‘Cerdita’: la brutalidad del bullying en la adolescencia estalla en la única película española de Sundance 2022


Carlota Pereda amplía y clava lo ya planteado en su cortometraje con Goya de mismo título.
Laura Galán es Cerdita.
Laura Galán es Cerdita.
Jorge Fuembuena

Cerdita ha sido la única película española en la selección de este año en Sundance. Y una entrada muy celebrada. El terror costumbrista, situado en un pueblo extremeño, se entiende por todo el mundo. Da igual si el “chacha” no se traduce, el miedo de Sara (una valiente Laura Galán) se entiende en cualquier idioma.

Tras el éxito del cortometraje Cerdita (ganador del premio Goya), la directora Carlota Pereda (guionista de gran experiencia en televisión) decidió dar el paso al largo con esa historia, sobre todo, con esa atmósfera de violencia y bullying que nos invade. La escena de la piscina del corto, esa incómoda secuencia de insultos, vejaciones hacia Sara por su cuerpo, es también casi el arranque del largo. 

Antes de llegar a la piscina, vemos a Sara en la carnicería de pueblo de sus padres (Carmen Machi como una genial madre terrible). Escondida tras el mostrador de las risas de sus compañeras de instituto y los cuchicheos del pueblo. Incomprendida también por sus padres que son incapaces de ver su sufrimiento.

En las horas más calientes del día, cuando el pueblo queda desierto, se esconde en el interior de sus casas, Sara se escapa a la piscina, para refrescarse en soledad, sin las miradas inquisitivas e insultantes. Cuando llega no hay nadie, ni el socorrista, ni la camarera del chiringuito, aunque justo cuando se va a sumergir con su pequeño bikini, emerge un extraño hombre del agua y sus enemigas están en el puente, insultándola. 

La dejan sin ropa, sin toalla, sin nada. Medio desnuda, anda por la carretera achicharrada y se encuentra con el coche viejo de ese hombre misterioso, detrás, la mano y cara ensangrentada de las tres chicas. Sara, muerta de miedo, no dice nada y le deja ir.

Carlota Pereda
Carlota Pereda
Cinemania

En ese momento que nos dejaba llenos de preguntas en el corto, si había algo de fantasía de venganza en los actos de Sara o solo puro miedo, se extiende la película. El pánico ya habitual de la adolescente que la paraliza, se multiplica, los ojos y comentarios de los vecinos contra ella se disparan. Era una víctima y ahora la convierten en culpable. 

Pereda reflexiona sobre toda esa cultura del terror silenciosa e indiferente que se cuela en la sociedad y deja tan marcado a una adolescente. Y lo hace atendiendo a ese plano detalle, al sonido asfixiante de un pueblo que calla o habla demasiado.

Carlota Pereda encuentra el humor negro en momentos de esta cruel historia por su realismo, por su facilidad para reconocer a esos personajes a un lado y al otro del acoso. Ese tono de divertimento del género se complica al encontrar también una forma más abierta de mandar un mensaje increíblemente necesario hoy, y hacerlo con el riesgo de conducir a la protagonista hacia los brazos de este asesino. 

Con cierto deseo, con cierta paz. Por fin alguien está interesada en ella. Esa atracción del hombre peligroso es interesante y un giro para el clásico coming-of-age. Y también ese giro final (genial) de empoderamiento de Sara, de despojarse del peso de víctima.

Pereda entra en este selecto (pero cada vez más amplio) club de directoras con voz propia y mucho que contar.

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