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Payasos y navajas de afeitar: 8 momentos de cine para recordar a Stephen Sondheim

La leyenda de Broadway ha fallecido a los 91 años.
Stephen Sondheim contra Elizabeth Taylor
Stephen Sondheim con Elizabeth Taylor

Hace pocas horas sabíamos de la muerte de Stephen Sondheim a los 91 años. Desde entonces se han ido registrando los correspondientes homenajes por parte del mundo cultural, tanto cinematográfico como teatral, debido al rol indispensable que este compositor estadounidense ejerció en él durante seis décadas. Hablar de Sondheim es hablar de incontables fenómenos de Broadway, pero también de un temperamento creativo en evolución constante, que empezó a fraguarse desde que a muy tierna edad fuera introducido en el ambiente escénico por Oscar Hammerstein II. El artífice junto a Richard Rodgers de hitos como Oklahoma! o Sonrisas y lágrimas conoció a Sondheim por mediación de su hijo Jimmy, ayudando a impulsar una carrera inabarcable.

Así las cosas, la importancia de Sondheim no puede limitarse a la música y a los escenarios, pues sus inquietudes dialogaron en varias ocasiones con el cine. Sin ir más lejos, en 1973 este compositor se alió con su amigo Anthony Perkins (exacto, el Norman Bates de Psicosis) para escribir el guion de El fin de Sheila, un whodunit que acabó dirigiendo Herbert Ross con el protagonismo de James Coburn, James Mason y Raquel Welch. Por no hablar de su firma en varias bandas sonoras y de un film muy reciente como tick, tick… BOOM!, donde apareció en pantalla con los rasgos de Bradley Whitford para inspirar a un joven Jonathan Larson (Andrew Garfield) antes de componer Rent.

Con motivo del fallecimiento de Sondheim, en CINEMANÍA recopilamos algunos de los momentos más relevantes que experimentó su trayectoria ceñida al cine, empezando naturalmente por la obra que este mismo año vuelve a la gran pantalla con la firma de Steven Spielberg. Es decir, West Side Story, en la que Sondheim trabajó con apenas 27 años de edad.

Pros y contras de vivir en América ('West Side Story', 1960)

Corría 1957 cuando Leonard Bernstein, que ya había podido escuchar una primera grabación de Sondheim (Saturday Night) requirió de sus servicios para ponerle letra a una partitura monumental. De su esfuerzo conjunto, aliándose con el director Jerome Robbins, nació el espectáculo West Side Story, que revisaba la historia de Romeo y Julieta llevándola a Nueva York y concretándola en dos bandas de inmigrantes: los sharks y los jets. West Side Story tuvo tanto éxito en Broadway que tres años después Robbins se asoció con Robert Wise para poner en pie una adaptación cinematográfica, con tan buena maña que esta ganaría diez Oscar incluyendo el de Mejor película.

Un palmarés desafiante para Spielberg, pero a falta de ver qué tal lo hace con su remake (uno, por cierto, que Sondheim pudo ver antes de morir y lo consideró mejor que la versión de 1960) no está de más recordar una de sus secuencias cumbre. Hablamos del número America, donde los sharks reflexionan sobre su experiencia en EE.UU. encabezados por Anita (Rita Moreno), para quienes opinan que merece la pena, y por Bernardo (George Chakiris) para quienes no son tan entusiastas. Una canción de ácida crítica social, donde versos como “la vida es libertad en América… si eres blanco en América” daban la medida del ingenio de Sondheim.

Si es cómico, mejor ('Golfus de Roma', 1966)

Seis años después del estreno de West Side Story otro espectáculo firmado por Sondheim saltó al cine. En este caso se trataba de Golfus de Roma, título en español de A funny thing happened on the way to the theater. El compositor había partido de un libreto de Burt Shevelove y Larry Gelbart para desarrollar un ambicioso musical representado por vez primera en 1966. El objetivo era adaptar las farsas de Plauto a través de una comedia satírica ambientada en la antigua Roma y marcada por las letras mordaces, erigiendo como protagonista al esclavo Pseudolus. Interpretado por Zero Mostel, Pseudoulus intentaba obtener la libertad ayudando a su amo a conquistar el amor de una bella cortesana.

Mostel se mantuvo como protagonista en la película de Golfus de Roma, dirigida por Richard Lester (que acababa de triunfar con las películas de los Beatles ¡Qué noche la de aquel día! y ¡Socorro!). La película ganó el Oscar a Mejor música adaptada, respetando el humor de la obra original con una fiel recreación de sus números. Puede que el más famoso sea Comedy Tonight, que abría la película y protagonizaba Pseudolus para ir presentando al público a cada uno de los personajes de la historia. Adaptada en español como "Si es cómico, mejor", Golfus de Roma también ha tenido bastante pábulo en nuestro país, siendo llegando a ser representada por Carlos Latre como el esclavo protagonista.

Homenajeando a Bergman ('A Little Night Music', 1977)

La que sin duda es la canción más icónica de Stephen Sondheim no viene de un musical con una fama pareja. A principios de los 70 ideó todo un espectáculo a partir de Sonrisas de una noche de verano, film de Ingmar Bergman estrenado en 1955. Sondheim llevaba a los escenarios A Little Night Music, contando las desventuras amorosas de dos parejas suecas (los Armfeldt y los Egerman) y componiendo para el personaje de Desirée Armfeldt la canción Send in the Clowns. En su primera versión fue interpretada por Glynis Johns (actriz que encarnó a la madre sufragista de Mary Poppins), pero el reparto fue drásticamente modificado cuando Sondheim quiso adaptarlo al cine.

Harold Prince, íntimo colaborador de Sondheim que ya había dirigido A Little Night Music para los escenarios, también se encargó de la película, reclutando a actrices como Diane Rigg, Leslie-Anne Down y, sí, Elizabeth Taylor, fichada para ser Desirée. De ahí que Taylor fuera la encargada de cantar Send in the Clowns en el film de 1977, no consiguiendo sin embargo que su versión fuera la más famosa ya que antes la habían grabado Frank Sinatra y Judy Collins. Años después, convertida prácticamente en patrimonio universal, Send in the Clowns fue versionada por Barbra Streisand… y también por Krusty el Payaso para hacer las paces con el Actor Secundario Mel. Como puedes ver a continuación.

El abrazo ('Rojos', 1981)

Gracias a hitos como West Side Story y Golfus de Roma, Sondheim estuvo muy bien conectado en Hollywood, y llegado un punto inició una provechosa relación profesional con Warren Beatty. Iniciados los años 80, Beatty le contrató como compositor para el que apuntaba a ser el gran proyecto de su carrera: Rojos, monumental drama político que estrenó en 1981 y ganó tres Oscar. Este thriller estaba dirigido por Beatty, y también le tenía como protagonista al interpretar a John Reed, periodista comunista que narró la Revolución Rusa en su libro Diez días que estremecieron al mundo. Rojos refería sus andanzas, pero sobre todo en su romance con la escritora Louise Bryant.

Fotografiada por Vittorio Storaro, Rojos narraba una desgarrada historia de amor a través de los años y las revoluciones, estando Bryant interpretada por Diane Keaton. En este caso Sondheim colaboró con Dave Grusin y se limitó casi por entero a la música orquestal, de la que se puede apreciar un elocuente fragmento en una escena cercana al final. Tras multitud de desencuentros, Reed y Bryant se reúnen en la estación de tren de Moscú, y su abrazo es realzado en pantalla con las teclas del piano de Sondheim.

Madonna siempre consigue a su hombre ('Dick Tracy', 1991)

La colaboración de Beatty y el compositor no terminó ahí, pues una década después Sondheim intervino en una película tan estrafalaria como Dick Tracy. Dirigida y protagonizada nuevamente por Beatty, quería adaptar una tira cómica de Chester Gould publicada durante los años 30 conservando su aire cartoon, así como su cuidada atmósfera. Dick Tracy reclutó a estrellas como Al Pacino, Dustin Hoffman o, sí, Madonna, que en el film interpretaba a Breathless ‘The Blank’ Mahoney: corista del club Ritz que disputaba el corazón de Tracy con Tess Trueheart (interpretada por Glenne Headley). La música fue compuesta por Danny Elfman, pero Sondheim tuvo oportunidad de elaborar las canciones.

Sooner or Later precisó que Sondheim y Madonna trabajaron juntos, de cara a elaborar una balada de jazz característica de los años 30 y de los clubs nocturnos. Fue Madonna, evidentemente, quien la interpretó en el film, dentro de un montaje musical que irrumpía en cierto momento del metraje y que le valió para ser nominada a Mejor canción original. Madonna interpretó el tema en la ceremonia de los Oscar imitando a Marilyn Monroe, y Sooner or Later consiguió hacerse con el galardón. 

Cantándole a las navajas de afeitar ('Sweeney Todd, 2007)

Fiel a su necesidad constante de experimentar, Sondheim sorprendió a propios y extraños en 1979, cuando junto a Hugh Wheeler desarrolló el musical Sweeney Todd. Con unas influencias operísticas más acusadas que nunca, Sweeney Todd narraba la trágica historia de un barbero inglés acusado de un crimen que no cometió, y que una vez superado su presidio volvía a Londres en busca de venganza. Una que pasaba por emplear su profesión para rebanar unas cuantas cabelleras al ritmo de la música. Como no podía ser de otro modo, un joven Tim Burton quedó totalmente seducido por este planteamiento.

Así que en 2007 Burton dirigió Sweeney Todd: el barbero diabólico de la calle Fleet, con Johnny Depp en el papel del barbero susodicho y Helena Bonham-Carter en el de la Sra. Lovett, pastelera que se convierte en cómplice de los crímenes de Todd. Sweeney Todd respetaba el aire tétrico de la obra original, paralelamente a emular su grandeza musical dedicada a los elementos más improbables. Así, uno de los puntos culminantes de la película tiene lugar cuando Todd entra en contacto con sus amadas navajas de barbero, dedicándoles una canción muy sentida que responde al título de My friends.

Hora de iniciar el viaje ('Into the Woods', 2014)

A mediados de los 80 Sondheim se metió en otro lío. Deseoso de agitar un canon tan querido como los cuentos de los hermanos Grimm, el compositor se asoció con James Lapine para combinar en Into the Woods los avatares de Caperucita Roja o Rapunzel. Into the Woods arrasó en los Tony pero tardó un tiempo considerable en saltar al cine, no siendo hasta algo después de Sweeney Todd que Disney se decidiera a producir una adaptación liderada por Rob Marshall. Into the Woods, estrenada en 2014, presentaba un reparto espectacular para proseguir la labor desmitificadora de Sondheim.

En el film aparecían Meryl Streep, Anna Kendrick, Chris Pine y Johnny Depp, así como James Corden encarnando al Panadero y a Emily Blunt como la esposa del panadero. La partitura de Sondheim demostraba de qué era capaz en un elaboradísimo número inicial, que presentaba a cada uno de los personajes antes de incorporarse a la aventura. Rescatamos la despedida de Caperucita Roja (Lilla Crawford) de los panaderos antes de marchar en busca de su abuelita.

Being Alive ('Historia de un matrimonio', 2019)

Cuando la canción de un musical aparece en un film sin vinculación alguna con el género, es que tanto ella como su compositor han trascendido la cultura popular. Noah Baumbach lo demostró sin ambages cuando decidió que al final de su emotiva Historia de un matrimonio (2019) el personaje interpretado por Adam Driver se arrancara a cantar Being Alive. Culminaba así el doloroso divorcio con su pareja, tratando de asimilar su soledad como ya hiciera en su momento Dean Jones cuando grabó la canción en los años 70. Pero, ¿de dónde sale Being Alive?

Pues de uno de los musicales más prestigiosos de Sondheim: Company, estrenado en 1970. Sondheim partió de un libreto de George Furth en la obra que terminó por convertirle en una eminencia de Broadway, luego de los éxitos de West Side Story, Golfus de Roma y Gypsy (que en 1993 también sería adaptada con el protagonismo de Bette Milder y la televisión como destino). Tras Company vendrían Follies, las citadas A Little Night Music y Sweeney Todd, y finalmente Merrily We Roll Along, cuya adaptación está en camino.

Y es que Richard Linklater se ha propuesto desarrollar una película con el protagonismo de Beanie Feldstein y Ben Platt pero, de cara a que el envejecimiento de los protagonistas sea más realista, hará como hizo con Boyhood y la rodará a lo largo de varios años. Una forma como otra cualquiera de celebrar el legado imborrable de Stephen Sondheim, sin quien el teatro musical no sería lo que es. 

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