Ruben J. Lapetra Coordinador de Mercados
OPINIÓN

Jay Powell y la opción del 'botón nuclear' con los tipos de interés

Jerome Powell, Fed
Jerome Powell, gobernador de la Fed.
CONTACTO vía Europa Press
Jerome Powell, Fed

Jerome 'Jay' Powell es el hombre más presionado del planeta estos días. Sobre sus hombros recae la responsabilidad de apagar la inflación en EEUU y, por ende, comenzar a resolver una de las grandes incertidumbres económicas de 2022. El IPC estadounidense sorprendió al alza en mayo, situándose en el 8,6%, récord en más de 40 años. Se descarta así la tesis más optimista de que habíamos visto ya el pico inflacionario. Los mercados han vuelto a ponerse de los nervios ante el riesgo de un puñetazo en la mesa de gobernadores del banco central americano para zanjar las dudas sobre su compromiso con la estabilidad de precios. Y ese golpe pasa por pulsar el ‘botón nuclear’ de la política monetaria, una opción que destruye inflación pero se lleva todo a su paso parte de la economía.

Hablando en plata, la Fed está dispuesta a destruir demanda, tejido empresarial y mercado laboral. De hecho, se sentirá cómoda en cuanto el mercado laboral “se enfríe un poco”, un eufemismo para referirse a que necesita peores datos de empleo para que la inflación subyacente -la métrica que marca sus pasos junto al mercado laboral- comience a perder su actual ímpetu que le ha llevado al 6%. Por tanto, la posibilidad de un movimiento extraordinario de los tipos de 75 o 100 puntos básicos vuelve a estar presente. Ese debate pareció zanjado el mes pasado cuando Powell aseguró que había dos subidas de tipos de medio punto “sobre la mesa” para junio y julio, al mismo tiempo que tranquilizó a los inversores asegurando que “no es algo que el comité esté considerando de forma activa”.

Pero la veleta financiera vuelve a apuntar a una Fed en modo "hawkish", o agresivo, con un horizonte de tipos más alto si cabe para este mismo año. Los futuros sobre tipos en EEUU apuntan a que se cerrará el año en el 3%, 200 puntos básicos por encima del nivel actual. Hay varias formas de llegar al mismo destino. Por las buenas, de forma gradual y ordenada. O de la manera que ningún banquero central quiere tomar decisiones: forzado por las circunstancias. La ansiedad ante la escalada de precios comienza a impregnar la conversación diaria en EEUU y está provocando fuertes efectos de segunda ronda en forma de subidas de salarios, recortes de producción y, finalmente, un desmayo del consumo. En este punto, la llegada de una recesión light o un aterrizaje suave parece inevitable. Pero el reto que tienen tanto la Fed como el BCE es mantener el suficiente margen de maniobra como para que no se convierta en duradera. Aquí es donde surgen más dudas.

Para EEUU, como lo describió el presidente de JPMorgan, Jamie Dimon, la actual crisis es “un huracán” que todavía está en formación “allí en Europa” por la guerra en Ucrania y la crisis de suministros energéticos que amenaza con asfixiarnos en el segundo semestre de 2022. Por eso el Banco Central Europeo (BCE) se mueve a ritmo de tortuga ante la inflación y todavía no ha subido los tipos de interés. Lleva tres meses diciendo que sí, que habrá endurecimiento monetario, pero de momento no hay hechos sino solo anuncios a futuro. Está claro, eso sí, que hay un compromiso para elevar el precio del dinero el próximo 21 de julio y también el 8 de septiembre según lo expuesto por Christine Lagarde esta semana. Lo que parece cada vez más claro es que tendrá que ser un ajuste monetario poco convencional. El mero planteamiento de ayudas para que la deuda pública periférica -entre ellas, la española- eviten la temida fragmentación y las primas de riesgo evidencia que el puzle del euro volverá a sufrir. El tipo de cambio frente al dólar será una de las víctimas inmediatas y traerá consigo más inflación.  

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