Fernando Pastor Director de La Información
OPINIÓN

¿Hay una solución ‘a la española’ para Naturgy, Talgo o Telefónica?

El presidente de Naturgy, Francisco Reynés.
El presidente de Naturgy, Francisco Reynés.
Alejandro Martínez Vélez / Europa Press
El presidente de Naturgy, Francisco Reynés.

Uno de los grandes dirigentes del Ibex ya advertía hace apenas tres meses que íbamos a ver una cascada de intervenciones del Estado en algunas de las principales empresas estratégicas españolas, con Telefónica en el punto de mira de los árabes de STC y un sector energético en ebullición y preso de una reconversión fallida por las apreturas de la guerra de Ucrania y las exigencias ‘verdes’ de Ribera. Con el precio de la electricidad controlado y los proyectos inversores en renovables ya iniciados acelerando al máximo para no dejar de ser rentables de la noche a la mañana, la apuesta del grupo emiratí Taqa por entrar en el capital de Naturgy ha revivido esa transformación pendiente de todo el sector, con una gran incógnita sobre la mesa: ¿Será el Estado capaz de facilitar o instrumentar una solución equilibrada que esté a la altura de las circunstancias y no entre en el intervencionismo público sin sentido, o habrá que quedarse al albur de lo que el capital extranjero quiera hacer con las grandes compañías sistémicas del país?

Dada la envergadura de la operación que se plantea sobre Naturgy y sus implicaciones en un mercado cotizado, hasta ahora solo hay unas cuantas certezas y muchas conjeturas. Estamos ante una de las opas de mayor tamaño de la historia reciente de nuestro país, hasta el punto de que no hay en España un grupo con el músculo financiero suficiente como para llegar al montante cercano a los 25.000 millones del que se está hablando. Es decir, que solo un consorcio como Taqa y sus petrodólares es capaz de poner esa suma sobre la mesa ahora. A nivel interno, el brazo inversor de la Fundación La Caixa es capaz de hacerle frente para garantizar, cuando menos, dos cosas: una posición de control dentro de la nueva estructura accionarial de lo que será la nueva Naturgy, y la seguridad de que la toma de decisiones en nuestro país y la ‘españolidad’ de la empresa no corren peligro.

Las fórmulas pueden ser varias, pero todas pasan por tener el apoyo del Gobierno, no tanto para que ponga el dinero público en la operación, como para que utilice el poder coercitivo de la legislación sobre inversiones estratégicas para que no corra peligro el suministro de gas a millones de clientes que aguanta la compañía, ni el buen funcionamiento del acuerdo con Argelia para garantizarlo. Los acuerdos parasociales que se negocien, una vez que los fondos vendedores lleguen a un pacto con el comprador, son la calve de bóveda de esta operación a nivel interno, ante el hecho de que no salen otros compradores españoles de la noche a la mañana. En el caso de Telefónica, por ejemplo, no es el problema que STC lance una opa, sino que no haya más músculo que el de Criteria o la SEPI para entrar a una operadora que acaba de cumplir cien años, pero que tiene mucho futuro y la acción a un precio bajo. 

Se puede excluir de bolsa a Naturgy y cerrar un pacto con Taqa de forma que su peso en el capital sea similar al de Criteria; se puede no excluir a Naturgy de bolsa pero limitar el poder de los emiratíes con pactos que limiten su control en la toma de decisiones; se puede hacer incluso una opa conjunta entre ambas partes (Criteria y Taqa), con un acuerdo que asegure la apreciada ‘españolidad’ de la gasista… La ingeniería societaria y financiera está en marcha, y es seguro que Criteria, con Isidro Fainé y Ángel Simón al frente y después de más de un mes preparando el desenlace, ya tienen todos los escenarios escudriñados. Lo que está claro es que la etapa de los fondos GIP y CVC ha terminado (a la espera de saber qué hacen los australianos de IFM, que se quedan de comparsa con su 15%), frenar la opa no va a ser tan fácil como parece y la empresa resultante va a ser ya otra.

Hay dos certezas más a tener en cuenta: la primera, que Naturgy ya no es lo que antes era Gas Natural, aquella empresa que contrataba y contaba con todo el apoyo de los Emiratos Árabes en su momento, y que fue rompiendo poco a poco con su entorno cercano en el seno de Criteria. Y la segunda, que los nuevos pretendientes, Taqa, no son un fondo de inversión en busca de la máxima rentabilidad para salir del capital en cuanto hayan acumulado el suficiente botín. La capacidad industrial y tecnológica (no solo financiera) de la empresa árabe, su relación privilegiada con nuestro vecino estratégico de Marruecos o la apuesta que también mantiene en cuestiones claves de futuro como la gestión del agua, le hacen un socio más atractivo que otros para una gasista española que, tras el fin de su proyecto Géminis y la dependencia del precio de gas que le impone Argelia, no andaba por el mejor de los derroteros.

¿Qué es lo que falta en este puzzle? Volvemos al principio, un Gobierno con amplitud de miras que sea capaz de instrumentar o facilitar una solución ‘a la española’ lo más cercana posible a los intereses de todo el sector energético. A la ministra Montero le traicionó el subconsciente cuando dijo que esperaba capital “español” y más “transparente” que el de Emiratos para Naturgy, pero ¿a alguien se le ha ocurrido levantar el Teléfono y ponerse a hablar con ese posible capital español para ver si puede aportar algo que complete el puzzle y evite una debacle?

En Telefónica se van a meter 2.000 millones de dinero público para hacer frente a STC; en Talgo se busca -sin demasiado éxito- un socio industrial, para no tener que meter también dinero público (aunque la cantidad sea menor) y que no lo controle todo el socio húngaro de la mano de Orban; nadie sabe aún qué estarán pensado en Economía y Moncloa sobre Naturgy, pero el dinero de la SEPI es finito y puede ser necesario para otras muchas cosas, como invertir en redes eléctricas o gasistas con las que aliviar al sector y a los usuarios, entre otras muchas opciones. 

Se puede hablar con los ‘jeques’, para que estén y aporten, y ganen pero no dominen, pero es muy complicado de hacer. Frente a ello, estoy seguro que hay protagonistas españoles del sector con dinero en caja suficiente como para amortiguar el golpe y ayudar a CriteriaCaixa en una gesta en la que nunca debe estar sola. Es evidente que las empresas españolas son muy atractivas para el capital extranjero -y no hay por qué cerrarse a su llegada-, pero hay que hacer algo más que declaraciones desde EEUU o desde la Feria de Sevilla para que puedan salir airosas cuando se generen situaciones que no convienen a nadie.

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