Donald Trump y Facebook
Una silueta de Donald Trump saluda con el dedo hacia arriba de Facebook. Henar de Pedro

Casi de forma cíclica, un escándalo sobre filtraciones, agujeros de seguridad o cambios en los términos de uso nos recuerda lo expuesta que está nuestra privacidad en el mundo hiperconectado del siglo XXI. El último cataclismo de este tipo ha golpeado, y con fuerza, a Facebook, no tanto por los datos que recopila de sus usuarios –cosa que no sorprende ya a casi nadie– sino por el uso que se puede hacer de los mismos si existen malas intenciones.

La red de Zuckerberg

Pero, ¿qué sabe Facebook de sus usuarios? Cada uno puede averiguar exactamente qué información tiene la red social de él recurriendo a la opción 'Descargar una copia de tu información'. Ahí se encontrará con datos esperables como el nombre y apellidos, la fecha de nacimiento, los intereses personales o la situación laboral y sentimental, detalles que cada uno aportar voluntariamente a Facebook, así como todas las publicaciones, fotos y vídeos subidos.

Sin embargo, Facebook sabe muchísimo más que eso. La red social registra la hora y el día en el que se ha iniciado cada sesión, en qué dispositivo, a través de qué navegador, la IP, el lugar y el establecimiento desde el que se realizó la conexión, la información sobre la red Wi-Fi utilizada, los lugares en los que el usuario ha estado recientemente...

Además, Facebook sabe el número de teléfono del usuario pero también el de sus contactos personales así como todas las llamadas o los SMS realizados y recibidos con ese dispositivo. Aunque el punto que más le interesa a la compañía es el referente a los anuncios, donde registra en cuáles se ha hecho clic y utiliza dicha información para ofrecer publicidad personalizada.

Lo inquietante llega al pensar que toda esa información acaba en manos terceras empresas, lo que no solo implica una mayor difusión de dichos datos sino que aumenta la pérdida de control de los mismos y multiplica el riesgo de filtraciones.

Google omnipresente

Si sorprende lo mucho que Facebook sabe de sus usuarios, la información que atesora Google casi da miedo. El gigante de Mountain View está en todas partes: su buscador, el navegador Chrome, el sistema operativo Android, Chromecast, YouTube, Google Maps, Gmail...

Gracias a estos servicios y muchos otros, muy utilizados, Google sabe perfectamente quién eres, qué te gusta, dónde vives, dónde has viajado, cuándo y cómo, la tarjeta que utilizas para comprar, la gente con la que hablas a través de Hangouts, qué aplicaciones utilizas e incluso retiene todas las fotografías que has hecho con el móvil, aunque las hayas borrado. Es más, también lee todos tus emails, información que luego utiliza con fines publicitarios.

Google afirma que "no le vende tu información a nadie". No lo necesita, ellos son capaces de sacarle mucha rentabilidad sin contar con terceros. En internet nada es gratis, si algo no lo pagas con dinero, lo estás haciendo con tus datos personales.

En un intento por demostrar esa transparencia, de la que también Facebook presume, Google habilitó la pestaña de 'Mi actividad', donde el usuario puede ver toda la información que Google tiene sobre él.

Detrás de whatsapp

En realidad, la mayor parte del problema no es que las páginas web, redes y aplicaciones recopilen datos de los usuarios sino que estos se los entregan voluntariamente al aceptar esas largas parrafadas de términos y condiciones que casi nadie lee.

Al aceptar por ejemplo las de Whatsapp, el servicio de mensajería instantánea más popular (y propiedad de Facebook), la aplicación no sólo accede al listado de contactos y agenda telefónica –que actualiza periódicamente– sino que además recopila nombres, direcciones de domicilios y correos electrónicos. Por otro lado, guarda de forma temporal en sus servidores las fotos, vídeos, contactos y ubicaciones enviados.

Más sorprendente aún es el hecho de que, a través de las cookies del dispositivo, obtiene todos los datos de navegación y sabe qué páginas web ha vistiado el usuario.

La invasión de las 'apps'

Las aplicaciones, presentes en redes como Facebook, en navegadores web y, sobre todo, en los smartphones, vienen acompañadas todas y cada una de ellas con sus páginas de términos y condiciones de uso que los usuarios aceptan sin prestar demasiada atención.

Por desgracia, aunque la ley europea de protección de datos es tan exigente con ellas como con cualquier gigante de la red, un análisis reciente realizado por un grupo de más de 40 agencias de protección de datos revela que solo un 60% de las aplicaciones actuales disponen de política de privacidad e informan adecuadamente a los usuarios.

Un 75% de las aplicaciones analizadas solicitan uno o más permisos al usuario. Entre los más requeridos se encuentran los datos de localización, la identificación del teléfono, el acceso a los contactos de la agenda y a las fotos. Un 39% piden permisos que se consideran excesivos. La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) señala que las apps más populares y con mayores descargas son las que mejor cumplen la normativa.

¿Qué hacer?

Los expertos están de acuerdo en que no hay muchas opciones más allá de borrar toda esa información (Facebook y Google lo permiten) y dejar de utilizar esos servicios. Navegar en modo incógnito puede ayudar, pero tampoco demasiado.