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Sonia Fornieles  Directora de mujer.es

'No pain, no gain'?

Two young and attractive 1980's styled fitness models against a blue paper background (taken with a ringflash)Click for Similar Pictures from my Retro Lightbox
¿Quedamos para hacer deporte?
Jason Verschoor

El ombligo metido hacia adentro, los hombros lejos de las orejas, los glúteos activados, las escápulas separadas, que entre la barbilla y el pecho quepa el puño… y ahora respira: inhala, exhala. He vuelto a pilates. Para controlar la ansiedad dicen. Es una broma.

Antes hacía deporte de impacto, entiéndase de impacto como aquel que requiere para hacerlo que los dos pies estén en el aire a la vez en algún momento. Jugaba al pádel, corría (a veces), hasta tuve un entrenador personal (hola Álvaro, estoy bien). También hacía boxeo y tenis. Y antes de todo eso jugaba al rugby, incluso he mantenido un par de partidos al año hasta hace poco. Ahora no puedo hacer nada de aquello, digamos que por algo así como por prescripción médica.

Aquí se viene a sufrir

Yo era una firme defensora del lema ‘no pain, no gain’, que viene a decir que si no escuece no cura (gracias mamá por este y otros sabios aprendizajes). Estaba convencida de que para quemar calorías, para soltar lastre mental, para hacer deporte de verdad, como Dios manda, había que acabar derrengada, sudada, exhausta… pero no.

En mi caso esta máxima es fruto de leer y escribir sobre el tema, de entrevistar a entrenadores y entrenadoras a lo largo de mi carrera que más o menos venían a decir eso: “Se empiezan a quemar calorías a partir de 20 minutos de ejercicio”, “el ejercicio aeróbico quema calorías, el anaeróbico tonifica”… Y esto, que entiendo que es ‘ciencia’, debe ser algo inmutable ¿no? Pues también he leído y escuchado justo lo contrario, así que me hice mi propia composición y llegué a la ‘madura’ idea de que sin ‘dolor’ no hay resultado.

¿Un partidito?
¿Un partidito?
iStockphoto

Y de pronto... la realidad

Tuvo que llegar una operación de cervicales para que hiciera deporte ‘en suave’, para que caminara, para que hiciese pilates (‘eso no es deporte decía yo’). Y aunque me desestresa mucho menos, me siento bastante mejor. Echo de menos coger la pala (a veces me quito el gusanillo, confieso), pero con pilates hago abdominales, fortalezco las piernas, tengo agujetas cuando vuelvo después de algún parón y estoy absolutamente convencida de que solo intentar hacer a la vez todo lo que dice la monitora, por lo menos, por lo menos equivale al calentamiento de la clase de ‘spinning’. Por eso a mí no me desestresan estas clases, hay que pensar en muchas cosas a la vez.

Intentar hacer a la vez todo lo que dice la monitora de pilates, por lo menos, por lo menos equivale al calentamiento de la clase de ‘spinning’.

Este deporte ‘lento’ me sirve de evasión, si pienso en esto no pienso en lo otro. Pilates me sirve para estirar la espalda, para tomar conciencia de mi mala postura y sobre todo para que me de el aire mientras voy y vengo. Me vale.

Caminar me sirve para movilizar el cuerpo y sobre todo para hablar con Piedi, con Ana, con mi tía María José. Me vale.

Así que ahora soy una señora que hace pilates y camina, que igual mola menos que ser una señora que boxea o que juega al rugby, pero vivo mucho más tranquila sin pensar en el sufrimiento que me espera cuando llegue el partido, la carrera o el entrenamiento.

Que sí, que luego te sientes mejor y todo eso, que no hay nada como la sensación de terminar una buena sesión de fitness con su buena sudada, pero que lo hagan las demás, que a empatía a mí no me gana nadie y viviré la sensación como propia.

En la grada lo doy todo, eso sí. Vosotras seguid así que yo estaré animando.

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