El primate violento

E l ser humano es violento, y esto sucede en todas las sociedades y culturas del mundo. En la actualidad existe una idea muy en boga que pretende explicar la violencia que sufrimos en función del tipo de sociedad competitiva en la que vivimos, familias desestructuradas, consumo de drogas, pobreza, racismo. Estas ideas proporcionan una pista de qué es lo que puede inducir a un comportamiento, ¿pero es esta la razón última por la que matamos? Para quienes achacan la violencia a la sociedad, así es.

Sin embargo, esta postura es incapaz de explicar por qué culturas primitivas como las de Nueva Guinea poseen los índices de asesinato más altos del mundo. Allí, los gebusi parecen cumplir a la perfección el mito del buen salvaje no contaminado por la deshumanizada civilización: tienen un gran sentido del humor y son extremadamente generosos a la hora de compartir alimentos, pero matan a un ritmo 100 veces superior al de los norteamericanos.

La tasa anual de homicidios entre los bosquimanos kung del Kalahari, a la sombra del Kilimanjaro, es superior a la de Los Ángeles o Nueva York. Según el antropólogo Melvin Konner, el asesinato por venganza de los kung es uno de los pilares del control social. A pesar de las diferencias culturales, existen unas pocas constantes que se repiten en todas: la inmensa mayoría de los crímenes son cometidos por hombres y los  motivos principales son las mujeres y lo que al antropólogo Michael P. Ghiglieri llama el fenómeno de salvar la cara: «¿Honor, venganza? Los hombres de todo el mundo», añade, «matan a otros hombres con la finalidad de forjarse una reputación, construir imperios personales y aumentar su capacidad de acceso a las mujeres». ¿La violencia es genética, como afirma el escritor de anticipación científica Arthur C. Clarke?

sabadell@100cia.com