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Adiós a Peter Bogdanovich: todas las lecciones de cine y de vida que aprendimos del crítico que se convirtió en director

Repasamos algunas de las grandes enseñanzas del hombre que pasó de entrevistar grandes estrellas a convertirse en una.
El cineasta y crítico Peter Bogdanovich ha fallecido a los 82 años
El cineasta y crítico Peter Bogdanovich ha fallecido a los 82 años
Cinemanía

No existe ninguna figura del cine clásico a la que Peter Bogdanovich no haya analizado, entrevistado, homenajeado en alguna película o incluso tomado una copa. Probablemente nadie haya hecho más que él por transmitir el legado de los cineastas clásicos a nuestros días, y aunque a día de hoy existe una amplia variedad de información de aquel período cinematográfico, nada de ello habría sido posible sin el empeño y la pasión que descargó Bogdanovich desde joven. Será difícil devolverle el favor ahora que ha fallecido, pero basta recordar algunas de las grandes lecciones de cine (y de vida) que nos dejó el director de La última película.

"Mi padre, había crecido con el cine mudo; el sonoro no llegó hasta los 30 años. Así que me llevó a ver películas mudas al MOMA cuando tenía 5 o 6 años"

Aunque pueda parecer que Bogdanovich nació en el mismo seno de Hollywood, lo cierto es que el joven -hijo de padres de orígenes serbios y austríacos que habían huido de los nazis- nació y se crio en Kingston, Nueva York. Fue allí donde Bogdanovich empezó a cultivar su cinefilia, acudiendo junto a su padre desde bien niño a diversos cines y a las retrospectivas del MOMA, donde años después serían famosos sus ciclos de programación.

"La primera vez que conocí a Brando fue cuando tenía 14 años. Iba caminando por la calle, lo vi venir y pensé: «Es Marlon Brando». Y llevaba lo que resultó ser su traje de 'La ley del silencio', porque estaba rodando. Marlon Brando lo cambió todo para los actores. Después de él, todos querían ser Marlon".

Aunque terminó siendo un gran director, la idea inicial de Bogdanovich era ser actor. Y ello solo se explica desde la completa admiración que ha sentido siempre hacia la figura del intérprete. De ahí que lo primero que hiciera fue entrar en la escuela de la primera profesora de Brando, Stella Adler, quien a su vez había trabajado y aprendido el método gracias a Konstantín Stanislavski

Puede que Bogdanovich no se convirtiese en un gran actor inmediatamente, pero esa experiencia le sirvió para, como director, sacar lo mejor de sus actores: "Dirijo como actor. Muchas veces digo: «Déjame probar esto». Y recorro la escena para ver qué puedo decirle al actor. No sé qué decirle hasta que lo haya probado y haya visto cuál es el problema.

Peter Bogdanovich junto a Boris Karloff en 'Targets', su primera película y en la que daba vida a un prometedor director de cine
Peter Bogdanovich junto a Boris Karloff en 'Targets', su primera película y en la que daba vida a un prometedor director de cine
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"La gente me lo ha preguntado muchas veces y no sé exactamente qué fue lo que me empujó a dirigir, pero creo que fue una ingenua noción de que si dirigía podría interpretar todos los papeles. Una especie de codicia"

En su primera película como director, El héroe anda suelto (Targets), el propio Bogdanovich se ponía frente a la cámara para dar vida a un prometedor cineasta y para compartir pantalla con una leyenda del cine clásico venida a menos que interpretaba un poco esa versión de sí mismo, Boris Karloff. No hace falta remarcar la gran opinión que Bogdanovich tenía en aquella época de sí mismo ("Ciertamente tenía una vena arrogante", diría más tarde), pero sí señalar lo adelantado que estaba a su tiempo.

Bogdanovich era un director posmoderno ya desde antes de que se hablara de posmodernidad en el cine, un hombre cuya fascinación por el cine clásico lo había llevado a tener asumida la idea de que "Todas las buenas películas ya han sido hechas", y que ponía esos pensamientos en líneas de diálogo de sus propios personajes. El cine de Bogdanovich era marcadamente cinéfilo y nostálgico, pero eso no significa que no se pudieran sacar valiosas reflexiones de esa visión.

"Cuando era más joven, todos mis amigos eran mayores: John Ford, Howard Hawks, Alfred Hitchcock, Orson Welles, Jimmy Stewart y Cary Grant. Me encantaba hablar con esa gente"

La famosa frase "nunca conozcas a tus ídolos" no aplicaba con Peter Bogdanovich. Cuando se mudó a Los Ángeles tras haberse labrado un nombre como crítico en las páginas de Esquire, comenzó a insistir a publicistas para que lo invitaran a fiestas y círculos con grandes personas de la industria. No es que no tuviera sentido de la vergüenza, es que cualquier temor o inseguridad era automáticamente engullido por el deseo de conocer a las personas con las que había crecido a través de la pantalla: John Ford, Howard Hawks, Orson Welles... 

Su amistad inmediata más fructífera fue con el director y productor Roger Corman, quien lo había leído previamente y aceptó darle una oportunidad como director. Pero sin duda su don de gentes y capacidad para transmitir su pasión por el séptimo arte le valieron la amistad de algunas de las grandes figuras de Hollywood, aunque muchas de ellas para entonces eran vistas poco menos que como dinosaurios. Y Bogdanovich iba a ser de los últimos privilegiados en charlar con esos dinosaurios y plasmar su sabiduría en libros.

Peter bogdanovich tomando algo y riendo junto a los directores John Huston y Orson Welles
Peter Bogdanovich tomando algo y riendo junto a los directores John Huston y Orson Welles, sobre los que escribiría en sendos libros
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"Me gustó la idea de hacer una obra de época porque me gusta más cualquier cosa del pasado que del presente. No me conmueven las cosas que suceden en el presente, sólo cuando pienso en ellas después. La vida es demasiado real cuando está sucediendo"

Bogdanovich tenía miedo de que le pasase algo similar a su buen amigo Orson Welles, es decir, que hiciera una película muy exitosa y pasarse el resto de su vida siendo recordado por ella. Y lo cierto es que, una vez que hizo La última película su vida no volvió a ser igual. Hay quien dice que se debió más a motivos extracinematográficos como su separación de Polly Platt para empezar una relación con la jovencísima actriz de la película, Cybill Shepherd. Pero no fue del todo cierto, porque Platt -una de las mejores diseñadoras de producción de su época- trabajó con él Qué me pasa, doctor y Luna de papel

Quizá la mejor lección que dejó en este sentido Bogdanovich fue en gran medida uno de sus errores, vivir eternamente en el pasado y no aprender adaptarse a los nuevos tiempos. No aprendió o simplemente se negó a hacerlo, e intentó cubrir ese espacio de otras formas: "Cometí muchos errores cuando tuve éxito en los años 70. No hay un manual para el éxito, así que no pude distinguir la onda que estaba captando. Pero se llaman celos, envidia y aversión, aunque se acercan a ti con sonrisas porque quieren algo de ti y tú te pones una fachada de arrogancia para cubrir la inseguridad", admitiría el cineasta más tarde.

"El amor es mucho más complicado de lo que la gente cree"

Uno de los mayores lunares de su carrera no fue tanto su incapacidad para ver más allá del cine clásico, sino la mala suerte que tuvo en el amor. Bogdanovich vivía su sueño particular llevando a Cybill Shepherd a ver películas de Allan Dwan por las mañanas y rodando con ella por las tardes, pero todo sueño tiene su fin. Y tras terminar la relación con su musa, la que le había costado su primer matrimonio, Bogdanovich se fue a enamorar de Dorothy Stratten, ex conejita de Playboy junto a la que rodó Todos rieron y que terminó trágicamente asesinada por su marido y representante, Paul Snider.

Aquel fue sin duda el suceso que asestó el golpe definitivo a la vida del crítico y director, que dedicaría su siguiente película (Máscara) a su trágico amor: "Apenas podía creer que realmente existiera, que no fuera un sueño. Había algo milagroso en Dorothy Stratten". Años más tarde Bogdanovich se casaría con la hermana de esta, Louise, lo que dio lugar a un montón de rumores y cotilleos que también le afectaron: "Pocas personas han logrado entender esta relación más allá de cuatro ideas superficiales sobre sustituciones y reemplazos. Pero, ¿por qué iban a entenderlo?".

Peter Bogdanovich junto a Jeff Bridges y Cybill Shepherd en el set de 'Texasville', la secuela veinte años después de su gran éxito, 'La última película'
Peter Bogdanovich junto a Jeff Bridges y Cybill Shepherd en el set de 'Texasville', la secuela veinte años después de su gran éxito, 'La última película'
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"Los cineastas tienen una responsabilidad con el público y con la obra, ojalá sintieran más esa responsabilidad, sobre todo con lo que es verdad en la vida"

Bogdanovich siguió dirigiendo películas pero nunca fue lo mismo, y a medida que su ritmo y calidad como director decrecieron volvieron sus grandes trabajos como divulgador cinematográfico. Recopilando sus viejas entrevistas de cuando era un joven ávido de cine y sumando la experiencia que ya tenía a sus espaldas, comenzó a lanzar sendas monografías de directores como Fritz Lang, John Ford u Orson Welles, otrora amigos y convertidos en leyendas del cine gracias en parte también a publicaciones como las suyas. Los mejores extractos de todas aquellas conversaciones se pueden encontrar en El director es la estrella, quizá uno de los mejores libros para aprender cine y el detalle que Bogdanovich le debía a sus maestros y colegas.

"No hay películas viejas. Solo películas que has visto y otras que no"

Quizá la mejor lección de cine que nos haya dejado Peter Bogdanovich sea esta, la de poner en valor el cine del que venimos para ayudar a comprender el que se hace y el que se hará. Pocos hicieron tanto por difundir el séptimo arte y con tanta pasión como él, y por eso le debemos buena parte de nuestra cinefilia, tanto por las películas que hizo como por todos los trabajos en forma de libros y documentales que vinieron con él. 

Bogdanovich afirmaba que el mejor consejo que le habían dado nunca fue el de la esposa de John Ford al aterrizar en Hollywood: "Si quieres mantenerte en la industria del cine, no te creas nada de lo que oigas; y solo la mitad de lo que veas". Y eso fue en gran medida lo que hizo Bogdanovich: llegó, vio, oyó y triunfó contando todo aquello que vivió. Larga vida al que pasó de aprendiz a maestro. Larga vida a Peter Bogdanovich.

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