Según Bank of America

El viento sopla a favor de los metales: en 2021 se apreciarán a golpe de estímulo

El viento sopla a favor de los metales: en 2021 se apreciarán a golpe de estímulo
El viento sopla a favor de los metales: en 2021 se apreciarán a golpe de estímulo
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El viento sopla a favor de los metales: en 2021 se apreciarán a golpe de estímulo

El viento sopla a favor de los metales industriales en 2021 en el que se espera que las grandes economías, con China a la cabeza, eleven la demanda en plena recuperación de la crisis generada por la pandemia de coronavirus. Los estímulos fiscales y monetarios que aún están pendientes de ejecutarse o por venir -como el nuevo paquete que la Administración Biden tiene previsto aprobar en EEUU-, y con los que gobiernos y bancos centrales tratan de evitar un escenario de deflación, apoyarán este año los precios del cobre y el mineral de hierro -en este caso sobre todo en el primer semestre-.  

Sin embargo, este escenario que plantea Bank of America (BofA) no está exento de riesgos, entre los que destacan que la eficacia en el proceso de vacunación, que se finalmente produzcan retrasos en la apertura de las economías y que la política monetaria se torne más restrictiva. El banco estadounidense prevé para el cobre un precio medio de 9.500 dólares por tonelada, lo que implica que el metal todavía tendría un recorrido al alza del 15% desde el nivel al que se movió el año pasado. 

La entidad prevé un déficit de este material en los próximos meses, con unos inventarios insuficientes para responder al aumento esperado de la demanda. El cobre es, por detrás de la plata, uno de los mejores conductores de electricidad. Esa alta conductividad, su ductilidad y maleabilidad lo han convertido en el material más empleado para fabricar cables eléctricos y componentes electrónicos y está presenta además en  automóviles, trenes, aviones o barcos. 

"El suministro de cobre se ha enfrentado a inmensos vientos en contra en los últimos ejercicios, con niveles de producción entre 2017 y 2020 prácticamente sin cambios. Las dificultades han ido a más por la Covid-19, lo que ha significado que el suministro desde Chile y Perú siga contrayéndose en relación a hace un año", apuntan en la firma con se de en Charlotte (Carolina del Norte, EEUU). Así y pese a que esperan un aumento de la producción en las minas y en el suministro de chatarra este año, éste será insuficiente para evitar un mercado del cobre deficitario. 

La dinámica ha sido similar en el caso del mineral de hierro, donde los envíos han seguido decepcionando, especialmente desde Brasil. Mientras, el mercado del aluminio puede equilibrarse este año, lo que debería apoyar los precios. Para el primero de los dos, desde BofA prevén un precio medio en el entorno de los 135 dólares por tonelada, un 35% por encima del nivel al que el metal se ha movido en el último año. Eso sí, la debilidad de la demanda prevista ya en el segundo semestre se llevará por delante el camino andado a lo largo del primero, en el que ésta será más fuerte.

El año pasado los bloqueos con los que se trató de hacer frente a las distintas olas del virus colocaron el epicentro de la recesión en los servicios, incluyendo a las aerolíneas y la hostelería. Mientras, la mayoría de las industrias que afectan directamente a la demanda de productos básicos extraídos fueron capeando el temporal, sobre todo a medida que los bancos centrales reforzaban su política monetaria expansiva y que los gobiernos de todo el mundo iban aprobando las rondas de estímulo fiscal. 

Teniendo en cuenta todo lo anterior y las perspectivas macroeconómicas más favorables para este ejercicio, los cálculos de BofA son alcistas este año para la mayoría de los productos básicos extraídos. Además, consideran que la lucha contra el cambio climático también debería ayudar, ya que la descarbonización afecta de manera positiva a los metales. "La eliminación de los combustibles fósiles de la economía y el mantenimiento de un estilo de vida moderno sólo funciona si otros materiales ayudan a mantener las luces encendidas", sostienen en su informe.

China tiene la clave de la demanda de cobre

En lo que respecta a la demanda, y en el caso de China -que consume alrededor de la mitad del cobre que se demanda a nivel mundial- incluso si hubiera signos de desaceleración, todos los sectores que importan para la demanda de cobre están expandiéndose. Los expertos de la entidad sitúan el incremento de las compras de cobre por parte de la segunda economía mundial en el 5,6% este año, frente al 3% del pasado ejercicio. También prevén que el país asiático refuerce su demanda de aluminio. 

Más allá de 2021, los expertos reconocen cierta preocupación a largo plazo en lo que respecta a la demanda de minerales industriales por la demografía y el cambio de modelo económico -la producción industrial representa prácticamente la mitad de su PIB-. Sin embargo en el documento, los analistas de BofA inciden en que la demanda de "productos básicos extraídos se mantendrá" a medida que sectores como el del automóvil y las infraestructuras deben seguir expandiéndose. "De hecho, el único segmento que nos preocupa es la vivienda, donde vemos margen para continuas disminuciones en los inicios y las ventas", añaden. 

El plan de reconstrucción europeo y la llegada de Biden a EEUU

Otros dos factores claves a nivel internacional pueden suponer un espaldarazo para los metales de cara al año que acaba de arrancar. De un lado, la puesta en marcha del fondo de recuperación europeo, puesto que la Comisión ha instado a los países que se beneficien de ellos a acelerar el desarrollo y uso de energías renovables, a mejorar la eficiencia energética de los edificios públicos y privados y a impulsar además las tecnologías limpias en el transporte.

Por otro lado, la llegada de la Administración Biden también traerá un impulso para estas materias primas. El presidente electo de EEUU se ha comprometido a poner en marcha un 'giro verde' de la primera economía del mundo, así como un estímulo más contundente. Desde BofA creen que sólo el hecho de que EEUU tomase las riendas de la lucha contra el cambio climático aumentaría la probabilidad de que se gaste más en energías renovables en otros países, con el cobre, el níquel, la plata, el litio y el cobalto entre los productos básicos que más se beneficiarían.

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