Ciencia

Hallazgos en Tíbet arrojan luz sobre vida prehistórica y adaptación a altitud

Palacio de Potala, en Lhasa, Tíbet.
Kay Maeritz / GTRES

Nuevos descubrimientos arqueológicos en la región autónoma del Tíbet han permitido arrojar luz sobre la forma de vida de sus habitantes durante la prehistoria y el proceso humano de adaptación a entornos extremos con bajas temperaturas y niveles de oxígeno.

Los hallazgos fueron presentados este jueves por la Administración de Patrimonio Cultural de China y se distribuyen en cuatro yacimientos diferentes, aunque el principal es el de Chere (prefectura de Ngari), que data del Holoceno y donde se han recuperado unas 5.000 piezas, según informó la televisión estatal CCTV.

Útiles de piedra, huesos de animales y restos de fogatas revelaron la existencia de actividad humana durante dos periodos históricos distintos en la zona y ayudarán a recopilar información sobre el modo de vida hace entre 8.000 y 10.000 años.

Según las autoridades culturales, los descubrimientos también facilitarán datos sobre el proceso de adaptación a la meseta Qinghai-Tíbet de sus antiguos pobladores.

Mientras, los trabajos en el yacimiento de Mahao en la ciudad de Shigatse han permitido recuperar diez tumbas y numerosos objetos pertenecientes a un asentamiento prehistórico de 4.000 años de antigüedad, entre ellos herramientas de piedra y hueso, cerámica y adornos hechos de molusco y jade.

Los enterramientos de Mahao -que son de tres tipos incluyendo sarcófagos- son de "gran importancia" para Patrimonio, ya que posibilitarán "explorar el proceso y las estrategias de adaptación humana a entornos extremos con temperaturas muy bajas e hipoxia".

Hallazgos evidencian "intercambios e integración entre distintas etnias"

También fueron presentados en el mismo informe hallazgos en el yacimiento de Gebu Sailu, en la prefectura de Ngari, y en el cementerio de Dangxiong, en Lhasa, donde se han localizado 52 tumbas selladas de las que se han excavado 14 y se han recuperado huesos humanos y animales; utensilios de oro, plata, bronce, ágata y lapislázuli, y textiles.

Los sepulcros de este último lugar datan de los siglos VII a IX de nuestra era y los objetos que guardaban "muestran una cercana conexión con la cultura de las llanuras centrales, una importante prueba de que (en esa época) existían intercambios e integración entre distintas etnias", agrega el informe.