'Lady Halcón', la obra maestra 'New Romantic' de Richard Donner

Ochentera hasta lo inimaginable y con un reparto sublime, esta película espera un redescubrimiento a gran escala.
Michelle Pfeiffer en 'Lady Halcón' (1985).
Michelle Pfeiffer en 'Lady Halcón' (1985).
Cinemanía

Tras la muerte de Richard Donner, todos los periodistas de cine nos hemos lanzado a homenajear a este titán del cine de género. Responsable de una filmografía breve, pero sustanciosa, el cineasta estadounidense deja tras de sí películas que todos conocemos, como Superman, Los Goonies y Arma letal, pero también otros títulos que merecen ser reivindicados. Y, entre estos últimos, Lady Halcón (1985) ocupa un lugar muy especial. 

Sin mucha suerte en taquilla (su recaudación en EE UU fue de 18 millones de dólares, sobre un presupuesto de 20) ni en crítica (Roger Ebert fue de los pocos que la defendieron), Lady Halcón fue de las pocas películas de Donner que pueden considerarse un proyecto personal. El director se pasó años tratando de filmar el guion de Edward Khmara (Enemigo mío), y, cuando lo consiguió, lo hizo con un reparto sublime. 

Rutger Hauer (sustituyendo a un Kurt Russell que se piró antes de empezar el rodaje), Matthew Broderick y, sobre todo, una Michelle Pfeiffer legendaria son los tres vértices sobre los que se asienta una película interesantísima tanto por lo que cuenta como por aquello que deja traslucir sobre su época. 

Medievalismo ochentero

Hoy en día, cuando hablamos de la década de los 80, es muy fácil reducir sus tendencias a los colores fosforito, los calentadores y la música de sintetizador. Pero no debemos olvidar que, durante esos años, también floreció una suerte de medievalismo pop que eclosionó tanto en los juegos de mesa estilo Dungeons & Dragons como en la música de radiofórmula. Véase este videoclip de Spandau Ballet para demostrarlo. 

Mientras los emblemas de la música 'new romantic' se vestían de caballeros cruzados, el cine no permaneció ajeno a esta corriente. A ella podemos adscribir títulos como Los inmortales (1986), Legend (la película con la que Ridley Scott y Tom Cruise se la pegaron a lo grande en 1985) y la propia Lady Halcón. 

De hecho, la mejor forma de describir esta película es como una mezcla de una novela de fantasía épica, una aventura dungeonita de las que hacen echar humo a los dados y un videoclip entre lo prerrafaelita y lo discotequero. Algo reforzado por la fotografía de Vittorio Storaro (Apocalypse Now), siempre dispuesta a sacarle partido a las penumbras y los contraluces. 

Basta con un vistazo al argumento para comprobar la verdad de todo esto. A lo largo de Lady Halcón asistimos a las tribulaciones de Philippe el Ratón (Broderick), ladronzuelo adolescente que, tras fugarse de la lóbrega mazmorra de rigor, se cruzará con un enigmático caballero (Hauer). 

Resulta que el mílite y su dama (Pfeiffer) han sido víctimas de la maldición de un perverso obispo (John Wood, aunque Donner quería a Mick Jagger) que, además de ser aficionado a la magia negra, arde con sacrílega pasión hacia la chica. A resultas del maleficio, él se convierte en un lobo por las noches, mientras que ella levanta el vuelo cada mañana como el ave rapaz que da título a la cinta. 

Hazme una tirada de Cetrería, Rutger

Como hemos dicho, la premisa de Lady Halcón tiene mucho de rolera, y seguro que más de un dungeon master se ha inspirado en ella para hacer sudar tinta a sus jugadores. Pero, como esas cosas eran entonces aún más incógnitas que ahora para el público, Michelle Pfeiffer desconfió mucho del filme, señalando que no quería verse interpretando "a una princesita saltando por el bosque". 

Por suerte para todos, la Pfeiffer es la Pfeiffer. De modo que, tras leer el guion, se enamoró de la historia y de Isabeau, su personaje, preparando sus audiciones con ayuda de su amigo Kevin Costner. Gracias a su trabajo, la dama hechizada aparece como una figura melancólica, pero ni mucho menos indefensa.

Matthew Broderick tampoco se quejó mucho, porque su fama le permitió embolsarse casi un millón de dólares como salario, lo que le convirtió en el actor mejor pagado de la película. Seguro que Sean Penn, su rival más directo por el papel, se rió mucho al enterarse de que este exigía pasarse casi dos días en un foso lleno de agua helada.

En cuanto a Rutger Hauer… pues lo suyo fue otra historia. El actor, que había negociado un rol secundario como villano antes de la deserción de Kurt Russell, se presentó en el rodaje al volante de un tráiler de 18 ruedas, creando un sindiós en el set. 

Durante el rodaje, Hauer destacó tanto por un carácter tirando a excéntrico (que le llevaba a tomarle el pelo a Broderick constantemente) como por su buena mano con los animales. Spike II, el halcón hembra que interpretaba al álter ego animal de Michelle Pfeiffer, se llevó con el holandés a las mil maravillas.

¿Había cajas de ritmos en la Edad Media? 

Con su esteticismo, sus personajes entrañables y sus grandes escenas de acción, Lady Halcón es una película llena de virtudes. Pero hay un punto en ella que nunca deja de ser cuestionado, y ese es su banda sonora. 

Para algunos, la música de Andrew Powell (producida además por Alan Parsons, que entonces era lo más) es un ejemplo de osadía, ambientando una aventura medieval a golpe de sintetizadores, cajas de ritmos y ritmos casi de discoteca. Para otros, es una grandísima horterada que le sienta al filme como las proverbiales dos pistolas a un Cristo. 

¿Cuál de los dos bandos tiene razón? Mejor no entrar en esta polémica, que puede haber espadazos. Lo cierto es que el trabajo de Powell también goza de adeptos, hasta el punto de que la músico Pip Brown (una de las máximas valedoras del synth pop ochentero a comienzos de este siglo) adoptó 'Ladyhawke' como seudónimo para su carrera en solitario. 

Pero, como suele ocurrir en los títulos de culto, Lady Halcón no sería igual sin la suma de sus méritos y sus defectos. Recuperarla y disfrutarla hoy en día es uno de los mejores tributos que podemos rendir a su máximo responsable. 

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