Ruben J. Lapetra Coordinador de Mercados
OPINIÓN

Entrando en el Cabo de las Tormentas, desinflación y oleaje en el euro-dólar

La Reserva Federal está a punto de parar la máquina de las subidas de tipos de interés pero el BCE debe seguir subiéndolos para recuperar la fortaleza de la divisa como herramienta de defensa frente a la inflación.

El euro y el dólar, las dos monedas dominantes del mercado.
El euro y el dólar, las dos monedas dominantes del mercado.
EP
El euro y el dólar, las dos monedas dominantes del mercado.

El tsunami de la subida de tipos de interés en EEUU ha alcanzado su altura máxima. Nada menos que 525 puntos básicos de una ola monetaria que continúa recorriendo la economía y cambiando radicalmente las condiciones financieras en cuestión de meses. Todo está a punto de cambiar. El capitán de la Fed ha vuelto a dejar caer en un discurso este viernes que hay un cambio en marcha en la política monetaria, como telegrafió en la reunión oficial del inicio de mayo: no parece que sean necesarios nuevos aumentos en las tasas.

Jerome Powell es consciente de que la economía de EEUU está viviendo un momento crítico, de transición, en el que la desinflación se acelera, algunos indicadores relevantes están ya en contracción, conatos de crisis bancaria y los congresistas jugando a la ruleta rusa del techo de deuda. Toca pausa al otro del Atlántico para evitar males mayores y, sobre todo, un giro de 180 grados recortando tipos nacido de las prisas. 

En cambio, la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, cree que a la zona euro todavía le queda terreno por recorrer subiendo tipos desde el 3,75% actual. No le falta razón porque llega tarde. Por alguna razón todavía sin explicar, la autoridad europea empezó a subirlos meses más tarde que la Fed y otros bancos centrales cuando la inflación galopaba con mucha más fuerza que ahora. El viernes, horas después de Powell, la banquera gala volvió a insistir en que no le temblará el pulso y, por tanto, anticipó que en junio habrá otro movimiento.

En realidad, el terreno que tiene que cubrir el BCE no es tanto el de la inflación, en clara normalización, sino el diferencial de tipos con EEUU y Reino Unido. El euro no se puede permitir otro episodio de fortaleza del dólar estadounidense por las implicaciones que tiene para la estabilidad de precios, el objetivo primordial de la existencia del banco central. En 2022, entre que Lagarde se lo pensó y Powell subió los tipos, el euro se depreció de forma notable de los 1,2 a poco más de 0,95 dólares en que se llegó a mover. Desde entonces se ha recuperado hasta casi 1,1 unidades. 

Además del desplome de los precios energéticos, sobre todo en el gas, el ascenso del euro y su fortaleza en el tipo de cambio con el dólar es determinante como medicina contra la inflación. Ya ha demostrado en el pasado su papel de escudo frente a cualquier episodio de inestabilidad o amenaza que se produzca fuera de las fronteras de la unión, como las crisis de deuda de Reino Unido (octubre de 2022) y de bancos en EEUU (marzo 2023). Pero al euro hay que ayudarle para que siga fuerte y ahora mismo necesita tipos más altos para no quedarse demasiado atrás.

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