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Un astrofísico español, sobre DART: "Es imposible que el asteroide cambie el rumbo y se convierta en una amenaza para la Tierra"

La nave DART, a unos segundos del impacto contra el asteroide Dimorphos.
La nave DART, a unos segundos del impacto contra el asteroide Dimorphos.
NASA / TWITTER (CAPTURA DE VÍDEO)
La nave DART, a unos segundos del impacto contra el asteroide Dimorphos.
NASA

Conseguido: la NASA ha logrado por primera vez en la historia la colisión por impacto cinético de una nave espacial contra un asteroide. Una maniobra que supone un hito en la defensa planetaria, ya que nos puede proporcionar información muy valiosa sobre cómo deberíamos afrontar la posible futura amenaza de un cuerpo celeste. 

Hablamos de DART, la misión de la NASA -en la que participan otras entidades internacionales- que pretende demostrar que el impacto cinético de un artefacto -en este caso una nave espacial de unos 550 kilogramos de masa y de mayor tamaño que un autobús- puede cambiar la órbita de un asteroide y, por lo tanto, desviarlo. 

El impacto de DART contra el asteroide Dimorphos va a ser "fundamental para poder tarar todos los modelos de colisión que ya existen", explicaba Adriano Campo Bagatin, físico doctorado en Astronomía involucrado en la misión DART a través de la Universidad de Alicante.

"En el caso de que haya una potencial amenaza futura, en primer lugar, ya conoceríamos cuál sería el efecto de un impacto de este tipo, por lo que podríamos escalar la masa, la velocidad y el resto de los parámetros según las necesidades -según el tamaño, la distancia y la velocidad del asteroide que se acercase a la Tierra-. Se podría incluso tener preparadas una serie de sondas y solo faltaría subirlas a un cohete y apuntar al objetivo. Por lo tanto, conociendo esta posible amenaza con al menos un par de años de antelación, podría ser posible evitarla", añadía.

Sin embargo, muchos se preguntan si esta colisión ha podido tener efectos adversos.  ¿Hay alguna posibilidad de que con la maniobra de DART hiciéramos que este asteroide, actualmente inofensivo, cambiase radicalmente su rumbo y se convirtiera en una amenaza para la Tierra?

"La respuesta es radicalmente no. No hay ninguna posibilidad de que eso ocurra, está calculado de manera inequívoca", subrayaba para 20BITS el astrofísico Campo.

Medidas de la nave DART y de los asteroides Didymos y Dimorphos.
Medidas de la nave DART y de los asteroides Didymos y Dimorphos.
NASA

¿Cuál sería el alcance de los daños en una amenaza real?

El 15 de febrero de 2013, un asteroide no detectado entró en la atmósfera de la Tierra y explotó sobre Chelyabinsk, Rusia, provocando un estallido en el aire y una onda expansiva que golpeó a seis ciudades de la región. La explosión hirió a más de 1.600 personas y causó daños estimados en 30 millones de dólares.

"Fue un claro recordatorio de que potencialmente objetos peligrosos pueden entrar en la atmósfera de la Tierra en cualquier momento, y que incluso los relativamente pequeños pueden ser de preocupación", afirman desde la agencia espacial estadounidense. El objeto de Chelyabinsk tenía un tamaño de aproximadamente 18 metros.

Tabla de daños que podría causar un asteroide contra la Tierra, según la NASA.
Tabla de daños que podría causar un asteroide contra la Tierra, según la NASA.
NASA

Para estar ante un destructor total tendríamos que estar en el camino de un asteroide de 10.000 metros de diámetro, si bien uno de 1.000 ya podría suponer una devastación global y un posible colapso de la civilización. La buena noticia es que este tipo de objetos son muy poco abundantes y su frecuencia de colisión contra la Tierra es de 1 cada 100-200 millones de años.

Un asteroide de unos pocos metros se fragmentaría al entrar en contacto con nuestra atmósfera, y, aparte de un cierto resplandor y algunos meteoritos consecuencia de la fragmentación inicial, no tendría mayores consecuencias.

Si un asteroide como Dimorphos, de tamaño medio, viniera hacia la Tierra produciría la devastación total de un área equivalente a una provincia, pérdida masiva de vidas y un cráter de 1-2 kilómetros de diámetro. La frecuencia de colisión de un objeto como este es de 1 cada 20.000 años, aproximadamente, pero se estima que hay alrededor de 25.000 cuerpos celestes de ese tipo acechando ahí fuera.

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