Ruben J. Lapetra Coordinador de Mercados
OPINIÓN

Señales recesivas o cuando el humo es la prueba de que llega el fuego

Sánchez Calviño Díaz sesión control Congreso Diputados
Sánchez, Calviño y Díaz.
Agencia EFE
Sánchez Calviño Díaz sesión control Congreso Diputados

De la crisis de suministros a la de la luz, del gas y toda clase de materias primas o agrícolas. El último trimestre de 2021 está registrando una serie de señales que apuntan no solo al abombamiento de la inflación, sino también a un frenazo. El 'start & stop' de la actividad en 2020 por los confinamientos masivos de la Covid-19 nos ha devuelto una economía cuyos motores suenan demasiado revolucionados y empiezan a fallar. Si hay un sector que parece ejercer de canario en la mina ese es el del automóvil. Los dramáticos anuncios de caídas de producción de gigantes como Volkswagen o Renault no hacen sino confirmar que el gremio automovilístico está en contracción. 

Las últimas cifras de la patronal española Anfac ya alertan de un colapso similar (-32%) o, incluso, peor al de 2020, año pandémico. Las grandes casas de análisis se alejan a toda velocidad de la previsión oficial de Moncloa para 2021: un 6,5% de crecimiento de la economía española ha dejado de ser creíble... salvo en el metaverso político que negocia los presupuestos (PGE). La realidad no se conocerá hasta febrero cuando el INE haga sus cálculos, pero lamentablemente estará muy por debajo con total seguridad.

Después de abrazar la electrificación y el coche conectado, los fabricantes de coches están viviendo algo parecido a las siete plagas. Al incremento de los costes energéticos en sus plantas se le suma el aumento de los precios del hierro, el aluminio o el acero de sus carrocerías o, por ejemplo, el litio y otros metales para las baterías. Tampoco ayuda el monumental atasco del transporte de mercancías terrestre (camiones) y marítimo en algunos nudos o puertos del planeta que está generando más cuellos de botella. 

Pero el elemento más disruptivo y la excusa más citada es la escasez de microprocesadores con los que equipar los coches, cada vez más 'tecnologizados' y digitalizados. Europa, fatalmente, es la región más afectada pues es donde se concentra casi la mitad de la producción de vehículos y, además, es cada vez más dependiente del suministro de semiconductores desde otros países, como desvela Ingrid Gutiérrez en uno de los Podcast de este fin de semana 'La Información'

En el transcurso del XXIV Congreso Nacional de la Empresa Familiar celebrado en Pamplona esta semana, la élite empresarial del país ha dado la voz de alarma ante los preocupantes nubarrones que se ciernen sobre la recuperación y que implican irremediablemente al Gobierno por su rol en la crisis de la energía, su control de la diplomacia económica a la hora de garantizar el abastecimiento de productos estratégicos o como distribuidor de los fondos europeos Next Generation. La ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, en ausencia del presidente Pedro Sánchez, fue la encargada de dar la cara y responder ante las inquietudes de los grandes empresarios. Entre ellos los primeros espadas de empresas familiares cotizadas en bolsa como José Manuel Entrecanales (Acciona), Francisco Riberas (Gestamp, CIE, GAM), Sol Daurella (Coca-Cola European Partners), Juan March (Corporación Alba) o Eloy Planes (Fluidra), entre otros.

El clima del encuentro no fue precisamente optimista porque quienes están en primera línea de la actividad empresarial, de la creación de empleo o la generación de PIB para el país certifican que algo falla. “Estamos notando tensiones entre nuestras empresas. No solo porque falten suministros, que faltan, sino porque se están aplazando proyectos y algunos directores generales nos transmiten prudencia”, confesaba a este diario uno de los ilustres socios del Instituto de la Empresa Familiar (IEF). La preocupación es prácticamente unánime y transversal a todos los sectores, pero, además del automóvil, hay uno que está haciendo visible este conato de crisis al conjunto de la sociedad: el comercio

El boom de las ventas por Internet durante el Covid a través de plataformas como Amazon, Aliexpress y cualquiera de los brazos de ‘ecommerce’ de la mayoría de cadenas de distribución ha transformado la forma de comprar y vender. Al mismo tiempo, el proceso ha quedado en manos de la gran cadena logística global y sus cuellos de botella actuales amenazan con dejar varados miles de pedidos. "Alguno va a vender aire en noviembre o durante estas Navidades. Hay grandes puertos con barcos haciendo cola y provocan un efecto dominó de retrasos. No creo que se normalice este año, ni el que viene. Probablemente será ya en 2023", aseguraba otro empresario. 

Con la gran recuperación posCovid se ha producido un enorme malentendido. Mientras la mayor parte de empresas y hogares aguardaban una mejoría económica con la reapertura tras la mayor recesión en décadas, otros solo están pensando en 'la gran recuperación de lo perdido' durante el confinamiento con subidas de precios. Era previsible. Para muestra, la actitud de los grandes exportadores de petróleo y gas natural ante las tensiones históricas que se están produciendo en el mercado de la energía. 

No hay prisa por incrementar la producción ni en Moscú, Riad, Abu Dhabi o Abuya. Sus grandes clientes de combustibles fósiles en Europa o China tampoco la tuvieron a la hora de renegociar a la baja el precio de los contratos o cancelar algunos de ellos cuando, hace poco más de un año, los precios del crudo llegaron a situarse en negativo y los del gas marcaban mínimos históricos por debajo de 10 dólares. Con las cotizaciones a 80 dólares en el caso del barril Brent o del gas por encima de 100 dólares, su 'venganza' ha llegado ahora al ver cómo algunos de esos mismos países y gobiernos tienen manifestaciones de pánico. Solo tienen que esperar.

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