuoso y el dueño del barco Julio Wouter, que les ayudarán a manejarse en alta mar; y un equipo gráfico formado por una fotógrafa, un reportero y un periodista para ilustrar el recorrido completo. En total, serán 12 tripulantes que tendrán que hacer turnos día y noche para manejar la embarcación, hacer la comida o limpiar.