Entrevista

Todos los miedos de Ari Aster pasan por Joaquin Phoenix en 'Beau tiene miedo'

Tras el éxito de ‘Hereditary’ y ‘Midsommar’, el director neoyorquino estrena su película más personal.
Joaquin Phoenix en 'Beau tiene miedo'
Joaquin Phoenix en 'Beau tiene miedo'
Cinemanía
Joaquin Phoenix en 'Beau tiene miedo'

En el verano de 2018 estrenó Hereditary, su primera película; y mientras la promocionaba, Ari Aster estaba terminando la preproducción de la segunda, Midsommar, que rodó un mes después y estrenó en el verano de 2019. Después, por suerte para él, tuvo una pandemia para detener un poco el ritmo, sacar todos los guiones que tenía escritos desde hacía años y decidir por cuál seguía. 

El escogido fue Beau tiene miedo, el filme que ahora estrena, aunque lo había escrito una década atrás mientras estudiaba en el American Film Institute Conservatory. Un día antes de que se le acabara el contrato de alquiler imaginó a un hombre que vivía en un apartamento parecido al suyo. Era un hombre con problemas de ansiedad, ataques de pánico, que estaba a punto de visitar a su madre, pero era incapaz de salir de su casa. 

Salvo por lo de la madre, ese hombre al que llamó Beau se parecía mucho a Ari Aster. “Soy neurótico, hipocondriaco. Soy alguien que vive todo como una crisis hasta que la soluciona reemplazándola con otra nueva”, se define a sí mismo. 

Lo bueno es que suele escribir durante esas crisis y de ahí el resultado de sus extraños argumentos y enfermos personajes como una autoterapia curativa. “Escribiendo estos filmes, de repente, mis ansiedades desaparecen, mi tendencia a pensar en lo peor la vuelco en los personajes y les veo a ellos navegando esas situaciones en vez de hacerlo yo mismo”, dice.

Qué demonios cuenta 'Beau tiene miedo'

Beau tiene miedo son tres horas de huida hacia adelante de un hombre terriblemente miedoso, con una madre hipercontroladora (Patti Lupone) y una enfermedad genética que acaba siendo un chiste recurrente. Según el propio Aster, su tercer filme “es un El señor de los anillos judío”. 

Es, sin duda, la más extraña de las tres. Y los fans del terror que vayan buscando en el director neoyorquino otra película del género se sorprenderán. Para Aster es una comedia, oscura, sí, muy oscura, vale, pero comedia.

Gracias a que sus dos primeras películas le convirtieron en un autor de la noche a la mañana, en su tercera la productora A24 le dio libertad total a pesar de la complejidad y extrañeza del filme. “Creo que en algún momento dado se la vendí diciéndoles que la película era como un videojuego en el que tu personaje no puede hacer nada y ninguno de los botones del mando funcionan”, dice. 

Y a pesar de lo surrealista que pueda parecer, Aster lo tiene claro: “Esta película es más ‘yo’ que cualquier otra que haya hecho antes. Mi personalidad y mi humor están incrustados en ella”.

Quién demonios es Ari Aster

¿Y quién demonios es Ari Aster? ¿Cómo es Ari Aster? ¿De dónde demonios ha salido? Es hijo de un músico y una poeta y artista visual. Nació en Nueva York, vivió unos años en Londres antes de que se asentaran en Nuevo México, donde pasó una juventud solitaria que le condujo a encontrar en el cine a su mejor amigo. 

Su primera experiencia cinematográfica fue viendo Dick Tracy. En la escena de las metralletas pegó un brinco de su butaca y salió corriendo calle abajo con su madre detrás. A los 11 años ya era un fan compulsivo del cine de terror. Y de casi cualquier cine. Admiraba a Tim Burton.

Odió Terciopelo azul y La naranja mecánica. Y, sin embargo, las vio una y otra vez porque no conseguía quitarse “su crueldad de la cabeza”. El cine profundamente incómodo le marcó, es lo que siempre quiso hacer y ha acabado haciendo. En su primer cortometraje académico, The Strange Thing About the Johnsons, lo dejó claro: “¿Qué es lo peor que puedo hacer?’, me pregunté. ‘¿Por qué no un hijo abusando sexualmente de su padre? ¿Cómo conseguir que sea interesante?”.

A diferencia de otros directores de cine, él no tiene ni un corto amateur de juventud. No tenía amigos con quien hacerlos ni tenía buen equipo. “Quizá era ya una señal de cierta arrogancia”, dice irónico sobre él mismo. De hecho, empezó estudiando guion hasta que se dio cuenta de que no soportaría perder el control de sus historias. 

Quién demonios es Beau

Otro dato importante para conocer y entender a Ari Aster y, sobre todo, para entender por qué Beau..., aunque quiso que fuese su ópera prima, ha acabado siendo su tercer filme. Necesitaba la confianza, la libertad y el control absoluto de poder desarrollar esta ópera freudiana, homérica y dominada por un Joaquin Phoenix encantado de verse en un papel así.

Es el Beau del título, intentando llegar al funeral de su madre decapitada por una lámpara de araña, cruzándose en el camino con vecinos yonquis, con una extraña pareja de suburbio (Nathan Lane y Amy Ryan) que alojan también a un veterano de guerra psicópata (Denis Ménochet), con una especie de hippies sectarios teatrales… No podría haberla hecho antes.

Aunque amante del terror, jamás se vio empezando por ahí: le hace hasta gracia que su carrera se iniciara con Hereditary y Midsommar. Lo suyo, asegura, es el melodrama. Y algo de melodramático hay siempre en las emociones y miedos de sus tres largometrajes. También la figura materna, por ausente o demasiado presente, parece importante. 

Y, desde luego, mucho cine. Y mucha cultura. En Beau cita a Borges, Cervantes, Kafka, Tennessee Williams, Powell & Pressburger, Mel Brooks y Hitchcock. Casi nada. Ya decía él que era arrogante. Y también ambicioso. A pesar de que las críticas de su tercera película no sean como las anteriores, ni la taquilla pueda acercarse a aquellos éxitos, su carrera tiene proyección. Y sus planes son indefinibles. 

Tiene una decena de guiones ya escritos que le gustaría dirigir, y que, según ha ido contando, pueden ir de la comedia romántica al western, del musical a la animación. “No tengo una misión como cineasta, pero si algo une todos mis filmes diría que es que todos están en el lado oscuro”. Y tanto.

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