Ducha
Una mujer toma una ducha con gesto de satisfacción. GTRES

Una de las costumbres más habituales es levantarse por la mañana e, inmediatamente, darse una ducha caliente. Pero si lo que pretendemos es espabilarnos para ir a trabajar, lo estamos haciendo mal.

La ducha caliente produce somnolencia. Al salir de ella y encontrar un ambiente más frío, nuestra temperatura corporal baja repentinamente, lo que favorece la conciliación del sueño. Por eso, si nos duchamos antes de ir a trabajar hay que cambiar el método.

El truco consiste en que, una vez terminado el último enjuague, seleccionar el agua más fría que se pueda resistir y colocarse bajo el chorro unos 30 segundos. Justo después, ponerse bajo el agua otros 30 segundos, pero esta vez, con el agua lo más caliente posible. Este proceso abre los capilares e incrementa el flujo sanguíneo. Para acabar, hay que someterse a otros 30 segundos de agua fría.