¿Tienes mucho reflujo? Cuidado con el esófago de Barrett, una complicación poco común pero peligrosa

  • El reflujo es muy común, pues afecta a una de cada diez personas al menos una vez a la semana. 
  • Si se produce de forma habitual, estaríamos hablando de enfermedad por reflujo gastroesfágico o ERGE.
La Enfermedad por Reflujo Gatroesofágico (ERGE) provoca síntomas como pirosis, dolor de estómago o dificultad para tragar.
La Enfermedad por Reflujo Gatroesofágico (ERGE) provoca síntomas como pirosis, dolor de estómago o dificultad para tragar.
Darko Djurin / Pixabay

Tener acidez, reflujo o ardor de estómago es algo bastante frecuente, sobre todo después de ingerir determinados alimentos o de comidas copiosas o grasas. Y es que, el reflujo del estómago al esófago es algo normal, que sucede varias veces al día en personas sanas sin provocar síntomas. De hecho, se calcula que uno de cada diez adultos tiene síntomas relacionados con el reflujo por lo menos una vez a la semana.

 Cuando ese reflujo provoca síntomas de manera habitual, tales como pirosis, ardor, presión en el pecho, dolor de estómago o dificultades para tragar, entre otros, estaríamos hablando de Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico (ERGE). Por suerte, la gran mayoría de los pacientes con ERGE nunca llegará a desarrollar complicaciones. Una mínima parte, padecerá lo que se conoce como Esófago de Barrett es una complicación asociada a la ERGE y que, en casos muy raros, puede derivar en un cáncer de esófago.

Por qué se produce el ERGE

La Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico (ERGE) se produce cuando el esfínter que une el estómago con el esófago se relaja más de lo que debería permitiendo el ascenso de los ácidos del estómago al esófago. Una de las causas principales de este reflujo habitual es la hernia de hiato, lo que provoca que este esfínter pierda fuerza y no funcione correctamente. También pueden desencadenarlo ciertos medicamentos, una mala dieta, la obesidad o el consumo de alcohol y tabaco de forma habitual. Esto da lugar una serie de síntomas como:

  •  Pirosis, sensación de ardor o acidez en la boca del estómago o en el centro del pecho o sabor ácido en la garganta. Este es el síntoma más frecuente.
  • Dolor de estómago, al tragar o en el pecho.
  • Disfagia o dificultad para tragar
  • Faringitis o ronqueras crónicas.
  • Regurgitación
  •  Otros síntomas más graves, como neumonía, sensación de ahogo o sinusitis.

Cómo se diagnostica y cómo se trata

El ERGE se diagnostica a través de sus síntomas y se trata generalmente con Inhibidores de la bomba de protones (IBP) (como el omeprazol), aunque también se puede prescribir, procinéticos -que mejoran el vaciamiento gástrico- o Anti-H2, cuando la sintomatología el leve. El más común es la ranitidina. Los antiácidos no se recetan para el ERGE, pues solo están indicado cuando la acidez es puntual.

Además, se recomiendan una serie de medidas higiénico alimenticias, que nos recuerda la Federación Española del Aparato Digestivo:


  • Evitar el sobrepeso y la obesidad.
  • Moderar -o si produce síntomas muy acusados, evitar- los siguientes alimentos: café, té, chocolate, picantes, ajo, fritos, cítricos o otros alimentos ácidos y bebidas gaseosas o alcohólicas.
  • No Fumar.
  • No saciarse mucho al comer, es preferible hacer más comidas pequeñas
  • No acostarse o tumbarse después de comer.
  • Evitar la ropa mu ceñida a la cintura.
  • Elevar la cabecera -no la almohada- de la cama unos 10-15 centímetros. Y tumbarse sobre el costado izquierdo, pues hacerlo del derecho puede empeorar los síntomas.
  • Vigilar los medicamentes que se toman y no automedicarse. Por ejemplo, el ibuprofeno u otros antiinflamatorios muy comunes están contraindicados en caso de reflujo.

Esófago de Barrett, una complicación poco común pero peligrosa

En casos en los que el diagnóstico sea dudoso o existen síntomas más complejos, es común realizar una endoscopia para determinar si existen complicaciones. Las más comunes son esofagitis (heridas o lesiones en la mucosa del esófago), estenosis (estrechamiento del esófago) y Esófago de Barrett, una complicación muy poco común que se produce cuando las células normales de la línea de transición entre esófago y estómago son reemplazadas por otras diferentes, más parecidas a las células del intestino. Esta trasformación es una consecuencia del daño reiterado que el ácido del estómago produce en la mucosa esofágica. Para protegerse de eso daños, la mucosa esofágica ‘se transforma’ en algo más parecido ala mucosa intestinal, más resistente al ácido. El inconveniente es que esas células son más proclives a transformarse en células malignas.

El esófago de Barrett no provoca síntomas por sí mismo, sino que sus síntomas son los propios del ERGE, por eso es necesario hacer una endoscopia y una biopsia para diagnosticarlo. Esta prueba también determinará si existe displasia -desarrollo anómalo de un tejido- y en qué grado.

¿Cómo se trata? ¿Hay riesgo de padecer cáncer de esófago?

Dependiendo de si hay o no displasia y del grado de esta, el Esófago de Barret se tratará de un modo u otro, pero en cualquier caso se recomendarán el tratamiento y medidas higiénico alimenticias recomendadas para el ERGE y un seguimiento mediante gastroscopias y biopsias regulares, generalmente cada tres años si no hay displasia.

En caso de displasia, se puede proceder a una intervención quirúrgica o endoscópica para retirar el tejido dañado. Cuanto mayor sea el grado de displasia, mayor será la posibilidad de padecer un cáncer de esófago. Aun así, no hay que alarmarse, pues el riesgo sigue siendo bastante bajo,de aproximadamente un 0,5% por año, sobre todo si se siguen las indicaciones médicas en cuanto a medicación, hábitos y revisiones periódicas.

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