Bacteria
Imagen de la Klebsiella pneumoniae. WIKIMEDIA

La medicina está perdiendo la capacidad de tratar infecciones comunes, debido al aumento de la resistencia a los antibióticos en todas las regiones del mundo, que puede resultar fatal para personas con las defensas disminuidas, como bebés prematuros, niños desnutridos y enfermos de cáncer.

"Aunque las cifras varían de región a región, la conclusión es clara y es que la capacidad de tratar infecciones graves es cada vez menor en todo el mundo", dijo esta semana en una conferencia de prensa el director general adjunto de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Keiji Fukuda.

Afirmó que "las tasas de resistencia son muy altas ante las bacterias que causan algunas de las infecciones más graves. En hospitales de distintas partes del mundo se están reportando infecciones intratables o casi intratables".

¿Por qué esta resistencia?

Buena parte de la responsabilidad de haber llegado a esta situación la tiene el mal uso y abuso de los antibióticos, que han disparado la evolución de estos microbios hasta conseguir inmunizarse frente a las defensas que habíamos desarrollado para combatirlos. "Se ha acelerado por el uso masivo. Tomar mal un antibiótico, cuando no corresponde, te hace daño a ti, pero también al resto del mundo", resume para Materia Rafael Cantón, Jefe del Servicio de Microbiología del Hospital Universitario Ramón y Cajal.

"No puede ser que hagamos un transplante que salve la vida de un paciente y que pueda fallecer después por una infección en el posoperatorio", zanja. En algunos casos, los más peligrosos, la resistencia está llegando a la última línea de defensa frente a algunos patógenos, las combinaciones de urgencia desarrolladas por la medicina para proteger a los pacientes.

Aunque regiones como Europa o América tienen buenos estudios de vigilancia, es necesario profundizar en el conocimiento de todas estas resistencias que ponen en riesgo buen parte de los avances de la medicina del siglo XX. "Toca concienciarnos", advierte, "ponerle freno cuanto antes porque luego es muy complicado revertir resistencias", asegura Cantón, recordando que hasta un 35% de las cepas estudiadas de E. coli, que mató a medio centenar de personas en 2011, han desarrollado resistencias.

España es uno de los países que más antibióticos consume de forma desmesurada y las superbacterias comienzan a ser una amenaza seria, ya que los españoles tienen ya un alto potencial de resistencia a antibióticos, mucho mayor que el de daneses o estadounidenses, según señalaba recientemente un estudio realizado en estos tres países.

Infecciones comunes

Fukuda presentó en Ginebra un estudio coordinado por la OMS con datos de 114 países, el primero sobre la resistencia a los antibióticos a escala global y que se centra en un grupo de bacterias responsables de infecciones comunes como las urinarias, la septicemia, la diarrea, la neumonía y la gonorrea.

La OMS alerta también de la resistencia a los antibióticos más sofisticados y utilizados como "último recurso" para tratar ciertas enfermedades Sobre esta última, aseguró que cada vez se reciben más informes de casos imposibles de tratar con cualquier antibiótico, mientras que para infecciones tan comunes como las de las vías urinarias o la diarrea "empiezan a agotarse las medicinas que pueden tomarse por vía oral" y que funcionan.

"Es evidente que la vía oral es la más fácil y evita tener que ir al hospital para recibir una inyección de antibiótico", explicó Fukuda.

Sobre enfermedades específicas

La OMS se mostró alarmada por la situación que deja patente el informe, en el que se alerta también de la resistencia a los antibióticos más sofisticados y utilizados como "último recurso" para tratar ciertas enfermedades.

En este sentido, se confirmó que se ha extendido en todas las regiones la resistencia a los antibióticos carbapenémicos, último recurso terapéutico para infecciones potencialmente mortales por Klebsiella pneumoniae, una bacteria intestinal común.

Esa bacteria es una causa importante de infecciones que se contraen comúnmente en medios hospitalarios, como la septicemia, y aquellas que padecen los recién nacidos y los pacientes ingresados en unidades de cuidados intensivos.

Fukuda sostuvo que esta situación también puede poner en riesgo los esfuerzos globales para controlar la transmisión de enfermedades como la malaria, la tuberculosis y el sida, que afectan mucho más a los países pobres.

Todo esto, agregó, erosiona igualmente la confianza puesta por la medicina en los antibióticos para proteger a las personas cuando están en una condición particularmente vulnerable, en especial cuando sus sistemas inmunológicos están debilitados.

Se debe prever que habrá más personas con infecciones que no podrán ser tratadas o que podrán ser tratadas pero en un tiempo mucho mayorEn esa categoría de pacientes se encuentran los enfermos de cáncer que reciben quimioterapia, los recién nacidos prematuros, los niños desnutridos y las personas que han sido sometidas a cirugía de distinta índole.

También están más desprotegidos por su propensión a contraer infecciones los enfermos de diabetes severa y quienes sufren deficiencia renal y reciben diálisis.

"Se debe prever que habrá más personas con infecciones que no podrán ser tratadas o que podrán ser tratadas pero en un tiempo mucho mayor", señaló el representante de la OMS.

Según el informe, se ha reportado desde distintos países que la hospitalización para ciertas infecciones ha pasado de dos a 16 días.

Si la infección deviene incurable también se pueden esperar "consecuencias crónicas", pronosticó Fukuda.

Puso nuevamente a la gonorrea como ejemplo y explicó que una gonorrea no curada puede provocar infertilidad o embarazo ectópico, mientras que el bebé de una mujer con esta enfermedad puede nacer ciego.

Pese a todo ello, la OMS asegura que ésta no es una problemática sin esperanza y que la tendencia puede frenarse a través de planes nacionales, de educar a la población sobre el uso apropiado de los antibióticos, de una mejor utilización de las vacunas e incluso con medidas tan elementales como el lavado frecuente de las manos para evitar contagios.