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Annie Ernaux: "No inmortalizo nada con el móvil, conservarlo todo en la memoria es mi manera de disfrutar el mundo"

Annie Ernaux
Annie Ernaux
GTRES

Hablamos con la autora francesa sobre la película The Super 8 Years (se estrena a final de 2022), que ha creado junto a su hijo, así como de la intimidad (sobre) expuesta y el tormento de no escribir.

Si hay una autora experta en abrirse en canal, esa es sin duda Annie Ernaux. Su libro, El acontecimiento, fue plasmado en el cine de la mano de Audrey Diwa, que llevó a la gran pantalla el calvario personal que tuvo que atravesar en los años 60 para poder abortar en Francia, un tema que desafortunadamente hoy es de candente actualidad. 

Aunque mostrar al mundo los vídeos familiares caseros más mundanos pueda resultar a primera vista mucho menos intrusivo, lo cierto es que pocas cosas son tan íntimas como esas escapadas vacacionales en las que se impone cierta exigencia por disfrutar, no únicamente porque en vacaciones “tenemos” que pasárnoslo bien sea como sea, sino especialmente porque hay una cámara que está capturando ese momento. Al parecer, el ‘fake it till you make it’ (finge hasta que parezca cierto) no es cosa de Instagram, sino que siempre ha estado presente cuando hay una cámara de por medio…

Annie Ernaux: 'Les années Super-8'
Annie Ernaux
Cinemanía

El 'teatrillo' de las grabaciones caseras

Inmortalizar la felicidad, aunque sea performada, se convierte en una máxima que en la película está constantemente bañada de cierta tristeza. The Super 8 Years, que ha creado con su hijo David Ernaux-Briot, retrata su vida familiar entre 1972 y 1981 gracias a las grabaciones de su ex marido (el ya fallecido Philippe Ernaux), que son narradas ahora por la propia escritora, que habla de la época de su vida en la que comenzó a escribir y relata el doloroso distanciamiento con su esposo.

Las imágenes y las miradas ausentes sirven para anticipar un divorcio anunciado y para retratar la transformación de una mujer que vivió un auténtico tormento interior por no escribir. La escritora, de 81 años, ha presentado junto a su hijo la película documental en Atlàntida Mallorca Film Fest, donde nos cuenta cómo ha sido abrirle al mundo las puertas de su intimidad. “En realidad, para mí, eso que parece tan íntimo no lo es, porque en realidad está atravesado por todos los aspectos sociales y políticos del momento, por lo que no es solo personal. No resulta tan privado a causa de la distancia y del tiempo transcurrido, porque han pasado más de 30 años, por lo que las imágenes casi se convierten en un archivo por valor propio. Por eso permite esa lectura diferente, ese prisma que no es tan familiar”, explica.

Annie Ernaux durante unas vacaciones
Annie Ernaux durante unas vacaciones
Cortesía
No nos damos cuenta cuando tenemos 30 o 40 años de que en realidad somos muy jóvenes

Las imágenes van mostrando la evolución de una mujer que a los 20 años sintió el deseo de escribir. A los 22 escribió su primer libro, aunque nunca se publicó, y fue diez años después cuando volvió a escribir al tomar conciencia del abandono de una clase social y de cómo ella se había transformado. “Lo que más me sorprende al ver a esa mujer es mi juventud, porque creo que no nos damos cuenta cuando tenemos 30 o 40 años de que en realidad somos muy jóvenes. Pero sobre todo me llama la atención otra imagen que no está tan relacionada con la juventud, que es que soy una mujer que está de alguna manera ausente. Me doy cuenta al ver las imágenes de que estoy, pero no estoy, y después de la separación me convierto en una mujer muy diferente y en una madre muy distinta”, explica.

Annie Ernaux junto a su hijo en unas vacaciones filmadas con la Super 8 de su ex marido.
Annie Ernaux junto a su hijo en unas vacaciones filmadas con la Super 8 de su ex marido.
Cortesía

La madurez aplaca la rabia

Asegura que para explicar lo que sentía al no hacer uso de la escritura requeriría no solo mucha reflexión, sino muchas palabras. Sin embargo, intenta expresarlo con brevedad. “La escritura en esa época era para mí una necesidad, una necesidad que me ha acompañado siempre desde entonces. En esa época estaba escribiendo mis primeros libros, y yo sabía que estaba en el nacimiento de mi vida como escritora. No tenía ni idea de lo que iba a escribir. De hecho, cada libro era una sorpresa para mí… Pero la escritura siempre ha sido parte de mí, aunque ahora lo gestiono de forma diferente, sobre todo porque ya no tengo tanto tiempo por delante”, asegura. Su forma de escribir ha cambiado radicalmente hasta tal punto que en cierto modo, al leer su primera obra, Los armarios vacíos, tiene la sensación de que se trata del libro de otra escritora, pues ya no tiene esa rabia y esa violencia con la que contaba entonces.

“Un libro no cambia la vida como creemos que la cambia”, dice en la película… ¿Cómo se transformó la suya? “Cuando publicas un libro tienes la sensación de que van a cambiar muchas cosas, pero en realidad no es así. En mi caso, mi primera publicación resultó una bomba para la familia, pero a nivel personal, en realidad no me cambió tanto. Escribir es algo que requiere tiempo, y yo no tenía mucho tiempo en esa época”, sentencia.

La obsesión por grabarlo todo con el móvil nos pone en una posición metafísica, porque aceleramos un movimiento hacia el olvido

La autora escribió la voz en off de la película partiendo de las imágenes, por lo que el proceso de escritura fue completamente diferente al que está acostumbrada. 

Al observar el empeño de su ex marido tenía por inmortalizar su día a día familiar, algo que en realidad era habitual en la época, en la que quienes tenían una Súper 8 querían capturar cada instante, le preguntamos lo que piensa de la relación que en la actualidad tenemos con las filmaciones, pues parece que si no grabamos o capturamos un momento, este no ha sido vivido… Incluso ni siquiera ha existido. “Hoy tenemos la sensación de que hay que captarlo todo, y es ese exceso lo que lo mata. En realidad, miramos poco las imágenes que grabamos, por lo que son rápidamente olvidadas. La obsesión por grabarlo todo con el móvil nos pone en una posición metafísica, porque aceleramos un movimiento hacia el olvido. Del mismo modo, antes ver una película era algo más ceremonioso, pero ahora es un terreno más individualista y personal que está relacionado con compartir el presente, no con grabar el tiempo. Yo no inmortalizo nada con el móvil. Conservarlo todo en la memoria es mi manera de disfrutar el mundo, de disfrutar del presente sin intentar captarlo”. 

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