1 Identificar situaciones. Muchas veces aprovechamos los mismos momentos del día para mordernos las uñas (al estudiar, ver la tele, viajar en metro...). Haz una lista de estas situaciones para darte cuenta de cuándo estás en una de ellas.

2 Mantén las manos ocupadas. Si llevas una bolsa en la mano o estás sujetando un objeto antiestrés, por poner dos ejemplos, no vas a soltarlos y dejarlos caer al suelo para morderte las uñas. Puedes coger algo que lleves en el bolso.

3 Autocrítica. Observa tus dedos y reflexiona sobre su aspecto. Están deformados, tienen menos sensibilidad y pueden incluso dolerte. Sé crítico contigo mismo, sin llegar a machacarte.

4 Pide ayuda. Aunque te siente mal que los demás te lo digan, acepta que las personas de tu alrededor te adviertan cuando te vean llevarte los dedos a la boca. Eso sí, luego hazles caso, en vez de hacer oídos sordos o enfadarte con ellos.

5 Enséñalas. No escondas las manos para evitar un comentario no deseado y la sensación de vergüenza. Deja que hagan vida normal, te ayudará a entender que es la parte del cuerpo que más se enseña y que merece la pena tratar de tenerlas bonitas.

6 Cuidados. Échate un producto que las endurezca, un esmalte con sabor amargo o incluso opta por taparlas con unas uñas postizas. Así no podrás morderlas y las mantendrás ocultas mientras que crezcan. Ten siempre a mano una lima para acabar con los picos.

7 Los dientes son los culpables. Mastica chicle, raíces de regaliz... para mantenerlos ocupados.

8 Relajación. Si es debido a los nervios, puede ayudarte practicar yoga, taichi...

9 Especialistas. Si no lo consigues tu solo, acude a un buen psicólogo para que te ayude.

10 Paciencia. Al principio estarán muy débiles y se romperán. Ten presente que el vicio tarda unos meses en curarse y puede que nunca se recuperen tanto como para volver a ser las de antes.