Puesto de comida Saarj en Nueva Orleans.
Puesto de comida Saarj en Nueva Orleans. Tunde Wey

En Saartj, un restaurante efímero de Nueva Orleans especializado en comida nigeriana, el menú cuesta 12 o 30 dólares dependiendo del color de la piel del cliente.

Aunque pueda sonar extraño, el puesto del chef Tunde Wey en un mercado de comida callejera ofrece los mismos platos a blancos y negros, salvo que los segundos pagan el precio normal, mientras que los clientes blancos tienen que pagar 2,5 veces más, con lo que el ticket por la misma comida sube hasta los 30 dólares.

¿Y a qué se debe esta especie de discriminación racial en sentido inverso al habitual? ¿Por qué esos 18 dólares de diferencia?

Se trata de un experimento -explica el cocinero y advierten varias pizarras junto al puesto de comida- para concienciar sobre la diferencia de ingresos entre la población blanca y afroamericana de Nueva Orleans. Una brecha enorme expuesta aquí de una forma que todo el mundo puede entender. O casi todo el mundo, porque no han faltado quienes han criticado la idea e incluso hablado de "racismo blanco".

Una idea similar a la que ya proponía hace tiempo una cafetería australiana en la que, para denunciar la brecha salarial  entre hombre y mujeres, estos tenían que pagar un 18% más por su consumición.

Igual que en el aquel caso, evidentemente, no se trata de una cuestión de dinero, sino de visibilizar un problema. De hecho, durante las semanas que este puesto de comida ha estado operativo, a los clientes blancos se les explicaba el proyecto y se les proponía la opción de pagar 30 dólares en lugar de los 12 habitules. En el caso de los clientes afroamericanos, no sólo se les cobrabra 12 dólares, sino que se les ofrecía la posibilidad de repartirse lo que los blancos pusieran de más.

¿Y cuales son las conclusiones de esta experiencia? Según explica el chef a NPR, el 80% de los clientes blancos decidieron pagar el precio más algo, mientras que un porcentaje similar de los consumidores afroamericanos recharazaron la idea de llevarse los 18 euros como una especie de reditribución simbólica de la riqueza, e incluso muchos también quisieron pagar los 30 dólares.


"Una de las cosas que hablar con los clientes me ha permitido conocer -explica Wey- es que la brecha económica es algo que afecta mucho a la población negra, mientras que en el caso de los blancos incluso quienes conocen los datos no llegan a hacerse una idea de sus privilegios".

Sin duda una muestra más de que la gastronomía puede servir, tal vez no para cambiar el mundo, pero sí para señalar algunas injusticias.