San Sebastián 2022 | 'Argentina, 1985': "Fachos", democracia y otra obra maestra de Ricardo Darín

El actor vuelve a dar una lección de cine con el histórico juicio a la dictadura argentina en una película impecable.
‘Argentina, 1985′
‘Argentina, 1985′
Cinemanía

Un hombre conduce por la noche porteña. En pocos minutos, llega a casa, donde lo espera su hijo para informarle de los movimientos del novio de su hermana mayor. En la cocina, el pequeño le cuenta que desconfía del susodicho y que lo ha seguido a un bar cuyo nombre pronto pone en alerta al patriarca. 

Aparece la madre, rompiendo la magia de esa charla privada. Entre el matrimonio arranca entonces un divertidísimo cruce de preguntas, respuestas y recriminaciones como las que podrías escuchar en el comedor de tu familia. "¿Estás siguiendo a tu hija con tu hijo?". Al parecer, el padre y el abuelo del novio en cuestión colaboraron con los militares "voluntariamente", matiza el pequeño desde su cuarto. 

Los primeros y gozosos minutos de Argentina, 1985 son toda una declaración de intenciones: en el filme, regresamos a un país en plena transición que mira con miedo y recelo a la recién estrenada democracia; y lo hacemos de la mano de un Ricardo Darín apabullante en la piel de un héroe involuntario, un cascarrabias adorable que tiene en sus manos el futuro de Argentina, quiera o no. 

La producción de Santiago Mitre, que llega hoy al Festival de San Sebastián tras su paso triunfal por Venecia (premio FIPRESCI), lleva a la pantalla un hecho histórico, el llamado Juicio de las Juntas (también conocido como 'Causa 13/84'), un proceso judicial civil sin precedentes contra los nueve militares que lideraron la dictadura entre los años 1976 y 1983. Secuestros, torturas, desapariciones... "Un genocidio", lo llamaría el fiscal Julio Strassera, protagonista de Argentina, 1985.

Aunque por la cámara de Mitre (y sus imágenes de archivo) pasan testigos, víctimas, abuelas de Plaza de Mayo o nombres rimbombantes como Jorge Rafael Videla o Emilio Eduardo Massera, esta es la historia del joven equipo legal liderado por el fiscal Strassera (Darín) y su adjunto Luis Gabriel Moreno Ocampo (Peter Lanzani), que recopiló las pruebas para encarcelar a los miembros de la Junta Militar pese al poco tiempo y las amenazas en una nación aún influenciada por sectores afines a la dictadura. 

A través de los protagonistas, a los que vemos en su actividad profesional, pero también en su intimidad familiar, el director no solo recoge la increíble hazaña de dos hombres que hicieron historia, sino también la herida de un pueblo tras años de represión, dividida entre los defensores del 'Proceso de Reorganización Nacional', quienes desconfían de su frágil democracia y la política, o los que exigen justicia por las atrocidades cometidas.

Este retrato político y sobre todo social toma el rostro de Ricardo Darín, más Darín que nunca, entregado a un personaje gruñón, receloso, un hombre curtido por el miedo de quien ha vivido tiempos peores. Un héroe normal que el actor representa con humor, tierna dureza y mucha cercanía. Frente a él, Lanzani como Moreno Ocampo, el joven de familia militar, un rebelde con causa confiado en convencer a su madre de las atrocidades de Videla (con quien ella iba a misa), perfil de esa generación posterior que se lanza esperanzada al futuro.

Argentina, 1985 es brutal, íntima, vibrante, un sinfín de escenas para el recuerdo: algunas tremendamente conmovedoras y poderosas como el testimonio de Adriana Calvo de Laborde o el alegato final de Strassera ("Señores jueces: Nunca más"); otras, cómicas en su crudeza, como una charla entre Darín y uno de sus asesores buscando aliados no "fachos" (o "recontrafachos") para su equipo sin éxito, o la deliberación de los jueces mientras comen pizzas espiados por el hijo del fiscal.

El trío Mitre-Darín-Lanzani, aupados por un reparto de secundarios brillante, consigue que nos emocionemos, que riamos y que sintamos la tensión, firmando una obra maestra, impecable, universal, imperecedera. La mejor película que ha pasado por Donosti hasta ahora bien merece la ovación escuchada ayer en el pase de prensa, algo no muy habitual. Porque cuando el cine se vuelve inmenso, y este trabajo con un apoteósico Darín lo hace, solo queda soltar emociones y dar rienda suelta a la euforia. 

Tráiler de 'Argentina, 1985'

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