Chemsex
Captura del vídeo de una campaña puesta en marcha por la Felgtb para alertar de los riesgos del chemsex. FELGTB

Chemsex es el uso de drogas para las relaciones sexuales. Y cuando a las drogas y al sexo se unen las aplicaciones para quedar con desconocidos en sesiones de grupo que duran de varias horas a varios días, sin profilaxis, ponen en alerta a los expertos en enfermedades infecciosas, que han advertido este miércoles en Madrid de que "no es un fenómeno incipiente, pero sí poco conocido y poco tenido en cuenta", en palabras del jefe del servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Ramón y Cajal, Santiago Moreno.

Los especialistas han convenido que es necesario elevar al chemsex a la categoría de "problema de salud pública" en España, para poder comenzar a abordarlo en todos los ámbitos sanitarios. No solamente por los efectos de las adicciones a las drogas en quienes lo practican, sino por el riesgo de aumento de infecciones de transmisión sexual (de sífilis o clamídeas a VIH).

El chemsex en España lo practican principalmente hombres que tienen relaciones con otros hombres (homosexuales o bisexuales). Los especialistas advierten de que no responden al perfil típico de adictos a las drogas y resaltan que la mayoría de ellos no consideran problemático el consumo de sustancias asociado al sexo.

"Los estudios nos dicen que su perfil es el de un hombre autóctono (71,6%), homosexual (96,1%), sin pareja (61,1%), que practica chemsex en una gran urbe, universitario (67,9%) y activo laboralmente (83,5%); su mediana es de unos 35 años. Usan las drogas para incrementar el placer y la resistencia física. También nos dicen los estudios que usan aplicaciones móviles (como Grinder o Scruff) para quedar en sus 'sesiones' o chills en saunas o en domicilios privados".

Aunque las sustancias estupefacientes que emplean son variadas y cambian con el tiempo, las que suelen venir de la mano habitualmente en el chemsex son la mefedrona ('mefe' o 'miaow', en jerga), el GHB (éxtasis líquido o Gina) y el cristal (Tina). El cristal es una droga estimulante, como la mefedrona, que tiene un pico de acción corto y euforizante que conlleva un uso compulsivo. Según los expertos, esto está produciendo que se consuma cada vez más de forma intravenosa, un fenómeno conocido como slamming que, aunque todavía residual, preocupa por sus graves afectaciones. Por su parte, el GHB lo utilizan para intensificar orgasmos y reducir la ansiedad. Pero los expertos advierten de que se trata de una "droga depresora que puede llegar a producir el coma".

"El objetivo del consumo de drogas es favorecer la sociabilidad y la función sexual y propiciar tipos específicos de prácticas sexuales menos convencionales, con una disminución de las precauciones", ha recordado Ignacio Pérez Valero, doctor en el Hospital La Paz de Madrid. Pérez Valero ha asegurado que, en ocasiones, hay sesiones en las que se introduce el riesgo añadido de un invitado, de incógnito, que tiene el VIH y convierte la práctica en "una ruleta rusa" sexual o bugchasing.

En cuanto a la prevalencia, los expertos recuerdan que no existen datos oficiales a nivel estatal, tan solo estudios realizados por los hospitales o centros de atención a las infecciones en Madrid y Barcelona. Ambas ciudades, junto con València o Málaga, son donde se ha demostrado que más se practica el chemsex.

En el hospital Clinic de Barcelona, el equipo de enfermedades infecciosas que lidera el doctor José Luis Blanco realizó entre sus pacientes una encuesta sobre uso de drogas recreacionales en encuentros sexuales. El 41% de los 1.032 participantes (428) refirieron haber consumido alguna sustancia en chemsex: Popper, viagra y cocaína, además de las asociadas al chemsex. La inyección de mefedrona, o slamming, no alcanzaba al 1%. Algo muy marginal pero que se complica con un fenómeno que llega desde Alemania, el bloodyslamming, que consiste en compartir jeringuilla con sangre "en un rito de hermanamiento". De todos ellos, solo un 14% se mostraban de alguna forma preocupados por el chemsex.

Los expertos piden ir al origen del fenómeno, que entroncan no exclusivamente con la juerga y el descontrol, sino también con las nuevas formas de conocer gente, a través de las apps, por parte de hombres que no se atreven a practicar sexo sin dicho influjo o que huyen de la aceptación de la homosexualidad.

Explican, además, que el nuevo paradigma de consumo dual de drogas y sexo en hombres que no tienen conciencia de su adicción obliga a un abordaje de la situación desde el punto de vista sociosanitario diferente al de las adicciones a las drogas clásicas. "Hay una necesidad de estudiar nuevos modelos de intervenciones y de no hacer como si el problema no existiera o como si fuera menor", denuncian, y añaden: "No es la adicción clásica. Tiene impacto en la salud mental".

El Clinic ha abierto este año la primera consulta específica sobre chemsex dos días a la semana, pero ya está desbordada y estudian la posibilidad de ampliar. Sus colegas de varios hospitales de Madrid se plantean abrir servicios similares. En la capital, la ONG Apoyo Positivo tiene un dispositivo con un centenar de afectados, a los que además de proporcionar asistencia médica integran en un programa de ayuda psicológica.