En una demostración de lo rápido que se mueven las diversas facciones religiosas y sectarias, cientos de musulmanes chiíes salieron luego a las calles de la capital para protestar contra lo que calificaron de insultos contra el líder de Hezbolá, Sayed Hasan Nasrala, bloqueando el acceso al aeropuerto.
'Les pido que dejen las calles, más que pedírselo, les ruego que dejen las calles', manifestó Nasrala en una llamada a la televisión del grupo.
Hezbolá había amenazado con sacar multitudes a la calle para derrocar al que califica de gobierno marioneta de Occidente, pero el asesinato de Gemayel le ha obligado a posponerlo.
Seis de sus ministros y sus aliados, dejaron el gabinete este mes después de que fracasaran las conversaciones multipartitas para dar a la oposición un poder efectivo de veto.
Por la mañana, multitudes ondeando las banderas de Líbano y del Partido Falange de Gemayel abarrotaron la Plaza de los Mártires de Beirut, celebrado en la Catedral maronita de San Jorge, en recuerdo del político de 34 años y su chófer.
Los dirigentes musulmanes suníes, drusos y cristianos, juntos detrás de un cristal antibalas, hicieron un llamamiento a la solidaridad en la lucha contra la influencia de Siria y sus aliados.
'No descansaremos hasta que todos los criminales sean llevados ante la justicia', manifestó a los presentes Amin Gemayel, ex presidente del país y padre del asesinado.
El ministro de Industria murió tiroteado el martes, en el sexto asesinato de una figura antisiria en menos de dos años en Líbano.
El Gobierno asegura que sus oponentes, apoyados por Siria y dirigidos por Hezbolá, quieren debilitarlo y evitar la formación de un tribunal internacional bajo el auspicio de la ONU que se está intentando establecer para juzgar a los sospechosos del atentado en el que murió el ex primer ministro Rafik al Hariri en febrero de 2005.
Fuentes oficiales dijeron que el primer ministro, Fuad Siniora, convocó a su reducido gobierno a una reunión el sábado para aprobar los planes del tribunal.
CRISIS POLÍTICA
La asistencia fue masiva pero no tan multitudinaria como la que se dio el 14 de marzo del pasado año tras la muerte de Hariri, cuando un desbordamiento de ira antisiria, unida a la presión internacional forzó a Damasco a retirar sus tropas de su pequeño vecino del sur tras 29 años.
La capital se paralizó por completo. Tiendas, colegios, bancos y oficinas gubernamentales cerraron para permitir a la población unirse al duelo.
Muchos asistentes llevaban pancartas que pedían la dimisión del presidente libanés, Emile Lahud, respaldado por Siria y cuyo mandato fue prolongado en 2004. 'Agente de Bashar, sal de Baabda (el palacio presidencial)', decía una pancarta en referencia al presidente sirio, Bashar al Asad.
Los dirigentes antisirios dicen que Damasco hizo matar a Gemayel para intentar hacer fracasar los planes del tribunal internacional. Los informes preliminares de una investigación de la ONU sobre el atentado de Hariri implicaron a responsables de seguridad sirios y sus homólogos libaneses, pero Siria niega cualquier conexión.
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó el miércoles una petición del Gobierno libanés para sumar el asesinato de Gemayel a la serie de atentados anteriores que está investigando.
/Por Yara Bayumi/


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