[Americana Film Fest 2022] ‘Zola’: el hilo de Twitter que se hizo película

Janicza Bravo no teme ensuciarse en su desprejuiciada adaptación de un célebre hilo de tweets de 2015 que narraba una perturbadora historia de tráfico sexual.
Imagen de 'Zola'
Imagen de 'Zola'
Cinemanía

Hacia el final del segundo largometraje de la norteamericana Janicza Bravo, un personaje está a punto de cometer una acción desesperada. Justo entonces, Zola, la protagonista del filme, aparece en pantalla y nos jura por la Biblia que eso ocurrió realmente. 

Si nos tomamos unos minutos para leer el sucinto artículo de Rolling Stone que detalla los acontecimientos de ese extraño fin de semana en Tampa, Florida, veremos que, al parecer, no fue exactamente así. Al menos la acción desesperada referida al principio. Zola es una película sobre la cualidad mutante e inaprensible de todo relato.

Pero empecemos por el principio: en 2015, una joven afroamericana de nombre A’Ziah “Zola” Wells se hizo viral en redes con un hilo de 148 tweets que narraba un accidentado viaje a Florida, en el que una amiga a la que acababa de conocer (interpretada en la película por Riley Keough) la incitó a prostituirse. Ambas bailaban en clubes, pero sus límites, digamos, eran distintos. 

A priori, no parece algo que pueda tomarse a la ligera, y ahí radica parte del interés de una propuesta que aborda una situación particularmente cruda, extraída de la cruda realidad, como si fuera una especie de pulp a medio camino entre Sean Baker y el Harmony Korine más desenvuelto.

La apuesta de Bravo es, cuanto menos, intrigante. Los primeros minutos del filme, apegados a los teléfonos móviles y a la ebriedad que acompaña el inicio de una aventura, transcurren distendidos. Pero pronto veremos cómo la cineasta empieza a detenerse en el rostro cada vez más confundido de Zola (Taylour Paige); el momento en el que el grupo llega a un motel de mala muerte y empieza a descargar las maletas bajo el sol de media tarde, mientras unos niños juegan en la plataforma superior del establecimiento, marca un cambio de tono, apoyado en la insinuante partitura de Mica Levi.

Imagen de 'Zola'
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Cinemanía

Rehuyendo todo asomo de pudor expositivo, la cineasta amaga con dejar fuera de campo uno de los pasajes más difíciles de representar de la película, para a continuación ofrecernos un encadenado de rostros y arrugados genitales masculinos. Una elipsis posterior le permite a Bravo dejarnos caer que la amiga de Zola tiene una versión bien distinta de la historia. 

Diríase que, emulando el ya de por sí serpenteante hilo de tweets original, la película mimetiza su tono delirante. Algo así como sentarse a una mesa con amigas, llevarse una mano a la frente y empezar: “Y'all wanna hear a story about why me & this bitch here fell out???????? It's kind of long but full of suspense”. Aquí puedes leer el resto del hilo original.

Aunque se le pueda reprochar un cierto desequilibrio tonal, e incluso si uno termina con la sensación de haber asistido a una especie de chiste de mal rollo, es evidente que el propósito tanto de A'Ziah “Zola” Wells como de la cineasta es el de desarticular la victimización de la mujer que suelen conllevar estos relatos y adueñarse de los mismos

Eso es Zola: una película quizá no tan interesante por sus imágenes, deudoras además de ciertas tendencias del indie norteamericano, como por inducirnos a pensar en la falibilidad de las mismas para representar, si es que eso es posible, lo real.

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