Ruben J. Lapetra Coordinador de Mercados
OPINIÓN

El doble filo del Sáhara en la opa sobre Naturgy, entre Marruecos y Argelia

La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera.
La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera.
Eduardo Parra / Europa Press
La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera.

Naturgy encara los mayores desafíos de su historia con múltiples frentes abiertos desde el punto de vista geoestratégico, accionarial y de negocio. Veamos por qué. Sus activos clave a la vez representan sus mayores ataduras, como son sus contratos a largo plazo para importar gas desde Argelia con Sonatrach y Rusia con Novatek. Son un derecho para la compañía, pero también una obligación a comprarlo y, de no hacerlo, debe pagarlo igualmente. Solo bajo ese prisma se puede entender correctamente la batalla en la sombra que se está librando por el control de una empresa con riesgo sistémico para el suministro energético en España. Cerca de dos tercios del gas natural que se consumió en los últimos doce meses en nuestro país vino de yacimientos argelinos y rusos, según la estadística oficial de Enagás. El resto llega en su mayor parte de la industria del ‘fracking’ de EE. UU. y Nigeria.

El gas es la clave de bóveda de la estrategia española de transición energética y descarbonización pese a que no deja de ser un hidrocarburo, aunque lo pinten de ‘verde’. Es crítico para millones de hogares para calefacción, pero a la vez es vital como fuente de respaldo en la generación eléctrica de un sistema basado en las renovables que todavía no ha desarrollado las tecnologías de almacenamiento eléctrico. Cuando llegue ese día se podrá dar el necesario adiós al gas, cuya factura es costosísima a nivel país en términos económicos y geopolíticos. Solo en 2023, España gastó 13.971 millones de euros en importarlo, casi la mitad que el récord de 26.315 millones en 2022 pero mucho más que en 2021 (9.602 millones, +45%), 2020 (5.020 millones, +178%) o 2019 (7.552 millones, +85%), según datos de Comercio Exterior. El gas es muy caro, aunque sea más barato que otras fuentes fósiles y emita menos Co2 a la atmósfera que la térmica con carbón o fueloil.

La entrada en escena de Taqa, el grupo energético estatal de Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos), supone un giro de guión para Naturgy y la apuesta gasista del Gobierno de Pedro Sánchez y Teresa Ribera, responsable última de la caótica política española en energía. Bajo su mandato, y con Pablo Iglesias como vicepresidente, España se metió en su mayor fregado diplomático reciente después de dar cobijo al jefe del Frente Polisario, Brahim Gali, aliado de Argelia y enemigo de Marruecos. Tras la deportación de este en abril de 2021, la sucesión de hechos posteriores podría conectarse perfectamente en el diagrama de puntos de apenas doce meses: primero, crisis migratoria en la frontera de Ceuta y Melilla; segundo, cierre del gasoducto Magreb Europa (GME) que llevaba el gas argelino a Cádiz a través de Marruecos; tercero, reconocimiento de Sánchez de la soberanía marroquí sobre el Sáhara occidental; y cuarto, apuros y encarecimiento del gas argelino.

Taqa y la última palabra de BlackRock

La emiratí Taqa es el mayor operador del sector energético en Marruecos, donde lidera su estrategia de descarbonización (50% de renovables en 2030) y para ello está invirtiendo masivamente en proyectos de fotovoltáica e hidrógeno en el Sáhara occidental. Actualmente, el gigante de Abu Dabi (90.000 millones de valor en bolsa) produce con su filial marroquí el 38% de la electricidad del país, sobre todo, a través de una central térmica de carbón. A medio y largo plazo, el grupo árabe quiere convertir a Marruecos en un exportador energético para Europa y Reino Unido. Naturgy representa su puerta de entrada a la interconexión con los vecinos europeos pese a que la península ibérica es casi una isla energética todavía. También es el socio perfecto para coinvertir en renovables. De hecho, la española Iberdrola se ha aliado con Masdar, otra filial de Taqa, para desarrollar proyectos por valor de 15.000 millones en eólica marina e hidrógeno.

La propuesta de Taqa es a la vez industrial y financiera. Supone una oportunidad para la española Naturgy por el conocimiento único y tecnología que tiene en la gestión de gasoductos. Es uno de los mayores operadores de metaneros de GNL, la versión licuada del gas natural. Marruecos está impulsando el suyo para importar gas desde Nigeria a la vez que explora sus propios yacimientos gasistas. Los de Abu Dabi han puesto sobre la mesa una fórmula amistosa para “cooperar” con Criteria Caixa, el primer accionista de Naturgy con el 26,7% del capital, que se traduciría en una oferta de compra por el 100% que valoraría la empresa en hatsa 27.000 millones de euros. Todo para dar salida a los dos fondos (CVC y GIP) que ayudaron a resolver el pacto de socios de Criteria Caixa y Repsol entre 2016 y 2018 facilitando la venta del 30% que la petrolera tenía en la antigua Gas Natural Fenosa.

Taqa tiene el músculo financiero y el plan de negocio para la compra de la empresa española, pero va a encontrarse con múltiples obstáculos y rivales por el camino. El Gobierno español parece uno de ellos puesto que también podría buscar ahora tomar una participación en Naturgy con el justificante de empresa estratégica en la mano. El otro puede ser la firma IFM Investors que lanzó la anterior opa (2021). Pero la última palabra probablemente la tendrá GIP. BlackRock, su nuevo dueño, parece reticente a abandonar el accionariado de una empresa con la que está aliada en el gasoducto Medgaz, la infraestructura que lleva a Almería casi todo el gas argelino. 

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