Por qué no deberías poner una cucharilla en una botella de champán

Imagen de una cucharilla en una botella de espumoso.
Imagen de una cucharilla en una botella de espumoso.
WIKIMEDIA COMMONS

Han acabado ya las fiestas navideñas, la época por excelencia para el consumo de bebidas como el cava, el champán, la sidra y otros espumosos. Pero alrededor de estos productos existe un mito que no tiene ninguna base.

Cuando abres una botella de champán pero no la acabas, nos encontramos con una dificultad: el corcho del tapón se ha expandido y es imposible introducirlo de nuevo en la boca de la botella. 

En el mercado existen tapones especiales para este caso, pero si no disponemos de uno de ellos la cosa se complica. La sabiduría popular recomendaba en este caso introducir una cucharilla en la boca para evitar que la bebida perdiera el gas.

Pero tal y como recoge Gizmodo, este acto no tiene ninguna utilidad. Además, está demostrado por la ciencia. En 1994, un grupo de científicos publicó un estudio titulado El mito de la cucharilla.

En la investigación, abrieron dos botellas de champán y las vaciaron, dejando 500 mililitros en una y 250 en otra. Taparon ambas botellas con una cucharilla de acero y las conservaron durante 48 horas en una nevera a 12 ºC.

Después repitieron con una cucharilla de plata, con un tapón hermético y con una chapa como las de las botellas de cerveza. Antes y después de cerrar las botellas medían la presión interna. Repitieron las cuatro pruebas tres veces.

Una botella de champán antes de abrir tiene una presión de alrededor de 6 atmósferas. Una vez abierta y servida la bebida hasta dejar 500 ml, la presión del líquido disminuye a 4 atmósferas, mientras con 250 ml, la presión es de solo 2 atmósferas.

Tras 48 horas en la nevera, las botellas con la cucharilla perdieron un 50% de la presión. En cambio, las botellas tapadas con tapón o con chapa sólo habían perdido el 10% de la presión. De hecho, la pérdida de presión en las botellas con la cucharilla es similar a la que se produciría si se hubieran conservado simplemente abiertas.

Lo que sí que ayuda a que las burbujas no se disipen es mantener las botellas en la nevera o a baja temperatura porque el dióxido de carbono es más soluble con frío

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