'Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos': la furia oriental llega al MCU

Tres años después de 'Black Panther', Marvel juega de nuevo la carta de la diversidad, esta vez rescatando a su artista marcial por excelencia.
'Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos'
'Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos'
Cinemanía

Llevarse de calle a las minorías puede salir muy rentable, y Marvel lo sabe: como para no saberlo, después del rédito que esa maniobra le proporcionó en 2018 con Black Panther. Pero, ¿qué ocurre si la Casa de las Ideas aspira a generar otro hito de inclusividad a partir de un personaje cuyo origen es pura incorrección política? 

Esa es, precisamente, la pregunta que plantea Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos, un filme que va más allá de la sencilla fórmula ‘primera película Marvel con un superhéroe asiático’ para adentrarse en territorios resbaladizos.

Para situarnos, debemos viajar a 1972, cuando la serie Kung Fu (con David Carradine como el ‘Pequeño Saltamontes’ Kwai Chang Kane) arrasaba en todo el mundo. Siempre presta a adoptar cualquier fenómeno pop, la Casa de las Ideas quiso adquirir los derechos del show para adaptarlo en forma de tebeo… sin contar con que este era propiedad de Warner, a su vez casa madre de DC, la eterna rival. 

Inasequible al desaliento, la editorial recordó que poseía los derechos del doctor Fu Manchú, el villano de las novelas de Sax Rohmer y arquetipo racista donde los hubiera, que había sido interpretado en el cine por unos Boris Karlof, Christopher Lee y (¡gasp!) Peter Sellers en modo yellowface. La muerte de Bruce Lee en 1973 (justo antes del estreno de Operación Dragón) proporcionó al guionista Steve Englehart y al dibujante Jim Starlin un modelo para el personaje que resultaría de aquel batiburrillo: un hijo renegado de Fu Manchú, con un parecido nada casual al difunto Lee y con un nombre, “Shang-Chi”, cuya traducción era “Avance del Espíritu”. 

Si, a estas alturas, te estás llevando las manos a la cabeza, recuerda que crear maravillas a partir de la vergüenza ajena es la virtud marvelita por antonomasia. Mientras que Englehart y Starlin esquivaron (dentro de lo posible) la reducción de su héroe a un mero estereotipo, Shang-Chi llegó a su cumbre cuando Doug Moench y Paul Gulacy (escritor y artista, respectivamente) tomaron las riendas de la colección, convirtiéndola en un thriller psicodélico de espías y agraciando sus páginas con un gran atrevimiento visual. 

El experimento cayó bien entre el público, pero, 10 años después de su debut, Marvel perdió los derechos de los personajes de Rohmer. Así, desde 1983, Shang-Chi ha habitado ese limbo por el que vagan los personajes sin un hueco en la continuidad de la Casa, con puntuales (e infructuosos) intentos de devolverle la relevancia.

Un héroe

Simu Liu como Shang-Chi
Simu Liu como Shang-Chi
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Así pues, al director Destin Daniel Cretton (Cuestión de justicia) y sus coguionistas Andrew Lanham y Dave Callaham (Wonder Woman 1984) les cayó encima un encargo complicadillo cuando Marvel contó con ellos para llevar a Shang-Chi al cine. Estaba claro que el estudio quería una película que enganchase al público estadounidense de origen chino y, a ser posible, también al de la República Popular. 

Pero, para ello, debían contar con un héroe de raíces problemáticas, vinculado además a un género tan de nicho (hoy en día) como las artes marciales. ¿Cómo lograrlo? Pues, para empezar, beneficiándose tanto de los cambios en la genealogía del personaje como de ciertos cabos sueltos dentro del propio MCU.

Un villano

Tony Leung en 'Shang-Chi'
Tony Leung en 'Shang-Chi'
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Resulta que Ed Brubaker (el creador del Soldado de Invierno) había solventado en 2010 los vínculos de Shang-Chi con Fu Manchú: según su versión, el maestro del kung fu descendía en realidad de un hechicero chino llamado Zheng Zu, igual de perverso que su antecesor pero sin la marca infamante de sus orígenes. Por otra parte, las películas Marvel no habían resuelto del todo el caso del Mandarín, ese supervillano cuya organización criminal, los Diez Anillos, había insinuado su presencia en Iron Man… pero al que Iron Man 3 retrató como un fraude con el rostro de Ben Kingsley. 

Sumados esos dos vectores, ya tenemos al progenitor malvado que se enfrentará con el héroe (Simu Liu). Y, para ponerle rostro, aparecerá Tony Leung Chiu-Wai, titán hongkonés cuyo rostro doliente recordamos en Deseando amar, Hard Boiled y otros clásicos.

“[Leung] le aporta al personaje una humanidad muy necesaria”, apuntó Cretton en 2019, tras anunciarse el proyecto. “No queremos sumarnos a esos estereotipos asiáticos que hemos visto tantas veces en el cine y la cultura popular”, añadió, reconociendo que, sin una doble dosis de matices, el villano “podría quedar como una broma”. Y, si hablamos de matices, Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos cuenta también con un arma versátil donde las haya. 

Una aliada

Awkwafina en 'Shang-Li'
Awkwafina en 'Shang-Li'
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Hablamos de Awkwafina, claro: aunque a algunos les faltó tiempo para identificar a la actriz de The Farewell con la espía Leiko Wu, interés romántico del personaje en los cómics, ella le ha quitado hierro al tema asegurando que el nombre de su personaje es Katy y que trabaja como botones de hotel junto al protagonista.

 “Ella no carga con el peso de la película –señala la actriz– pero, cuando las cosas se ponen feas, tiene un gran corazón y cree de verdad en su amistad con Shang-Chi”. Sumando a esto el regreso de Tim Roth como Abominación (13 años después de dar vida a este villano en El increíble Hulk) y la presencia de Razorfist (Florian Munteanu), uno de los archienemigos del héroe, Shang-Chi… cuenta con los suficientes vínculos con las viñetas originales como para no quedar como una tomadura de pelo.

Y varios problemas

Pero los golpes más fuertes, como suele pasar, han venido del mundo real: además de un retraso de siete meses en su estreno debido a la pandemia de coronavirus, la cinta se enfrenta a un más que probable veto del gobierno de China, según señaló Variety en mayo. 

Para colmo, las declaraciones del CEO de Disney, tildando Shang-Chi de “interesante experimento” (su ventana de exhibición en cines antes de pasar a Disney+ durará solo 45 días) han enfurecido a Simu Liu, quien replicó airadamente en Twitter: “No somos un experimento –señaló el actor–. Somos los marginados y los subestimados”. Ya sabía Fu Manchú que incluso los mejores planes pueden venirse abajo en el último minuto.

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