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‘Top Gun: Maverick’ vista por un piloto de caza: "Demasiado para el cuerpo"

Acudimos a un pase previo de la película de Tom Cruise con un piloto de combate: mi padre
Tom Cruise en 'Top Gun: Maverick'
Tom Cruise en 'Top Gun: Maverick'
Paramount

A mi padre no le parece nada extraordinaria su vida. Cuando le pido que me hable de los años que fue piloto de caza se sorprende genuinamente. Llevo años persiguiéndole para grabar sus historias. Desde que entendí de verdad lo que significaba esa intrigante fotografía que presidía el salón de casa y en la que salía con casco, visera y máscara de oxígeno. O por qué siempre se montaba conmigo tan feliz en todas las montañas rusas del Parque de Atracciones. Cuando le pregunto cómo es hacer un looping o participar en un combate aéreo responde sin ninguna épica, muy tranquilo, con el mismo tono con el que me ha podido contar segundos antes lo que le ha costado aparcar.

Por eso mismo, tal vez, mi padre, que es más de El jovencito Frankenstein, nunca le ha hecho muchas fiestas a Top Gun. Ni siquiera cuando se estrenó en el 86 y él ya era piloto de reactores en la Base Aérea de Los Llanos, en Albacete, donde volaba el Mirage F1. Tampoco cuando la hemos visto en casa, un sábado o un domingo por la tele. Y por ello, quizás, cuando salimos de los Kinépolis, tras ver su secuela, Top Gun: Maverick, dice lacónico: “Es entretenida”. Y, después, cuando estemos repasando las fanfarronerías de Tom Cruise a los mandos del F-18 y el F-14: “¡Es demasiado para el cuerpo!”.

Sin embargo, yo, que llevo años escuchando historias de combates aéreos y conozco los nombres de sus amigos muertos en accidentes, salgo conmocionada del cine. Hay muchas cosas que le he oído decir a mi padre a lo largo de su vida. “Arriba, no pienses, hazlo” podría ser el equivalente a "seguir tu instinto” o, mejor aún, a que “tienes que sentir el avión con el culo”, una frase con la que mi padre siempre me desarma la poética de la aviación. 

Pero, además, viendo Top Gun: Maverick es la vez que más cerca he estado de sentir lo que es pilotar un avión de caza. Mérito de John Kosinski (Tron: Legacy) pero empeño de Tom Cruise, que quiso que los actores fuesen filmados en aviones de caza en vuelo. Ya en 1986, Tony Scott quiso hacer lo mismo, pero abandonó la idea porque el reparto al completo (menos Val Kilmer) era incapaz de terminar un looping sin soltar la papilla.

Entre una y otra película, Cruise se hizo piloto gracias a Sydney Pollack, que le regaló unas lecciones de aviación tras trabajar juntos en La tapadera (1993). Al enfrentarse al mismo problema que Tony Scott en esta nueva Top Gun, decidió someter al reparto de Maverick a un duro entrenamiento anterior previniendo posibles vomitonas.

Mi padre está de acuerdo en que Top Gun: Maverick consigue transmitirte lo que es volar un avión de combate. "El esfuerzo de un combate aéreo es un esfuerzo muy físico. Volvíamos siempre de volar deshidratados y con muchos quilos menos", recuerda. “Eso un Maverick de 50 años no lo aguanta", explica él, que dejó de volar en el Ejército a los 35 años. Nos reímos entonces de la primera secuencia de la película en la que Maverick supera 10 veces la velocidad del sonido en un avión que se desintegra aunque él sale ileso.

Top Gun: Maverick
Top Gun: Maverick
Paramount

“La película es exagerada pero no puedes esperar otra cosa –dice mi padre-. Para que sea así de espectacular y entretenida ha de serlo”. Y desenmascara la primera inexactitud que podría costarte la vida en las alturas: “Los actores van con la máscara quitada para que se les vea la cara pero es algo que un piloto nunca haría porque se moriría sin el oxígeno. Si vuelas a baja altura te la puedes quitar, pero lo normal es que una vez que te subes al avión no te la quites nunca. Y luego siempre vas con las dos viseras echadas para prevenir un posible impacto con un pájaro para que, si te rompe el parabrisas, tengas una segunda barrera", explica y recuerda al compañero que casi perdió un ojo a pesar de llevar su visera. Otro detalle que le ha hecho gracia de Top Gun: Maverick es cómo los pilotos tiran de la palanca de esa forma tan exagerada. “Si haces eso te matas, hay que tirar poco a poco porque si no el avión entra en pérdida”.

El entrenamiento de los combates aéreos le parece bastante realista a mi padre. “Se señala que no puedes bajar por debajo de los 5.000 pies, que es el estándar”, dice. Y reconoce el ejercicio de “La cobra”, aquí llamado “Entrar en tijeras”, cuando dos aviones (uno pilotado por Maverick y el otro por el hijo de Goose (Miles Teller), su antagonista en la película, se enganchan en una serie de virajes encadenados a la mínima velocidad posible. “Un compañero de promoción se estrelló contra el suelo haciendo esta maniobra”.

Las gafas de sol, la chupa, la moto...todo en la película estaba llamado a convertirse en icónico
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Cinemanía

“Nunca haríamos como hace Maverick, que entra por medio de dos aviones”, explica. Pero sus ejercicios de entrenamiento en Albacete eran bastante parecidos a los de los alumnos de Maverick en esta nueva entrega en la que el piloto más rebelde vuelve a Top Gun como instructor. “Hacíamos ejercicios de combate aéreo de uno contra uno, dos contra uno o dos contra dos. Y no salíamos más de cuatro porque era peligroso”, recuerda.

Los entrenamientos incluían también prácticas de tiro en Teruel y Las Bardenas Reales, en Navarra. “En el entrenamiento lo hacíamos a ojo. El F1 no estaba mal para combate aéreo pero para combate a tierra era prácticamente como una escopeta, tenías que apuntar a ojo y calcular".

En Top Gun: Maverick los entrenamientos enseguida dan paso a una misión que, según mi padre, “es más propia de Misión Imposible que de un ejército, por muy estadounidense que sea”. Un “estado rebelde” posee unos misiles que la nueva élite de pilotos de caza tiene que desactivar. De su objetivo les separan unas cuantas piruetas aéreas que a mí padre le hacen mucha gracia. "El ataque está bien pensado y es muy realista que vayan dos aviones, uno con un apuntador láser y el otro, que es el que tira las bombas, pero es un poco exagerado el descenso y la subida que tienen que hacer para disparar los misiles, escondidos dentro de un valle”.

Es en esa subida cuando uno de los pilotos pierde el conocimiento al estar sometido a 9 g. Mi padre sabe de buena tinta lo que eso supone. “Yo los soporté en Bélgica donde volé el F-16, que es de la misma época del F-18, que es el que vuelan en la película”, recuerda. “No pierdes el conocimiento porque estás preparado para ello y el traje anti g te protege. Pero sí me bajé con puntitos rojos de los capilares rotos en los brazos y los párpados se me cerraron muchas veces. Es normal, la sangre deja de regarte”. En Top Gun: Maverick alguien describe la sensación de esta manera: “Es como si un elefante te aplastase los pulmones”. Mi padre asiente: “Sí. Imagínate que tienes tu peso nueve veces comprimido contra el asiento".

Afortunadamente, mi padre nunca tuvo que poner en práctica en ninguna guerra lo que había aprendido en los entrenamientos. Lo más cerca que estuvo fue en su destacamento en El Aaiún, justo después de salir de la Academia General del Aire, en San Javier. Coincidió con La Marcha Verde y pasó aquellos meses sobrevolando el desierto y asistiendo desde el cielo al ejército de tierra pero no llegó a combatir. “Aún así me dispararon un misil desde tierra. Hicimos un viraje fuerte y nos pegamos a la arena del desierto. Llamamos al control en el Aaiún y nos dijeron que nos fuéramos de allí. El avión que pilotábamos allí no era un avión de combate”.

Miles Teller.
Miles Teller en 'Top Gun: Maverick'.
Paramount

Volvamos a la misión final de Top Gun: Maverick. La palma de la operación se la lleva ese puente que los F-18 cruzan por debajo en vez de por arriba. Una fantochada que le hace exclamar a mi padre: "¡Demasiado para el cuerpo!”, expresión que, visto lo visto, también le podríamos aplicar al hecho de que Tom Cruise pilote un caza a sus años. “Podrías cruzar el puente, pero lo más probable es que te lo lleves por delante”, dice mi padre, al tiempo que reconoce que su diversión cuando estaba destinado en Morón y volaba el Super Saeta era pasar por debajo de los cables de alta tensión.

Este detalle me lleva a la siguiente pregunta: ¿Para ser piloto de caza hay que ser un poco Maverick? Aunque conozco de sobra la respuesta. Mi padre nunca ha tenido miedo subido a un avión. Ni en los combates, ni cuando se entregó el Sáhara a Marruecos, ni siquiera en las dos ocasiones en las que estuvo a punto de morir dos veces. En ambos casos, al día siguiente se volvió a subir a un avión sin despeinarse. Y también tras las muertes de sus amigos, muchísimas, demasiadas en su promoción, la 26. “Si te dedicas a esto el tiempo suficiente esto volverá a suceder”, le decía su superior a Maverick tras la muerte de Goose. Algo que mi padre suscribe palabra por palabra. “Los americanos tienen una palabra para el cálculo de los aviones que van a perder en tiempos de paz. Pero si pierdes el avión lo más normal es que pierdas al piloto”.

Tom Cruise en 'Top Gun: Maverick'
Tom Cruise en 'Top Gun: Maverick'
Paramount

Es un hombre tranquilo, mi padre. O eso creía. Cuando salimos de ver Top Gun: Maverick y le pregunto si hay que estar un poco loco para ser piloto de caza, me cuenta una historia que nunca le había escuchado. Es la que sigue: “Un capitán murió en Canarias pilotando un F1. Cuando nos enteramos, en Albacete, un teniente coronel que había en la base me dijo que el piloto que había muerto le recordaba mucho a mí. Me dijo: ‘Era muy tranquilo en tierra pero en el aire se volvía muy agresivo'. Me impactó. Nunca me había visto a mí mismo así”.

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