'Dune' de David Lynch: ¿excremento de gusano o película incomprendida?

37 años después de su estreno, y con el filme de Denis Villeneuve a punto de llegar a los cines, la colisión entre el genio de Montana y el universo de Frank Herbert sigue creando polémica. 
Detalle del póster de 'Dune' (David Lynch, 1984).
Detalle del póster de 'Dune' (David Lynch, 1984).
Cinemanía

A buenas horas decimos esto, pero David Lynch nunca ha sido un autor fácil. Con una filmografía que oscila entre el thriller asfixiante y el delirio puro y duro, el genio de Montana está entre esos cineastas a quienes uno acude para buscar desafíos. Curioso, pues, que su película más polémica sea también uno de sus escasos trabajos de encargo. Uno que, además, está de plena actualidad: hablamos, cómo no, de Dune

La adaptación de la novela de Frank Herbert, tercer largometraje de David Lynch y su fracaso más sonado de crítica y taquilla, sigue dividiendo opiniones hoy en día. E, irónicamente, el propio cineasta y Denis Villeneuve son buenos exponentes de esta división: mientras que Lynch procura hablar lo menos posible de un filme al que no considera como suyo, el director de la Dune de 2021 ha señalado que la película le parece muy reivindicable. 

¿Lleva la razón Lynch al renegar de su filme? ¿Habla Villeneuve con sinceridad, o solo se hace el bienqueda? Dirimirlo resulta difícil, así que, como harían los Mentat del Imperio Galáctico, hemos decidido exponer sus pros y sus contras de la forma más racional posible. La decisión sobre si se merece una segunda vida o, por el contrario, debería ser arrojado a los gusanos de arena, será solo tuya. 

[A favor] Es un trabajo de alto riesgo

David Lynch rodando 'Dune' (1984).
David Lynch rodando 'Dune' (1984).
Cinemanía

Hoy en día, es fácil observar Dune fuera de su contexto, pero para los espectadores de 1984, la cinta fue un shock apabullante. Recordemos que su estreno tuvo lugar un año después del de El retorno del Jedi, una cinta que el propio Lynch pudo haber dirigido. Y que, en general, apareció en una época en la que el influjo de Star Wars había decantado la ciencia-ficción de cine hacia terrenos totalmente palomiteros. 

De hecho, el productor Dino de Laurentiis promocionó el proyecto como "una Star Wars para adultos". Pero seguro que las dosis de locura inyectadas por Lynch en un cosmos ya de por sí alucinógeno no entraban en sus previsiones. 

Entre su diseño de producción, más cercano al cine de época que a las usanzas de la  ci-fi, sus momentos visionarios y ciertos momentos de purulencia lynchiana (¿a ti también te sigue dando grima el Navegante de Tercer Grado?), Dune sigue rezumando atrevimiento por todos sus poros. Una pena, pues, que la película naciese lastrada por taras que examinaremos a continuación. 

[En contra] Es una película muy gafe (y se nota)

David Lynch, haciendo un cameo en su versión de 'Dune'.
David Lynch, haciendo un cameo en su versión de 'Dune'.
Cinemanía

"Dune me rompió el corazón", señaló David Lynch el año pasado. Un trauma que, en buena parte, se debió a su inexperiencia en la industria: cuando firmó su contrato con el director Dino De Laurentiis y su hija Raffaella, el cineasta olvidó incluir la cláusula que le daba derecho a controlar el montaje final. Para colmo, su idea inicial (adaptar el libro mediante dos largometrajes) no tardó en irse por el desagüe. 

Dado que Lynch siempre ha sido muy celoso de sus ideas, es normal que esta derrota frente a un empresario ansioso por lanzar un blockbuster le siga escociendo. Aunque afirme no guardarle rencor a un De Laurentiis que, recuerda, le enseñó a cocinar la pasta como Dios manda, la pérdida de control creativo hizo que su filme llegara a los cines en una versión de 137 minutos, cuando el metraje original superaba las cuatro horas. 

Pero aún hay más. Porque, como tenía que pasar, el rodaje de Dune en México fue una travesía del desierto. Las mordidas en la aduana para que pasara el material de rodaje hicieron mella en el presupuesto, la 'venganza de Moctezuma' hizo estragos entre el reparto y los malos rollos con el personal de los legendarios Estudios Churubusco, poco afines a sus métodos, hicieron que el director contase las horas para salir pitando de allí.

[A favor] Esos Harkonnen tan chiflados

Kenneth McMillan como el barón Harkonnen en 'Dune'.
Kenneth McMillan como el barón Harkonnen en 'Dune'.
Cinemanía

La dicotomía entre el amor y la crueldad, tan lynchiana ella, se prestaba de maravilla al enfrentamiento entre las familias nobles protagonistas de Dune. Y, aunque el director no se luciera demasiado en lo tocante a la casa de Atreides, echó el resto cuando le tocó retratar a los viles Harkonnen de Giedi Prime.

Saltándose a la torera la caracterización de la novela de Herbert (donde son villanos de capa y espada con un cierto makeover nazi), Lynch echó un órdago a la grande bañando a este clan de tiranos galácticos en el miasma de sus obsesiones, desde la imaginería industrial al regodeo en las grotesqueries de toda índole. 

Y, aunque la imagen de Sting en braguero metálico resulte depravada en grado sumo, este triunfo no sería posible sin el trabajo de Kenneth McMillan como el barón Vladimir. Con un precedente tan pustuloso y estentóreo, al que prácticamente puedes oler cada vez que aparece en pantalla, Stellan Skarsgäard lo va a tener difícil para hacerle un hueco a sus lorzas en la memoria colectiva. 

[En contra] La homofobia

Escena de 'Dune' (1984).
Escena de 'Dune' (1984).
Cinemanía | Richard M. Todaro

"Dune es la película más obscénamente homófoba que he visto jamás", señaló en 1986 el crítico Robin Wood. Una afirmación tajante, es cierto, pero con mucho de verdad: las apariciones del barón Harkonnen en Dune (la película) resultan una amalgama de tópicos discriminatorios que amplifican aquellos ya vertidos por Herbert en su novela. Y que, para colmo, aparecieron en plena eclosión del sida como pandemia. 

Aunque tachar de homófobo al director de Mulholland Drive pueda parecer una locura hoy en día, recordemos que el David Lynch de los 80 era un señor muy conservador, admirador acérrimo de Ronald Reagan. Por otra parte, también debemos recordar que Frank Herbert reflejó en sus libros opiniones políticas muy cuestionables… entre las que destacaba un odio cerval a las personas LGTB.

Cubierto de llagas que evocan los síntomas de la inmunodeficiencia adquirida, siempre a la caza de jovencitos a los que mata entre lluvias de sangre pulverizada y con un ramalazo incestuoso, el líder de los Harkonnen resulta, visto desde este ángulo, una caricatura aún más insensible y falta de matices que la mostrada por Herbert. Y eso es decir mucho... o demasiado. 

[A favor] Lo que vino después

Kyle McLachlan en 'Dune' (1984).
Kyle McLachlan en 'Dune' (1984).
Cinemanía

Si hemos quedado en que Dino De Laurentiis le hizo la vida imposible durante la producción de Dune, ¿por qué Lynch le recuerda con cariño? Pues, aparte de por la receta de los rigattoni, porque el productor italiano se portó con él como un caballero: tras este mal paso, financió su siguiente largo, un noir titulado Terciopelo azul en el que, esta vez sí, el director tuvo pleno control creativo.

Para colmo, el rodaje de Dune supuso el primer encuentro entre el director y un joven actor llamado Kyle MacLachlan. Es decir, el futuro protagonista de la antedicha Terciopelo azul y, años más tarde, de Twin Peaks.  

Si sumamos a esto que Terciopelo azul supuso también el primer encuentro entre Lynch y Laura Dern, podemos afirmar que la resaca de Dune encarriló la obra futura del director hacia los extremos que todos conocemos y amamos hoy en día. Resumiendo: la virtud de David Lynch fue la de asumir su derrota para después levantarse y seguir caminando. Los Fremen habrían estado orgullosos.

[En contra] El mesianismo sobrenatural

Escena de 'Dune' (1984).
Escena de 'Dune' (1984).
Cinemanía

Como hemos dicho antes, Lynch planeó su adaptación de Dune en forma de dos películas, justo como Denis Villeneuve hoy en día. Para colmo, además, su idea era centrar dichos filmes más en lo psicológico que en la acción. Pero, cuando De Laurentiis le apretó las tuercas, el director decidió cortar por lo sano… abreviando elementos que deberían haber quedado en la película. 

El ejemplo más obvio de esto se halla en esos 'módulos sobrenaturales' del todo ausentes en la novela: sin ganas ningunas de rodar "escenas de kung fu" (básicamente, porque la acción no es lo suyo… y bien que se nota en el filme), Lynch incluyó estas armas prodigiosas para quitarse de encima la importancia de las doctrinas de combate Bene Gesserit en la historia.

Esta supresión conllevó unos cuantos problemas, pero el mayor de todos surge al final de la historia: si bien Herbert concibió Dune como la metamorfosis de Paul Atreides (McLachlan) de joven príncipe ingenuo a dictador fascista apoyado en una horda de fanáticos, la Dune de Lynch culmina con la revelación de que el personaje principal es un verdadero mesías capaz de hacer llover en el desierto.

Está claro que, si la película tenía que llegar a las masas, un final feliz era un must. Y también es verdad que Alejandro Jodorowsky planeaba un final bastante similar para su venerada adaptación inconclusa. Pero siempre nos dará rabia que Lynch no se las apañara para conservar la verdadera intención del relato. 

Una pena, pues, que el director no llegase a rodar esa escena, presente en uno de sus borradores de guion, en la cual la lluvia de marras no era de agua, sino de sangre.

[A favor] Los montajes hechos por fans

Montaje alternativo de 'Dune'.
Montaje alternativo de 'Dune'.
Cinemanía

Aunque no exento de aspectos problemáticos, el fandom de Dune está considerado como uno de los más majos de la ciencia-ficción. Su capacidad para hacer piña y mostrar solidaridad está a la altura de una tribu Fremen, lo cual explica fenómenos como esas restauraciones amateur de Dune que pueden encontrarse a veces en redes sociales y servidores de vídeo. 

Para no atraer sobre nosotros las iras de la Cofradía (del copyright), debemos ser prudentes a este respecto. Solo te recomendamos que busques en YouTube, y encontrarás versiones que, de forma casera pero muy solvente, restauran escenas eliminadas, reparan fallos en los efectos especiales y eliminan problemas en la continuidad.

[En contra] Las 'versiones extendidas' que Lynch aborrece

Créditos de la versión extendida de 'Dune' sin el nombre de David Lynch.
Créditos de la versión extendida de 'Dune' sin el nombre de David Lynch.
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Ahora bien: ¿de dónde han sacado el material esas restauraciones amateur? Pues de la mayor espina en el costado de David Lynch: los montajes alternativos lanzados de forma comercial tanto en TV como en formatos de vídeo doméstico.

El odio de Lynch hacia estas versiones está plenamente justificado. No en vano David tuvo que ver cómo cogían una película inacabada, de la que nunca ha estado satisfecho, y la parcheaban mediante métodos muchas veces lindando con la chapuza (ese prólogo hecho a base de ilustraciones que reemplaza la narración original de Virginia Madsen duele a los ojos, la verdad).

Para dejar claro su desprecio a estos mangoneos, Lynch exigió retirar su nombre de los créditos. De esta manera, la dirección aparece a nombre del socorrido Alan Smithee, mientras que el guion va firmado por un tal Judas Booth (referencia a John Wilkes Booth, el asesino de Abraham Lincoln). Todo un gesto de humor lynchiano (es decir, negro como la pez) que remata una historia extraña y desconcertante.

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