Los agujeros de guion de 'Star Wars' a los que se enfrenta 'Obi-Wan Kenobi'

George Lucas compuso el canon de su saga a salto de mata... y al maestro Jedi le toca juntar los pedazos. 
Alec Guinness y Ewan McGregor como Obi-Wan Kenobi.
Alec Guinness y Ewan McGregor como Obi-Wan Kenobi.
Cinemanía

A poco que piense sobre ello, cualquier fan de Star Wars lo sabe: la saga galáctica es menos un todo monolítico que una creación colectiva en la que George Lucas y otros autores acumularon ideas a lo largo de décadas. Lo cual forma parte de su encanto… pero también da pie a momentos incómodos, como demuestra Obi-Wan Kenobi

Con su regreso a los años previos al Episodio IV, la serie protagonizada por Ewan McGregor y Hayden Christensen supone un triple tirabuzón para el canon 'warsie'. Porque no solo está obligada a mirar a las precuelas a la cara, sino también a servir de enlace entre estas, las series de animación como Star Wars Rebels y la primera trilogía. 

Y, claro, con semejante maniobra, pues a la mitología de la Galaxia Muy, Muy Lejana se le ven las costuras. Algo que, con un espíritu más o menos crítico o jocoso, muchos fans están señalando en redes sociales. 

Tráiler final de 'Obi-Wan Kenobi'

¿Qué hacemos con Vader? 

La historia detrás de las cámaras del Lord del Sith es una de las más accidentadas de Star Wars. Algo que, si ya se notó al comparar las precuelas con la trilogía original, en Obi-Wan Kenobi está llegando al paroxismo.

Porque, aunque las raíces del personaje daten de los primeros borradores de guion (aquellos en los que los Skywalker se apellidaban "Starkiller"), Lucas improvisó lo suyo con su trasfondo y, sobre todo, con su siempre complicado árbol genealógico. 

Básicamente, la historia es la que sigue: en 1977, a la altura de la primera Star Wars, nadie (ni siquiera su creador) se había planteado que Vader y el padre de Luke pudieran ser la misma persona. Tampoco que "Darth Vader" no fuese su nombre de pila. Y no hablemos ya del duelo en Mustafar o la existencia de Padmé Amidala. 

En lugar de eso, Lucas había concebido a Lord Vader como un esbirro del presunto villano principal de la película: el gran moff Tarkin de Peter Cushing. Asimismo, Obi-Wan se refiere a él como "Darth" durante su duelo en la Estrella de la Muerte, probando que el autor no tenía nada claro eso de que los Sith cambian de nombre en su iniciación. 

Para colmo, y aunque esto es difícil de probar, también existen sospechas de que el regreso de Vader en las secuelas no resultaba impepinable. Recordemos que, tras la batalla de Yavin IV, el villano desaparece en el espacio a bordo de su caza TIE tuneado, dejando al espectador con la duda de si ha sobrevivido o no a los disparos de Han Solo. 

¿Qué ocurrió, entonces? Pues, sencillamente, que el carisma del Señor Oscuro volvió tarumba al público, con lo que su presencia en El Imperio contraataca era inexcusable. En 1978, obligado a escribir un tratamiento de la secuela tras la muerte de la guionista Leigh Brackett, Lucas se sacó del magín el famoso "¡No, yo soy tu padre!", con las consecuencias que todos sabemos. 

Es probable (pero cualquiera sabe) que el patriarca galáctico trazara entonces la historia canónica de Vader: aquellas líneas de diálogo, tan detestadas por Alec Guinness, acerca de un joven renegado que traicionó y asesinó a Anakin Skywalker pasaron de un relato más o menos verídico a una metáfora acerca de su ascenso y caída. 

Así, como diría el propio Obi-Wan, la verdad es algo que depende del punto de vista. Podríamos decir que el maestro le echó muchísima jeta al asunto tratando de ahorrarle traumas a su discípulo Luke… pero no le echó tanta como el propio George Lucas. 

"Su carencia de fe resulta molesta"

Estos detalles sobre la génesis de Darth Vader nos llevan a otro punto interesante: la posición del villano dentro del organigrama del Imperio… y cuánto y de qué manera perdura el recuerdo de la Orden Jedi y la Fuerza entre el público en general. 

Hoy en día, todos tenemos clara la ominosa leyenda de Darth Vader: la mano derecha del Emperador, y, como le recordaba Rey a Luke en Los últimos Jedi, "la persona más odiada de la Galaxia". Sin embargo, en 1977, habría costado mucho llegar a esas conclusiones. 

Si Vader ocupó esta posición desde el principio, ¿por qué Leia se encaraba con él como si fuera un esbirro venido a más cuando aborda su astronave? Y, si el Jedi oscuro ocupaba un lugar a la diestra de Palpatine, ¿por qué toleraba, no ya que el moff Tarkin le diera órdenes, sino que le llamase "amigo"? ¿Amigo de un Lord del Sith? ¡Vamos, anda!

Para explicar esto, debemos recordar que Lucas no concibió a los Sith como el reverso oscuro de los Jedi. En vez de eso, pensó en ellos como un cuerpo de élite que secundaba a Palpatine como las SS a Adolf Hitler en la Alemania nazi. De ahí que, en el Episodio IV, sus relaciones con las fuerzas armadas imperiales resultaran tirantes cuanto menos, a semejanza de momentos similares en muchas películas sobre la II Guerra Mundial. 

Como pináculo de dicha tirantez, queda la famosa escena en la que Vader le da una clase práctica sobre el poder de la Fuerza al bocachancla de Conan Antonio Motti. La cual abre otro abanico de dudas. 

En ese momento, según el canon de Star Wars, no han pasado ni 20 años desde la ascensión del Imperio y el exterminio de los Jedi. Así pues, y contando con que Motti tiene 31 años (la edad de su intérprete Richard LeParmentier cuando se rodó la cinta), debería haber tenido la sensatez de no tildar a las creencias de Vader de "cuentos de brujas". Básicamente, porque ya era mayorcito cuando ver por ahí a gente blandiendo sables de luz y moviendo objetos con la mente resultaba todavía algo común.

Aunque Star Wars Rebels introdujera a los Inquisidores como pretexto narrativo para dicho olvido, la explicación a esto es sencilla: por entonces, la cronología de la saga galáctica no estaba ni mucho menos cerrada, y Vader era todavía un esbirro cuya supervivencia no se daba por supuesta. 

Pero los diseños de Ralph McQuarrie y la voz de James Earl Jones (Constantino Romero en España) cambiaron las tornas. El Vader que todos conocemos y amamos nació a la altura de El Imperio contraataca, cinta donde le vemos sembrando el terror entre sus subordinados, estrangulando telequinéticamente como si tal cosa y hablando con el Emperador de tú a tú. 

"¿De qué me suena esta chica?"

Ya que estamos con El Imperio contraataca, basta con recordar su escena más mítica para tener claro que Luke no necesitó explicaciones cuando Vader le informó sobre su genealogía. Será por la Fuerza, o porque cuando a uno le acaban de cortar la mano no está por pedir pruebas de paternidad, pero el joven Skywalker asumió de inmediato la verdad en las palabras del Señor Oscuro. 

De esta manera, tanto Lucas como Lawrence Kasdan estaban encerrando a Star Wars en otro callejón sin salida. Porque, si las anagnórisis ("reconocimiento de un personaje por parte de otro en una obra dramática o novelesca") salen tan fáciles en la Galaxia, ¿cómo explicamos las relaciones entre Darth Vader y Leia? 

En el Episodio IV, como ya hemos dicho, la princesa de Alderaan se enfrenta a Lord Vader de forma inesperadamente desenvuelta, tratándose de semejante heraldo del Lado Oscuro. Asimismo, la pobre Leia se pasa bastantes días junto a Vader a bordo de la Estrella de la Muerte (incluyendo el trago de ver la destrucción de Alderaan) sin que a ninguno de los dos se le encienda la bombilla. 

La explicación es la misma de siempre: por aquel entonces, el hecho de que Leia fuese hija de Vader era tan inconcebible para todo el mundo (empezando para George Lucas) como el de que Luke y ella fuesen hermanos gemelos. Y menos mal, porque, si no fuera así, las insinuaciones de un triángulo amoroso Han-Leia-Luke en el primer filme y su secuela resultarían aún más enfermizas. 

De la misma manera, la evolución posterior de la saga echa por tierra esas palabras de la princesa al joven Skywalker en El retorno del Jedi, con ella afirmando recordar el rostro de su madre. ¿No habíamos quedado en que, según muestra La venganza de los Sith, Padmé murió tras darles a luz? 

Finalmente, toca abordar el punto más reciente de este sindiós: el encuentro entre Obi-Wan y la joven Leia en la serie. Porque, si ambos se habían conocido, aunque solo fuese fugazmente, ¿por qué Leia se refiere a él (en su famoso mensaje holográfico) como a un viejo compañero de armas de su padre en las Guerras Clon? ¿No habría sido más fácil soltar "Obi-Wan, soy Leia, ¿me recuerdas?" y pasar de ceremonias?

Para la primera cuestión, la solución es la misma de siempre: George Lucas improvisando. De hecho, las insinuaciones sobre un Skwalker desconocido que escuchamos en El Imperio contraataca (¿recuerdas a Yoda diciéndole "Hay otro" al fantasma de Obi-Wan?) no tenían, en principio, nada que ver con Leia, sino con un personaje que hubiera aparecido (no sabemos cómo) durante El retorno del Jedi. 

Pero, con respecto al encuentro entre el caballero y la princesa en Obi-Wan Kenobi, es más difícil encontrar excusas. Joby Harold, Hossein Amini y el resto de los guionistas no están labrando en un campo virgen, sino enfrentándose a un cosmos cuya historia está ya más que definida… y a una legión de fans empeñados en que se respete religiosamente un canon que, como hemos visto, se construyó de aquella manera. 

Lo cual nos lleva a una importante conclusión: Star Wars es, ante todo una creación colectiva en la que múltiples voces (no solo la de Lucas) han dado forma a una mitología moderna. La cual, como todas las mitologías, está llena de contradicciones y eventos sin explicación. Lo cual no debería molestarnos ni preocuparnos. 

Debido a esta construcción precaria, pero entrañable, Star Wars estará condenada a ofrecer incoherencias narrativas hasta el fin de los tiempos. O lo estará, mientras los propietarios de la franquicia insistan en volver una y otra vez a los Skywalker en lugar de abrir su infinito arco de posibilidades a otras épocas, otros mundos y otras historias. 

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