Ablación de clítoris
Una niña de seis años grita de dolor mientras le practican una mutilación genital en Somalia. Su hermana de 18 años la sostiene.  GTRES

La violencia tiene enorme consecuencias sobre las personas que están expuestas a ella; y no solo las aparentes y visibles. Más allá del daño físico, más allá del daño psicológico, la violencia afecta a nuestra genética.

Investigadores norteamericanos han observado que la exposición de los niños a la violencia daña su ADN. Se trata de un desgaste genético similar al que llega con el envejecimiento.

Cuanta más violencia sufrieron más rápido se acortaron los telómerosEllo explicaría por qué las personas que han sufrido episodios de violencia envejecen más deprisa. De hecho, los científicos aseguran que un niño que sufre o ha sido testigo de violencia de manera habitual puede llegar a tener hasta 10 años más, en términos biológicos, de los que señala su partida de nacimiento.

Un estudio de la Universidad de Duke (EE UU), que publica la revista Molecular Psychiatry, analizó los telómeros de los niños. Los telómeros son secuencias especiales del ADN que muestran el envejecimiento biológico del organismo. Se encuentran en los extremos de los cromosomas y evitan que se deshilachen.

Sin embargo, de modo natural, con el paso de los años, los telómeros se van acortando hasta que llega un momento en que ya no pueden proteger a los cromosomas. Eso provoca la muerte de la célula.

Los investigadores descubrieron que en los niños que habían sufrido violencia los telómeros tenían menor longitud que en los que habían temido una infancia normal, sin presencia de acontecimientos violentos.

La erosión de los telómeros se vincula con obesidad, estrés y tabaquismoEs más, vieron que cuantos más tipos de violencia habían sufrido los niños (entre los 5 y los 10 años) más rápido se había acortado la longitud de los telómeros.

Según el estudio de Duke, los niños que han sufrido maltrato físico o han sido testigos frecuentes de actos violentos viven aceleradamente un proceso biológico que suma a su organismo casi el doble de años.

Anteriormente, otros estudios científicos habían relacionado la pérdida y erosión de los telómeros con la obesidad, el tabaquismo, el estrés y los trastornos psicológicos.