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'Encanto': Así es el musical colombiano de Disney

Os hablamos del metraje exclusivo del nuevo largo animado de Disney que llegará a los cines el 26 de noviembre.
Encanto
Encanto
Disney

Encanto, la película número 60 de Walt Disney Animation Studios, va atada a un montaje previo. Justo antes de los primeros compases, presenciamos las secuencias de título de los 59 largometrajes anteriores del estudio de animación, como forma de celebrar tal meta.

Esto, como espectador, se acaba convirtiendo en una especie de arma de doble filo: esa apelación a la nostalgia termina recordándonos inevitablemente nuestras obras favoritas en un período de casi un siglo (por mi parte, Lilo y Stitch, gracias por preguntar), dando pie a unas expectativas y abriendo la puerta a comparaciones con lo que estamos a punto de presenciar.

Por suerte, lo visto hasta ahora de Encanto parece justificar que la compañía cuente con la confianza suficiente como para darle ese pistoletazo de salida. El proyecto de Byron Howard y Jared Bush cuenta desde el minuto uno con una energía y un afecto encomiables, dedicando toda su atención a construir a todos los personajes de su familia protagonista con esmero.

Centrada en Mirabel, la única persona de la familia Madrigal sin un don mágico, la película ya abre por todo lo alto; siguiendo de inmediato su prólogo con un número musical parcialmente inspirado en la Bella de Howard Ashman y Alan Menken que nos presenta a todo el reparto a través de una idea particularmente ingeniosa: la de la exposición argumental a través de la autonegación.

Niños de la aldea persiguen a Mirabel desesperados por averiguar su don mágico, con lo que esta lidia trasladando casualmente el tema hacia cualquier otro miembro de su familia. Es una forma excelente de mostrarnos de inmediato su universo y a sus personajes sin sentir que estamos presenciando un número de Broadway que hemos visto ya mil veces antes, y le añade un toque de comedia a toda la situación que va creciendo y acelerándose de forma tanto figurativa como literal.

La versatilidad de Lin-Manuel Miranda 

No es el único número musical que pudimos ver, y claramente el compositor Lin-Manuel Miranda ha hecho sus deberes. Pese a algunas quejas tachando su estilo de formulaico, especialmente presentes tras el estreno de Vivo, su trabajo aquí se siente más versátil que nunca; encontrando inspiración desde en el pasodoble hasta en ese reggaeton que invade sutilmente la canción de Luisa, Surface Pressure.

Centrada al completo en darle profundidad a uno de los personajes secundarios del constructo familiar, algo que la película entera parece querer lograr en todo momento, el número en cuestión está acompañado de una de las secuencias más visualmente memorables de la Disney reciente. No conformándose con convertir en conceptos literales las metáforas acerca de la presión interna constante que la hermana de Mirabel sufre, los acaba transformando plano a plano en miniescenas de acción en las que dar rienda suelta al arma secreta de la película: sus artistas de storyboard.

Pero quizá lo más fascinante de lo visto hasta ahora es el elemento de misterio que el metraje nos plantea, uno no visto desde la Zootrópolis firmada (junto a Rich Moore) por los propios Howard y Bush, cuyo lado film noir era el punto álgido de la película en todo momento. La desaparición del miembro de la familia que veía el futuro establece desde el principio un enigma del cual Mirabel es el núcleo, dando pie a una estructura narrativa poco común en la compañía. 

A la espera de presenciar la resolución, cruzamos los dedos para que el incalculable potencial con el que cuenta logre llegar a buen puerto, y el siguiente montaje conmemorativo nos permita en unos años recordar con cariño esta misma película.

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