Alzhéimer
Una resonancia ayuda a ver los niveles de la proteína amiolide en el cebrebro. alzheimerinternacional.org

El ejercicio físico es una parte básica de un estilo saludable de vida. La actividad física es beneficiosa en el presente y se proyecta en el futuro. Por ejemplo, hacer ejercicio de forma regular puede frenar o ralentizar en la vejez el desarrollo de demencias como el alzhéimer.

Esta es una de las conclusiones de un estudio realizado por el Servicio de Neurología del Hospital 12 de Octubre de Madrid. La neuróloga Sara Moreno ha dado cuenta de ello en la reunión anual de la Academia Americana de Neurología celebrada recientemente en San Diego (EEUU). Allí explicó el "papel preventivo" que el ejercicio puede tener para frenar el alzhéimer o, por lo menos, "para retrasar su llegada".

Existen ensayos clínicos con ratones a los que se les ha practicado una biopsia de cerebro y se ha comprobado que el órgano de aquellos sometidos a actividad física ha sufrido una serie de cambios morfológicos positivos.

No estaba muy claro si la actividad física podía tener relación o no, y la tieneEsta investigación sobre el alzhéimer forma parte de un estudio observacional más amplio que comenzó en 1994/1995 denominado Enfermedades Neurológicas del Centro de España (Neurological Diseases in Central Spain, NEDICES) en el que se evaluó mediante un cuestionario de 500 items (salud, estilo de vida…) a más de 5.000 personas procedentes de tres áreas: el barrio de Lista de Madrid (zona urbana acomodada), la localidad madrileña de Getafe (zona trabajadora) y el pueblo de Arévalo (Ávila) (zona rural).

En la primera fase de este estudio global se escogió a todos aquellos sujetos que pudieran ser aptos, mientras que en la segunda fase ocho neurólogos evaluaron cuántos encuestados desarrollaron en un periodo de 3,2 años cualquiera de estas enfermedades neurológicas: ictus; accidente isquémico transitorio; párkinson; temblor esencial y alzhéimer.

Respecto al alzhéimer, se confirmaron parámetros ya conocidos: se relaciona con la edad (a mayor edad más probabilidad), con el sexo (más frecuente en mujeres que en hombres) o con el nivel educacional y cultural (a mayor estímulo cognitivo menor probabilidad). "Pero lo que no estaba muy claro era si la actividad física podía tener relación o no", explica la doctora Moreno, y ahora la conclusión ha sido positiva.

Temblores que no son párkinson

El estudio observacional NEDICES también ha servido como punto de partida para analizar el temblor esencial o temblor común, aquel que no tiene que ver con el párkinson, y que afecta, en especial, a las manos de personas en edad adulta, aunque es más habitual en mayores. Tiene una gran carga genética pero también influyen los factos ambientales.

La harmina en sangre es una sustancia tóxica del organismo cuyo origen no está definidoTras analizar a 130 personas con temblor y otros 138 sin temblor, se ha comprobado de forma preliminar, ya que estudio esta todavía en marcha, que aquellos que tienen mayores niveles de harmina en sangre (una sustancia tóxica en nuestro organismo cuyo origen no está definido) son lo que sufren estos temblores.

Pero lo que no se ha podido demostrar de momento es que los elevados niveles de harmina en sangre sean consecuencia de una alimentación concreta. La hipótesis todavía no concluyente manejada por la investigadora Sara Moreno es que la harmina existe en la parte muy quemada, ya negra, de los alimentos cocinados.

En este estudio del Hospital 12 de Octubre ha colaborado el equipo del doctor Elan Louis, neurólogo y profesor en la Universidad de Columbia, Nueva York, con el análisis de otro centenar de pacientes de Estados Unidos, un país que incluye la barbacoa en su alimentación habitual y por tanto con más probabilidad de tomar carne y pescado requemados. Los resultados preliminares coinciden con la parte española, pero todavía está en fase de elaboración.