Calamares rebozados
Calamares rebozados EMMA GARCÍA

Verano, playa, chiringuito y calamares forman un excelente cuarteto. Es verdad que algunos de estos locales de playa no tienen -o tenían- muy buena fama, y que podríamos discutir horas sobre los nombres de los calamares rebozados según dónde estemos y si es mejor pedir otra cosa...

Pero al tema. El caso es que si nos entra el antojo casero y no tenemos ni playa ni chiringuito a mano, siempre podemos atrevernos con una versión casera. De hecho, hacer unos bien ricos es suficientemente fácil como para que se nos quiten las ganas de volver a comprar esos que ya venden congelados y con el rebozado incorporado.

Sólo necesitamos, como siempre, producto de buena calidad y un rebozado básico de harina y huevo. Los calamares podemos comprarlos frescos, pero tampoco hay ningún problema en usar congelados, incluso si vamos muy apurados de tiempo podemos comprar las anillas congeladas ya limpias y listas.

Ingredientes

  • 800 gr. de calamares limpios
  • 100 gr. de harina de trigo
  • 2 huevos
  • Sal

Preparación

Empezamos por cortar en anillas de un centímetro los calamares que ya deben estar limpios, dejando aparte para otro tipo de plato los tentáculos y trozos sobrantes. Si compramos los calamares frescos podemos pedir en la pescadería que ellos mismos los limpien bien y corten las anillas. Si hemos optado por calamares congelados, lo ideal sería haberlos pasado del congelador al frigorífico el día anterior y antes de cocinarlos quitar todo el líquido que hayan soltado.

En un plato ponemos la harina y en un bol o plato hondo batimos los dos huevos. Primero pasamos los calamares por la harina y les damos un golpecito antes de pasarlos por el huevo para que suelten la harina sobrante. Los pasamos por el huevo y ya estarán listos para freír. Lo ideal es ir haciendo cadena: harina, huevo y freír. Podemos añadir un poco de sal al huevo.

En un cazo o sartén honda ponemos una buena cantidad de aceite de oliva o girasol (unos 400 milímetros) y lo calentamos. Si ponemos un palillo y empieza a burbujear es que ya está suficientemente caliente para echar los calamares.

Freímos los calamares sin echar mucha cantidad para que no se peguen entre ellos. No necesitan mucho tiempo, así que cuando estén dorados los sacamos y los dejamos sobre un plato o bandeja con papel de cocina para que absorba el aceite. Podemos servirlos con limón, compañero inseparable. No aguantan muy bien el paso de las horas, así que mejor comer en caliente y que no sobren. Seguramente no será un problema.