'Dolores: La verdad sobre el caso Wanninkhof', o el testimonio inédito de la víctima de uno de los errores judiciales más graves de la historia

Dolores Vázquez habla por primera vez de su experiencia condenada injustamente por el asesinato de Rocío Wanninkhof.
'Dolores: la verdad sobre el caso Wanninkhof'
'Dolores: la verdad sobre el caso Wanninkhof'
Cinemanía
Tráiler de 'Dolores: La verdad sobre el caso Wanninkhof'
HBO Max

"He perdido mucho. Lo he perdido todo". Son las sentidas palabras de Dolores Vázquez en el tráiler de Dolores: La verdad sobre el caso Wanninkhof, una esperada serie documental que aterriza hoy en la plataforma HBO Max y que recoge el testimonio inédito de una mujer que hace dos décadas fue injustamente acusada y condenada a prisión por el asesinato de la joven malagueña Rocío Wanninkhof.

La historia, que se ha contado ya muchas veces pero nunca ha estado completa, comenzó en octubre de 1999, cuando Rocío Wanninkhof desapareció mientras se dirigía a pie a su casa, en La Cala de Mijas (Málaga), con la intención de ducharse y cambiarse de ropa para reunirse luego con su novio en la feria de Fuengirola. Varias semanas después, el cuerpo sin vida de la joven de 19 años fue encontrado cerca de Marbella.

Había que encontrar al culpable, claro, y las especulaciones sobre quién pudo haberla matado comenzaron entonces a dispararse. Sin embargo, durante los meses siguientes, los medios informaron de que no se estaba produciendo ningún avance significativo en la investigación. 

En verano de 2000, trascendió que Wanninkhof había recibido varias puñaladas después de ser degollada por su agresor, que, al parecer, simuló una violación para confundir la investigación. Debido a este hecho, la Benemérita se inclinó a pensar que el móvil del crimen no había sido sexual, sino un tema de venganza y odio.

Al poco, se produjo la detención de Dolores Vázquez, de quien luego se supo que había sido pareja de Alicia Hornos, madre de Wanninkhof —quien, por cierto, tardó muy poco en señalar públicamente que tenía la completa certeza de que la detenida era la asesina de su hija—. Vázquez ingresó en la cárcel en el mismo momento de la detención y, además, permanecería entre rejas durante todo el periodo de instrucción judicial. 

"Eso fue así a pesar de que no había prueba alguna contra ella, ni existía riesgo de que escapara, ni tenía antecedentes, ni era un peligro de ningún tipo para nadie, y a pesar de que la prisión provisional es una medida excepcional que se toma únicamente cuando concurre alguna de las circunstancias antes descritas. Tampoco confesó en ningún momento, a pesar de ser sometida a multitud de larguísimos interrogatorios", explicaría luego la política y activista Beatriz Gimeno en su imprescindible libro La construcción de la lesbiana perversa.

Lesbofobia social y prejuicios

Por un lado, y como tantas veces sucede, nadie respetó la presunción de inocencia de Vázquez. Por el otro, tanto la opinión pública como los medios se encargaron de crear un personaje totalmente ficticio de mujer antipática, fría y perversa. Es más, algunos columnistas aprovecharon aquella coyuntura para sacar a relucir su lesbofobia y misoginia, tachando a Vázquez de lesbiana despechada y llena de rencor hacia la hija de su ex pareja, con cuya familia aún mantenía una relación estrecha.

En una de esas columnas, titulada Amor estéril y publicada en el diario ABC, el periodista Juan Manuel de Prada escribió que "Al asesinar a Rocío Wanninkhof, esa mujer [Dolores Vázquez] estaba excluyendo la posibilidad de un amor distinto al suyo, un amor que fuese fecundo y perdurara en otra carne. La palabra que menciona ese amor estéril no ha sido aún pronunciada, en parte por respeto a la madre doliente, pero también por ese remilgo tan contemporáneo que se resiste a reconocer los peligros de degradación que encierran ciertas variantes del amor. Rocío Wanninkhof murió por culpa de un amor degradado (y uso el adjetivo en su pura acepción etimológica); un amor que jamás podría haber rendido un fruto tan sencillamente hermoso como esa muchacha que nos sonríe desde ultratumba".

El juicio contra Vázquez estuvo lleno de irregularidades desde el principio. Se le dio absoluto protagonismo a un relato construido por la Guardia Civil en base a una serie de hechos circunstanciales, y la acusación se concentró en descalificar personalmente a Vázquez, que finalmente fue condenada a 15 años de prisión por un jurado popular. "Yo siempre he creído en la justicia, pero ese día dejé de creer [en ella]", confiesa ahora la gallega en Dolores: la verdad sobre el caso Wanninkhof.

Dolores Vázquez tras el caso Wanninkhof: "En la cárcel me llamaban bollera. Debo mi vida a Sonia Carabantes"
Dolores Vázquez 
20M EP

Es comprensible que se sienta de esa forma, teniendo en cuenta que se la acusó, procesó y condenó por el mero hecho de ser lesbiana. Tal y como explica Gimeno en su ensayo, "nada de lo que sucedió hubiera podido suceder de la misma manera de haber sido ella heterosexual. 

Cierto es que la condenaron el jurado y el juez, pero para que eso sucediera sin escándalo fue necesario que la opinión pública creyera sin lugar a dudas en su culpabilidad, y ése fue el papel que jugaron los medios de comunicación, el de hacer que su procesamiento y posterior condena resultaran asumibles e incluso inevitables. La intención que se esconde bajo todos estos manejos no es otra que la de mantener la hegemonía del régimen de la sexualidad: la heteronormatividad y, bajo ésta, también el régimen de género".

Pero el mediático caso dio un giro radical en 2003, mientras la gallega se encontraba a la espera de un nuevo juicio (ordenado por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía). En un pueblo cercano a Mijas apareció entonces el cadáver de otra adolescente, Sonia Carabantes, asesinada en circunstancias similares a las de Wannikhof. 

Fue durante el curso de la investigación de aquel nuevo crimen cuando la Guardia Civil descubrió que el ADN del asesino de Carabantes —un delincuente sexual llamado Tony Alexander King— estaba presente en una colilla encontrada en la escena del crimen de Wannikhof varios años antes. Aquel hallazgo valió para demostrar que el verdugo de Wannikhof era también el de Carabantes. El propio King acabó confesando que había matado a ambas, y también que actuó solo.

Nadie pidió perdón

Como cabía esperar, la noticia de la exculpación de Dolores Vázquez ocupó mucho menos espacio en los medios españoles que todas las informaciones sobre su detención y posterior condena. Nadie pidió perdón a la gallega. Muy pocos expresaron empatía hacia ella. Jamás hubo recompensa alguna a todo el martirio sufrido sin culpa por Vázquez. Todos aquellos periodistas y tertulianos que habían contribuido a su brutal linchamiento mediático y social, se limitaron luego a culpar de todo a la institución del jurado y al juez.

Tras ser declarada oficialmente inocente, Dolores Vázquez se instaló en Inglaterra con la intención de huir del estigma del caso Wanninkhof y tratar de pasar página. Ahora, justo dos décadas después de aquel surrealista juicio, Vázquez rompe su silencio autoimpuesto para contar su versión y, sobre todo, poner de manifiesto que la realidad siempre supera la ficción.

 "Dolores Vázquez habla con franqueza, contando su historia, cruda y dolorosa, con el beneficio del paso del tiempo", apostilla Miguel Salvat, productor ejecutivo de HBO Max. "Para aquellos que piensan que esto no podría suceder hoy, les pregunto por qué sucedió entonces".

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