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¿Es 'Matrix Resurrections' una secuela, un reciclaje o algo completamente distinto?

Lana Wachowski ha entregado un trabajo híbrido y fascinante sobre la cultura del reboot.
Fotograma de 'Matrix Resurrections'.
Fotograma de 'Matrix Resurrections'.
Cinemanía

Este artículo contiene SPOILERS de Matrix Resurrections.

Hoy en día, cuando la fiebre del retconeo nos ha acostumbrado a ir con la ceja levantada ante cada reboot o secuela, el comienzo de Matrix Resurrections hace que nos salten todas las alarmas. Igual que sucedió con otras populares exhumaciones como Star Wars: El despertar de la fuerza, The Amazing Spider-Man o las mil y unas versiones en imagen real/digital de Disney. Este artículo contiene SPOILERS de Matrix Resurrections.

Tras ver desfilar una vez más ese código color esmeralda, marca de la casa, escuchamos las voces en off de una mujer y un hombre anónimos (luego descubriremos que dichas voces pertenecen a un nuevo personaje femenino, Bugs y al nuevo y actualizado Morfeo). Tanto la conversación como la escena posterior son idénticas a las que arrancaban la cinta original. Solo que, en el filme de 1999, las voces pertenecían a Trinity y Cifra.

Fotograma de 'Matrix Resurrections'.
Fotograma de 'Matrix Resurrections'.
Cinemanía

Justo cuando pensamos que Lana Wachowski quiere tomarnos el pelo, uno de los personajes hace notar esta similitud. Bugs y la nueva iteración de Morfeo se adentran, casi como dos miembros más del público, en una de las secuencias más icónicas de la saga: la presentación de Trinity y su posterior huída de los agentes.

Pero, al poco tiempo, tanto los personajes de ficción como los espectadores se dan cuenta de lo mismo. Algo que, de nuevo, verbaliza Bugs: parece lo mismo, pero con algunas diferencias

En el fondo, esa idea es la que Hollywood ha intentado inculcar a los espectadores contemporáneos: hacer pasar por novedoso el reciclaje de una plantilla ya probada y testada, aderezándola con nuevos rostros. Sin embargo, Wachowski hace que Matrix Resurrections gire en torno a ese cortocircuito del sistema, esa anomalía o bug del blockbuster actual, puesta de relieve en su relato. 

Keanu Reeves en 'Matrix Resurrections'.
Keanu Reeves en 'Matrix Resurrections'.
Cinemanía

Poco después de la secuencia inicial -espejo entre Resurrections y el primer filme de la saga- las similitudes no dejan de sucederse. De nuevo nos encontramos con Thomas Anderson, futuro elegido bajo el nombre de Neo. Pero, de ser un gris informático que lleva una doble vida como intrépido hacker, el héroe pasa a ser un famoso diseñador de videojuegos con problemas para distinguir lo real de lo imaginado.

Y de nuevo, ese continuo déjà vu salta por los aires, en cuanto la cinta nos revela que la popularidad de este nuevo Thomas Anderson proviene de la creación de un videojuego, llamado Matrix, que cambió las reglas del medio en 1999.

Esa fascinante revelación convierte a la cinta, no ya en una secuela de la trilogía original, sino en un ensayo acerca de la propia obra de ficción. Una ruptura de la cuarta pared que se expande tanto hacia el interior de la ficción como hacia el exterior (la sala de cine). En ese momento, los acontecimientos que el espectador está descubriendo, proyectados en la pantalla, están ocurriendo a tiempo real con los descubrimientos de los protagonistas de la ficción.

Y así, como si fuéramos los rebeldes capitaneados por Morfeo, la cinta nos arranca del mundo virtual y nos sitúa en un universo paralelo al nuestro, donde la trilogía original de Matrix solo existió en el campo de la ficción. Solo que como videojuego, en lugar de como película, algo que de por sí tiene bastante de autoparodia: las versiones pixeladas de la Matrix original (Enter the Matrix, The Matrix: Path of Neo y The Matrix Online) no tuvieron excesivo éxito en nuestro mundo. 

Jonathan Groff en 'Matrix Resurrections'.
Jonathan Groff en 'Matrix Resurrections'.
Cinemanía

A partir de ese momento,  nos encontramos con guiños a la saga original, como el busto en 3D del rostro del Agente Smith golpeado por Neo en Matrix Revolutions. O disquisiciones del equipo de programadores del estudio, donde cada uno entabla un diálogo con la audiencia, proponiendo las múltiples miradas y razones por las que la saga fue tan popular como polémica y divisiva.

Y aún más interesante es cuando Lana Wachowski decide realizar autocrítica de las intenciones, tono y resultado de la obra original, a partir de una de sus secuencias más míticas: el primer encuentro de Neo con Morfeo.

En dicha secuencia, el juego de muñecas rusas llega al paroxismo. Si, en la cinta original, Neo se reunía por primera vez con Morfeo en una habitación de hotel hiperestilizada, en la nueva entrega ese encuentro transcurre soportado, en segundo plano, por una pantalla de proyección –espejo de la que el espectador está observando desde el exterior de la ficción– donde casualmente se está proyectando ese mismo momento de la primera Matrix.

Fotograma de 'Matrix Resurrections'.
Fotograma de 'Matrix Resurrections'.
Cinemanía

A su vez, el nuevo Morfeo está interpretado por Yahya Abdul-Mateen II, que sustituye a Laurence Fishburne. Pero de nuevo, este cambio no es ajeno a la ficción, al igual que la sustitución de la Oráculo de Gloria Foster a Mary Alice, por el fallecimiento de la primera durante el rodaje de Reloaded y Revolutions. 

En Revolutions, los personajes de la ficción se extrañaban por el cambio de rostro del personaje (al igual que los espectadores externos a la ficción) y este era justificado de manera argumental, sin paños calientes de ningún tipo. Al contrario, por ejemplo, que la sustitución del actor Terrence Howard por Don Cheadle en la franquicia Iron Man. 

Este nuevo Morfeo, un facsímil digital del personaje al que conoció Neo, ironiza y rompe de nuevo la cuarta pared cuando le explica a un desorientado héroe si se esperaba algo más teatralizado.

Esto, a su vez, le sirve a Lana Wachowski para adentrarse en un terreno desconocido para los creadores: mirar de frente tanto a los aciertos como también a los defectos de su trabajo previo. La cineasta se introduce en la ficción, a partir de la voz de Morfeo, para hablar al espectador y desarrollar un discurso crítico hacia la trilogía original. Algo que va acompañado de un cambio de tono, estilo y formas en la dirección de esta cuarta entrega.

Porque no debemos olvidar que este nuevo Matrix no es fruto de Lana y Lily Wachowski, sino únicamente de la primera. Una cineasta que entre las Matrix originales y esta Resurrections ha vivido un proceso de transición de género, el fallecimiento de sus dos progenitores y la separación profesional de su hermana. Y esos cambios ocurridos en el mundo real se introducen tanto formal como temáticamente en este retorno. 

Y como si Lana fuera una espectadora con espíritu crítico de su trabajo previo, la cinta reconfigura lo que significa Matrix para el cine contemporáneo, el legado que trajo consigo y las malas decisiones que una obra particular imbuyó en el interior del cine de acción y ciencia ficción mainstream.

Neil Patrick Harris en 'Matrix Resurrections'.
Neil Patrick Harris en 'Matrix Resurrections'.
Cinemanía

Entre los aspectos puestos en solfa por la propia directora se encuentran el uso extenuante de las coreografías provenientes del cine de Hong Kong, el uso y abuso de los entornos digitales y la pantalla verde, o sobre todo, el uso de un 'tiempo bala' y un freeze frame que aquí se convierten, no solo en broma interna, sino también en elementos argumentales para hacer avanzar el relato

Todo esto explota en el clímax final. En primer lugar, parodiando incluso uno de los personajes y secuencias más polémicos: el Arquitecto y su conversación con Neo en el clímax de Reloaded. Aquí le vemos reconvertido en el Analista, una fusión bastarda del Arquitecto y el Oráculo y metáfora del postureo con tintes conservadores de según que sectores, partiendo de las luchas sociales de los últimos años. 

Carrie-Anne Moss en 'Matrix Resurrections'.
Carrie-Anne Moss en 'Matrix Resurrections'.
Cinemanía

Ese elemento meta es llevado hasta el paroxismo con la nueva vida y prisión de Trinity, aquí reconvertida en Tiffany, madre de dos hijos y esposa, ni más ni menos, de un hombre vinculado a la trilogía original: Chad Stahelski. Casualmente, el doble de acción de Neo en los filmes anteriores, donde ejerció como jefe de especialistas, y en la actualidad director de la saga John Wick.

Por supuesto la cinta -sobre todo a partir de su segunda mitad- se aleja tanto del tono metarreferencial total, como de la posibilidad de que este nuevo Matrix no fuera una cuarta entrega de la saga, sino más bien un ensayo externo, casi independiente y externo a la trilogía del cambio de siglo. 

Pero Lana Wachowski integra de manera brillante ambas vertientes, entregando un híbrido más cercano en intenciones a lo realizado por David Lynch en Twin Peaks: The Return que a lo esperable en una secuela de Hollywood. Y un ejemplo más de que la obra cinematográfica de las hermanas Wachowski, aunque a veces excesiva y desequilibrada es mucho más lúcida, inteligente e interesante que el 90% de las producciones surgidas del cine mainstream.

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