Padres por gestación subrogada
Anabel Manchón y Rubén García, padres por gestación subrogada de su hijo Rafael. JORGE PARÍS

Madres solteras, parejas con problemas de fertilidad, homosexuales... cada vez más personas recurren en España a diferentes técnicas de reproducción asistida o a la adopción para poder cumplir su ansiado sueño de ser padres.

Ya en 2014, nuestro país se convirtió en el primero de Europa, y el tercero del mundo, en elegir los tratamientos de reproducción asistida con 156.865 ciclos —tratamientos completos—, según datos del Ministerio de Sanidad. La misma fuente informa que las adopciones nacionales han ido in crescendo: en 2015 2.872 familias la solicitaron, cifra que contrasta con las 1.431 del año previo; y las internacionales siguen en caída: de 824 en 2014 a las 799 de 2015.

"Ahora hay más infertilidad porque se retrasa cada vez más la edad de tener hijos", argumentan desde la Asociación nacional para problemas de infertilidad (Asproin). "Los 35 es una edad muy habitual para que a las mujeres nos entre la prisa y está relacionada con la bajada de la fertilidad... quizá el cuerpo nos manda señales", declara Eva María Bernal a 20minutos.

Esta madrileña, que ahora tiene 49 años, decidió que quería ser madre a los 35, cuando se sometió a su primer tratamiento de inseminación. "No tenía ningún problema [de fertilidad] pero mi hijo mayor me costó un año y medio y cinco tratamientos", afirma. Al quinto lo consiguió y a los 38 tuvo a Rodrigo, que ahora tiene 11 años.

"El reto más difícil fue aguantar"

Eva María Bernal, madre soltera por inseminación artificial y donación de embriones.Eva tenía claro que repetiría porque —dice— "cuando se quiere aumentar la familia el deseo es tan fuerte que, aunque hay quien lo deja, otras muchas luchamos". Y así fue. Nada más nacer su primogénito empezó a prepararse mentalmente para el siguiente y a los dos años empezó un proceso que se complicó aún más: ocho tratamientos en tres años. "El reto más difícil fue aguantar. Era una cuestión económica y de aguantar", afirma. "Me sometí a cuatro Fecundaciones In Vitro (FIV) y a la quinta ya no podía porque tenía 40 años. Decidí pasar a donación de óvulos, estuve dos años y realicé tres completas", explica. Así llegó un momento en el que Eva casi tira la toalla porque "ya no tenía dinero y estaba agotada".

La reproducción asistida es un proceso: lo habitual es empezar por inseminación, fecundación in vitro, donación de óvulos, donación de embriones. Estos tratamientos son "bastante costosos". La ovodonación que está entre los 6.000 y los 9.000 euros cada ciclo. En el polo opuesto está la inseminación, más sencillo y barato (entre 600 y 1.500€), seguido de la donación de embriones (900-4000 €) y los FIV (3.000 y 6.000). 

Si tienes que intentarlo varias veces... entre 30.000 y 60.000 euros se gasta mucha gente

También es cierto que nada tienen que ver con las cantidades que una mujer puede gastarse cuando la cosa se complica: "Si tienes que intentarlo varias veces... entre 30.000 y 60.000 euros se gasta mucha gente", comenta. Eso sin llegar a las técnicas de gestación subrogada, cuyo precio va desde los 30.000 hasta los 80.000 euros, o la adopción, que varían según el país.

Sin embargo, a los 44 años, la vida le dio otra oportunidad: "Me enteré de una clínica cuyo tratamiento era bastante económico y como mi problema era la edad, probé con la donación de embriones. Me quedé a la primera". Así llegaron los mellizos Martín y Aitana. Ahora, cinco años después de tenerlos, confiesa que "la maternidad es muy difícil y la materindad en solitario más todavía" porque "el problema de estar tú solo es que es todo para ti: la intendencia, la economía, la demanda emocional…" aunque no se arrepiente.

Esta mujer, igual que muchas, encontró asesoramiento "a base de foros" y por ello, —declara— "decidí que toda la experiencia que había adquirido había que profesionalizarla y estar un poco a caballo entre las clínicas y los pacientes". Actualmente es asesora en reproducción asistida y ha escrito tres libros: Mi maternidad asistida, Ser madre por donación de embriones y Madre sola por elección, donde cuenta su historia personal.

"Las políticas o instituciones no se acuerdan de nuestro modelo de familia"

Rosa Maestro y sus hijas Alba, por inseminación artificial, y Luna Nabila, por adopción internacional en Marruecos.Por una situación parecida pasó Rosa Maestro. También madrileña, el año 2001 decidió que "como las parejas no fueron como quería que fuesen, era mejor ser madre sola que después terminar en separación". Tenía ya 38 años y las ideas claras. Tanto es así que "termino una relación en octubre y en noviembre estaba inseminándome", explica y añade: "a la primera tuve la suerte de quedarme embarazada con donante de esperma y estimulación ovárica". Entonces nació Alba, que ahora tiene 13 años.

Sin embargo, Rosa siempre supo que quería adoptar e incluso antes de someterse a ningún tratamiento de fertilidad inició los trámites: "decidí primero ser madre biológica por mi edad y luego reanudar la adopción". Al quedarse embarazada cerró expediente y tuvo que esperar a que su hija tuviera nueve meses para poder reabrirlo. Y así lo hizo. Tras este tiempo comenzó todos los papeleos con la Comunidad de Madrid para adoptar en Panamá pero, "después de dos años allí, las leyes cambian y ya no aceptan adopción para monoparentales".

Todo se complica, vuelve a Madrid y decide volver a la reproducción asistida: "Me hago otros tres tratamientos y fallan los tres". A partir de ahí, ya con 42 años, se apunta en la lista de espera de ovodonación (unos nueve meses) pero en ese tiempo escucha hablar de las adopciones en Marruecos, no se lo piensa y viaja allí. "Al mes y poco de bajar" ya le habían asignado una niña de 8 meses que vivía en un orfanato. El proceso de adopción duró un año y medio y en 2010, con 45 años, consiguió volver a España con su hija Luna Nabila.

En los procesos adoptivos, la persona que se decide a adoptar tiene que tener "un pequeño colchón económico" porque sino es difícil entrar, matiza Rosa. No tienes que abonar ninguna cantidad como en la reproducción asistida pero "las agencias tienen sus precios por hacerte las gestiones y los abogados también", además "tienes que hacer una donación al orfanato (donde residía el menor)" y "todo el gasto está entorno a los 10.000 euros si el proceso no es complicado", explica esta madrileña.

"Ser madre no depende de la genética"

"Yo siempre creí que había muchos niños que necesitaban de una familia y que quizás yo podía ser una opción", explica. "No creo que ser madre o no dependa de la genética. A veces hay que hacer un duelo: despedirte de tus genes y darte cuenta de que no es tan importante a la hora de tener un hijo y, una vez superes ese duelo, perfecto, adelante con el siguiente paso".

Consciente de su decisión, lo que peor lleva es "que las políticas o las instituciones no se acuerden nunca de nuestro modelo de familia" y las mayores trabas que se encontró fueron las "burocráticas" para el proceso de adopción, sobre todo por ser monoparental. Por ello, en 2008 creó su página web: masola.org, que le ayudó a distraerse "de tanta burocracia". La web ha ido creciendo y abriendo horizontes a todas las cuestiones de reproducción asistida.

Noemí Tovar, madre soltera gracias a la adopción internacional en China.Gracias a la adopción internacional Noemí Tovar también pudo cumplir su sueño. Ahora tiene pareja pero cuando estaba entrando en la cuarentena decidió que no podía posponer más la maternidad. Se sometió a tres FIV que resultaron negativas y vió que la adopción "era la otra posibilidad".

"Por aquel entonces, en el 2000, las mujeres solteras podíamos adoptar en China o Rusia", explica. Y como no tenía nada que perder, comenzó los trámites con la Comunidad de Madrid. "Cuando pasas toda la parte burocrática ya eliges país" y ella se decantó por China. Todo fue a pedir de boca, dejó a un lado la ovodonación, "en mayo de 2003 llegó mi expediente a China y diciembre de ese mismo año ya tenía a mi hija conmigo", cuenta.

Cuando le asignaron a la niña, Silvia Jie tenía 11 meses y Noemí ahora se arrepiente de no haber ido directamente a la adopción porque el proceso de reproducción asistida: "Es doloroso, oneroso y muy frustrante. Psicológicamente duro". "Fui madre adoptando y es el amor más maravilloso que he sentido y no es un tópico. No es un proceso racional, es más emocional". Esto cuenta en su libro La mirada de Silvia Jie, el reto de ser madre adoptiva.

"El cáncer de mama apareció y no podía quedarme embarazada"

Anabel, madre de un niño por gestación subrogada.El cáncer de mama apareció en la vida de Anabel Manchón cuando esta tenía 36 años, solo un año después de plantearse, junto a su marido, que querían ser padres: "Primero te pones a estudiar, luego a trabajar, luego te casas, te compras una casa...", explica. "Ya en proceso de quedarme embarazada fuimos al ginecólogo y este me dijo 'párate porque hemos visto algo que tiene mala pinta'". Le diagnosticaron cáncer de mama y a partir de ahí, en dos años se sometió a tres operaciones, una quimioterapia y dos radioterapias.

En este complicado proceso, dice, "tuve incluso que volver a aprender a andar porque el cáncer se extendió a la columna. No puedo coger peso y así no iba a soportar un embarazo". A pesar de ello, quiso intentarlo por reproducción asistida, "tenía que llevar un justificante de mi oncólogo pero había riesgos muy grandes. Tuve una recaída y me dijeron que me olvidara".

Tras esto, decidieron iniciar los trámites de adopción pero "estuvimos unos años hasta que me dijeron que no me consideraban apta". Un proceso muy "frustrante" porque "nadie es perfecto y que antes que en un orfanato [un niño] está mejor con una familia", pero entiende que así intentan "salvaguardar el bienestar del menor por encima del deseo de los padres".

Me hubiera encantado gestar a mi bebé. No pudo ser y eso no me hace ser menos madre, al contrarioComo veían que por esta vía era imposible se decidieron por la acogida internacional con un niño ucraniano. "La experiencia fue buenísima pero estaba solo con nosotros en verano. Luego se va y eso no es tener un hijo". La última opción que les quedaba era la gestación subrogada: "Nos costó encontrar información porque nadie hablaba de ello", afirma y añade que "psicológicamente me costó aceptar que otra mujer gestara a mi bebé".

Finalmente comprendió que "ser madre es mucho más que gestar" y ahora tiene un niño de poco más de dos años. "Me hubiera encantado gestar a mi bebé, poder sentir sus pataditas… me hubiera encantado incluso pasar por el parto. No pudo ser y eso no me hace ser menos madre, al contrario"  —explica— porque "cuando una persona adopta a un niño nadie le dice que no es madre. Pues ser madre por gestación subrogada es lo mismo, por ovodonación igual… no importa que sea gestado o no, no importa que tenga tu biología o no; importa la intención que tú tienes, el empeño que le pones".

Ahora "recuperada, no curada", con su enfermedad en el último estadio y la metástasis controlada, con 44 años ella y su marido Rubén, crearon una empresa a raíz de ser padres (Surrofamily), Rubén ayuda y ofrece apoyo a las familias que quieren tener hijos por su mismo método. Anabel también escibió un cuento, Esperando a Pingüi, para que su hijo Rafael, cuando sea más mayor, pueda conocer su veradero orígen.

"Aunque parezca una tontería, el parecido físico para mi era importante"

Laura Puerto, madre de mellizos por donación de óvulos.Anabel no es la única madre que habla para 20minutos a la que le detectaron una enfermedad. A Laura puerto le diagnosticaron endometriosis (aparición y crecimiento de tejido endometrial fuera del útero) cuando solo tenía 22 años, una dolencia crónica y que puede conllevar infertilidad. Ese fue su caso. A priori, en un centro público Teruel le dieron solo una opción "te quedas embarazada y te quitamos los ovarios" pero "no era algo que me plantease".

Buscó una segunda opinión en una clínica privada de Valencia, la operaron, le conservaron los ovarios y le quitaron los quistes. "Quedó todo bien y como me dijero que sí que podría tener hijos no me planteé lo que me costaría en un futuro ser mamá". Después de un año casada, a los 29 años llegó el momento de inflexión. "Mi marido y yo queríamos ser papás y tras siete meses intentándolo el doctor nos dijo que él tenía la movilidad de los espermatozoides reducida y yo los valores de una hormona que mide la reserva ovárica bajos", relata y añade: "nos dijo que tenía que ser por fecundación in vitro".

En dos años, cuando Laura tenía 30, se sometió a una inseminación y tres FIV que salieron negativas y además, "el tratamiento era 'veneno' para la endometriosis y tuve que operarme una vez más porque las hormonas la volvieron a activar". Sin querer arriesgar más, se decantaron por ovodonación. Sin embargo, esta joven aragonesa no las tenía todas consigo: "me costó mucho aceptarlo. Para mí, la renuncia a mis genes fue algo muy duro y, aunque ahora parezca una tontería, el parecido físico era importante".

En la Seguridad social las esperas son muy larga y los casos muy complicados tampoco los cubre

Buscando por internet encontró varios foros y hablar con chicas que pasaban o habían pasado por su misma situación le hizo "cambiar el chip". Y comenzó el tratamiento en la clínica y con el médico que le había tratado su enfermedad porque "en la Seguridad social las esperas son muy larga y los casos muy complicados tampoco los cubre".

En ese momento, ella y su marido ya habían iniciado los trámites de adopción nacional: "queríamos ser padres de una forma o de otra y esto también me ayudó a aceptar la ovodonación" pero los interrumpieron cuando se quedó embarazada, a la primera por esta técnica de reproducción asistida. Así nacieron Antonio y Javier, dos mellizos que ahora mismo tienen dos años y cuatro meses y para los que colecciona cuentos en su estantería que le facilitarán la labor de contarles cómo llegaron al mundo. Para dar luz a su historia, Laura escribió un libro titulado Plantando cara a la infertilidad.

"Todavía sigue siendo un tema tabú"

Ana Sennet, de 36 años, en tratamiento de donación de óvulos.La más joven de todas, Ana Sennet, de 36 años, lleva siete intentando quedarse embarazada. "En un principio el problema era que mi marido tenia oligospermia (la calidad y cantidad del semen muy baja) cuenta, por ello, el ginecólogo les recomendó a ella y a su actual marido pasar directamente a la Fecundación In Vitro. "Nos hacemos tres FIV, dos de ellas con transferencia de dos embriones cada una y no fueron para adelante y a la semana de la tercera punción me tienen que hospitalizar".

Con hemorragia interna y varios días con su vida pendiente de un hilo, a la semana sale del hospital pero sus problemas se extienden dos años más. Y ya van tres y medio desde que comenzaron la búsqueda de su hijo. "Mi pareja y yo decidimos que no estamos dispuestos a volver a arriesgar mi vida por un tratamiento así y entonces recurrimos a la donación de óvulos", proceso en el que se encuentra ahora mismo a "espera de donante".

"Es verdad que el número de donantes ha disminuido un poco, entonces hay ligeros problemas a la hora de encontrar a esa persona apta para donarnos los óvulos", declara y añade: "tienen que buscar a una donante con características físicas parecidas a las tuyas (color de pelo, color de ojos, la piel…) y que no haya ningún problema genético a la hora de cruzarlo con el semen de mi marido".

Y pesar de que dice "todavía sigue siendo un tema tabú", Ana asumió rapido que "un hijo aunque no lleve tus genes es tu hijo". Para ella, el mayor "shock" llegó nada más saber que tendría que someterse a un tratamiento de reproducción asistida porque "piensas que está todo bien" y "te cambia la vida por completo".  Ahora tiene claro que algún día será madre porque "la experiencia y el haber pasado por tantos tratamientos te da la seguridad de decir 'lo conseguiré, no se por qué medio, pero lo voy a conseguir'".

Y con esta experiencia intenta ayudar a otras personas que están pasando por lo mismo a través de su blog Su vida, nuestra lucha y participa en el Grupo de Apoyo Hello!, de la mano de María Cisterna, la autora del libro No tires la toalla, hazte un bonito turbante, con el que aprendió a superar sus miedos.