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‘Quién lo impide’, retrato de la generación que fue joven en la pandemia

La nueva película de Jonás Trueba compite por el Goya a mejor documental. Hablamos con sus protagonistas sobre redes sociales, adolescencias y cómo hacer una película indie cuando tienes 15 años
Los jóvenes de 'Quién lo impide', de Jonás Trueba
Los jóvenes de 'Quién lo impide', de Jonás Trueba
Cinemanía

Estamos sentados en corro. Todavía es agosto pero en el parque de Las Vistillas no hace calor a la sombra. Alguien comenta que este reportaje sobre Quién lo impide cierra un ciclo que sus protagonistas, sentados a mi alrededor, iniciaron hace cinco años bajo estos mismos árboles. Fue en 2016 cuando Jonás Trueba y los jóvenes actores Candela Recio y Pablo Hoyos decidieron que su trabajo juntos en La reconquista les había sabido a poco. 

En este parque de los años 30 llamado así por sus vistas, se reunieron los tres junto a otros compañeros del reparto. A estos, se sumaron otros amigos y conocidos y el círculo se fue expandiendo tanto que ha llegado hasta el Festival de San Sebastián convertido en un retrato diáfano y caleidoscópico de la juventud española.

Comencemos con las presentaciones. A mi derecha están Candela Recio, Claudia Navarro, Rony Michelle Pinzaru y Pablo Hoyos. A mi izquierda, Silvio Aguilar, Pablo Gavira, Sancho Javiérez y Marta Casado. Empezaron a rodar Quién lo impide con 15 años, así que ahora todos rondan los 20. Están estudiando y en sus elecciones se intuye cómo conocer a Jonás Trueba ha cambiado sus vidas. Marta y Candela estudian interpretación, Silvio y Pablo Gavira han hecho sonido y Pablo Hoyos y Sancho están matriculados en realización; además, se juntan siempre que pueden para hacer proyectos juntos.

Los chicos y chicas de 'Quién lo impide'
Los chicos y chicas de 'Quién lo impide'
Jacobo Medrano

Quién lo impide no solo cambió sus vidas. También cambió su percepción del cine. “Yo pensaba que era un mundo inalcanzable”, recuerda Silvio sobre las grandes superproducciones que veía antes de entrar en el círculo del director de Los ilusos. “Pero trabajar con Jonás es trabajar en familia, lo convierte en algo cercano”. 

Sancho también llegó a Quién lo impide con la mentalidad de que un rodaje es un buen lío. “De que hay muchos focos, mucho pifostio y mucha gente que huele mal –se ríe al recordarlo–. Pero lo que me gustó de este proyecto es que la decisión técnica era que hubiese el menor número de equipo posible para que todo saliese más natural. Me hizo entender lo democratizada que estaba la técnica y eso me animó a grabar cosas yo también”. “Yo creo que estoy estudiando cine por Quién lo impide. A mí me gustaba mucho el cine y acabé en La reconquista porque quería ver cómo era un rodaje pero nunca hubiese estudiado cine sin haber pasado por esta película”, cuenta Pablo Hoyos.

Su involucración en Quién lo impide también los ha transformado como espectadores. “Yo ahora siempre pienso qué me quiere decir el director”, reflexiona Marta. “Y humanizas más a los actores –añade Sancho–. Mismamente, porque has estado delante de un cámara. Te das cuenta de los tejidos de las producciones y de cuánto cuesta simplemente pensar una película”. Todos se declaran cinéfilos, cuentan que sus padres les han inculcado el amor por el cine y que sus salas de cabecera son los Golem y los Renoir

´Fotograma de 'Quién lo impide'
´Fotograma de 'Quién lo impide'
Cinemanía

Cuando les pregunto qué es lo último que han visto en pantalla grande, Silvio contesta que el ciclo de Wong Kar-wai programado por Avalon. Con los datos en la mano, insisto y les digo que son una excepción entre una juventud que apenas acude a las salas. Candela contesta: “Yo voy al cine y aún con la pandemia veo a público joven”. Aunque luego añade, algo decepcionada, que entre sus compañeros de interpretación casi ninguno acude a las salas. “Yo creo que tenemos que tener en cuenta que ahora el cine compite con muchísimos medios. Ya no es solo tele y cine, sino videojuegos, redes sociales, etc. El cine ahora ocupa una parcela, que sobre todo con el COVID, está perdiendo público, pero nada le va a quitar ese romanticismo que tiene la pantalla, ni las plataformas ni nada”, explica Pablo Gavira. “Nada te va a quitar lo que te hace sentir la experiencia de ver una película en una pantalla de cine con la gente que respira contigo”, remata Candela.   

Un evento revolucionario

A todos les “flipa” que una película que han protagonizado sin pensar que estaban rodando una película pueda haberse colado en la sección oficial de un festival de clase A. “No sé qué presupuesto tendrán otras películas que van a San Sebastián pero que nosotros compitamos por la Concha de Oro con un proyecto que no está focalizado en el consumo me parece increíble. Es un evento revolucionario”, explica Gavira. Sobre todo, por lo natural e improvisado que ha sido todo el proceso. “Era todo muy real. Éramos nosotros mismos. No estábamos pensando en lo que saldría de ahí. Solo pensábamos en el presente”, recuerda Rony. Y Silvio añade lo cómodos que se sintieron en todo momento: “Cuando entré en el proyecto no conocía a nadie pero me fui haciendo colega de todos. Yo tenía mucha vergüenza de la cámara pero con la confianza de estar entre amigos se me fue quitando”.

Tras un pequeño prólogo en videollamada, a juego con los tiempos que corren, Quién lo impide comienza en Las Vistillas con ejercicios de improvisación. Por parejas, los actores interpretan una versión de sí mismos acudiendo a mediación, un programa que se hacía en el instituto de Candela, el IES San Isidro, para resolver los conflictos de los estudiantes. “La verdad es que es una cosa muy utópica, que no haga falta poner castigos y que los chavales puedan resolver los conflictos entre sí. A Jonás le hizo gracia y quiso grabarlo”, recuerda ella. 

Las famosas videollamadas, en 'Quién lo impide'
Las famosas videollamadas, en 'Quién lo impide'
Cinemanía

A su lado, Claudia reflexiona sobre lo experimental que era todo en aquellos primeros días de rodaje. “No sabíamos ni hacia dónde iba a ir ni qué iba a pasar. Consistía en dejarse fluir. Recuerdo que teníamos muchas ganas”. “Yo me acuerdo del primer día, corriendo con Candela por el pasillo para quitarme los nervios de tener una cámara pegada a mí”, añade Marta.

Rony recuerda que los rodajes eran muy esporádicos: “Jonás nos llamaba y nos decía: ‘¿Podéis venir a este sitio e improvisamos algo?”. Pablo Gavira menciona esas llamadas de Jonás Trueba que, según él, le alegraban el mes. “Veías a los chavales, te ponías delante de la cámara y te sentías muy bien por formar parte de algo”, explica sobre este proyecto en el que apenas había guion. 

Candela se acuerda perfectamente de cómo eran las primeras reuniones con Jonás en las que quedaban y pensaban qué querían contar sobre la adolescencia: una quedada con mis amigos, una conversación, un amor, un viaje de fin de curso… “Eran cuestiones que en ese momento nos parecían importantes. Desde ahí nos preguntábamos cómo podíamos contar esas cuestiones, cuándo y cómo”.

Jonás Trueba, en el rodaje de 'Quién lo impide'
Jonás Trueba, en el rodaje de 'Quién lo impide'
Cinemanía

A aquellos primeros encuentros les siguen otras escenas más cotidianas, desde la manifestación del 26 de octubre de 2016 contra las reválidas a una fiesta en casa de Pablo Gavira en la que se juega al “Yo nunca”. También, debates o entrevistas a cámara de estudiantes de instituto en las que se tocan temas tan dispares como el amor, la política, España, la homosexualidad o la necesidad de sentirse integrado. Mención especial requieren las reflexiones sobre la propia adolescencia, algunas brillantes. 

Como la de esa chica que se queja de lo mal que se ha representado a los adolescentes en el cine, casi siempre como sujetos dramáticos y superficiales. “Creo que se nos debería reflejar con voz en off. Yo siempre estoy pensando cosas en mi cabeza”, argumenta. Quién lo impide le toma la palabra. Hay algunas secuencias en las que entra más claramente la ficción que fueron narradas con las voces en off de sus protagonistas. Por ejemplo, “Si vamos 28, volvemos 28”. De hecho, estas pieza, “Principiantes”, “Solo somos” y “Tú también lo has vivido” fueron proyectadas en 2018 dentro de una programación de cine inmersivo que se pudo ver, entre otros centros, en Cineteca o Tabakalera.

Cuando nos encontramos, los protagonistas de Quién lo impide aún no han visto la película terminada. La verán en el Festival de San Sebastián para el que, por cierto, andan ya preparando vestuario que lucir en el photocall. Les pregunto entonces cómo imaginan el montaje final y su respuesta es unánime. “¡Larga!”, contestan al unísono a propósito de sus tres horas y media de duración, divididas por dos intermedios. “Va a ser extraño porque ya no somos los mismos que cuando la hicimos”, explica Claudia. Y Candela añade: “Es muy raro porque en la película hay mucho de quienes éramos entonces. Es muy fuerte ver eso. No todo el mundo tiene un documento así”. 

´Fotograma de 'Quién lo impide'
´Fotograma de 'Quién lo impide'
Cinemanía

Impedimentos de una pandemia

estilo indio más tiempo del recomendable e intuyo que a ellos no, los jóvenes que me rodean no me resultan ajenos. Sus reflexiones hoy y el retrato que han dejado impreso en Quién lo impide más que alejarlos los acerca, los hace más nítidos, me recuerda a mi propia adolescencia y juventud. Cuando les pregunto al respecto, Candela se anima rápido: “Yo no creo que los adolescentes cambien según el momento. Creo que la adolescencia de mis padres fue igual que la mía en cuanto a las cosas importantes. Que ellos estuviesen a punto de entrar en la Movida Madrileña y yo en una pandemia mundial, es otra cosa, pero amaban igual, se peleaban igual, lloraban por las mismas gilipolleces que nosotros y también por las mismas cosas importantes”. 

Gavira, sin embargo, apostilla que como generación han tenido la suerte de haber nacido en un tiempo y en un entorno en el que se han normalizado ciertas cosas. “Yo a mi madre no he tenido que decirle que era bisexual al verme llegar con un novio. Ella lo ha aceptado porque sí. Como generación eso ha sido un puntazo”.

Luego, claro, está el tema de las redes sociales que, como primera generación nativo digital, conocen bastante bien. Usuarios de Instagram, Whatsapp y TikTok, son súper conscientes de lo dañinas que son y de que representan una nueva dimensión de la vida social. “A mí en las redes me gusta ser un personaje. Me gusta exagerar cosas de mí mismo para hacer gracia. Es una plataforma genial para decir tonterías. Pero lo gracioso es que hay gente que se lo toma muy en serio”, explica Sancho que, por otro lado, ha conseguido algunos trabajos por sus posts en redes sociales. Pablo Gavira no tiene dudas: “Porque no solo son una nueva parcela de nuestra vida social sino también del mundo cultural y comercial. Y nosotros hemos tenido la suerte y la desgracia de ser los primeros nativos digitales”.

´Fotograma de 'Quién lo impide'
´Fotograma de 'Quién lo impide'
Cinemanía

Quién lo impide incluye en su metraje los conciertos en Cineteca que acompañaron a las proyecciones inmersivas de 2018. En uno de ellos, Candela exclama sobre el escenario el título de la película, un lema en sí mismo que encapsula a la perfección la juventud de sus protagonistas. 

Lo que nadie podía imaginar es que una pandemia global impediría tantas cosas, no solo a jóvenes sino también a adultos, pero marcando especialmente a esa generación que estaba empezando la universidad, haciendo nuevos amigos, empezando tantas cosas nuevas. Lo explica muy bien Claudia: “Creo que es algo que nos va a marcar y que nos ha marcado ya. Nos ha pillado en una época en la que vives muchas cosas nuevas, de muchos cambios, de querer vivir muchas cosas. Y la pandemia ha frenado este proceso. No podemos hacer todas las cosas que nuestros padres hicieron cuando eran jóvenes”. 

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