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San Sebastián 2022 | 'El prodigio': El milagro de Florence Pugh

Sebastián Lelio ('Una mujer fantástica') derriba nuestro sistema de creencias para Netflix.
'The Wonder'
'The Wonder'
Netflix

Nos recuerda Sebastián Lelio nada más arrancar El prodigio / The Wonder que todos vivimos en base a nuestros propios cuentos, historias, relatos. Son esas creencias que heredamos de nuestro entorno, esos valores que varían dependiendo la sociedad en la que nacemos, son esas películas que nos hablan de familia, relaciones de pareja, pasados turbulentos o futuros distópicos. 

El director chileno compite en la sección oficial del Festival de San Sebastián con la esta adaptación de la novela de la escritora irlandesa Emma Donoghue, que llegará a Netflix el 16 de noviembre. El guion, firmado por Donoghue, Lelio y Alice Birch (Lady Macbeth), nos traslada a la Irlanda del siglo XIX, donde se desplaza la enfermera inglesa Lib Wright (siempre milagrosa Florence Pugh) para investigar el caso de una niña que asegura llevar cuatro meses sin comer.

Con un tono que oscila entre el drama de época, el análisis filosófico y el thriller rural, Lelio ahonda en la construcción de nuestros sistemas de creencias, señalando con el dedo acusador a todo aquello, desde la religión a los medios de comunicación, que define nuestra concepción del mundo. Lo hace sin engaños, de frente, recordándonos desde la primera escena en el set de rodaje que este es otro relato más, con su discurso político o social. 

El prodigio es una dicotomía constante, un choque entre ciencia y religión, individuo y comunidad, ayuno y hambruna, analizada a través de una mujer enfrentada a las normas sociales, esas que tan bien ha retratado Lelio en Una mujer fantástica o Gloria. Ella, una Florence Pugh contenida pero magnética, representa, libreta en mano, el relato racional, científico, un discurso contrario a la cegadora fe católica del pueblo al que llega y alejada del cuento morboso del periodista de Tom Burke.

Da igual qué cuento nos cuente la británica porque nos lo vamos a creer. Solo de la mano de la actriz podemos simpatizar con una mujer algo hosca y entender su viaje, una travesía que la obliga a traicionar sus propias creencias racionales para poder salvar a su paciente y, en el proceso, a sí misma. Al final, se impone la realidad, derribando a su paso cualquier pensamiento mágico o científico. 

El prodigio no es nada que no se haya visto antes en apuestas como La mujer de al lado o El desprecio. No tiene una ambición estilística ni formal que la eleve por encima de otros títulos; todo lo contrario, hace de la infravalorada simplicidad su mejor baza. 

Mima la historia y a sus personajes en una reflexión muy actual sobre fanatismos o radicalismos ideológicos, y consigue un empaque cuidado, magnético, captado con gusto por la virtuosa cámara de Ari Wegner (El poder del perro) y la música de Mathew HerbertEl cine es un artificio, otro relato que construye nuestra percepción, pero cuando se hace bien, como es el caso, también puede representar un terreno fértil para el debate y el cuestionamiento. 

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