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Un documental de Netflix explora el misterio en torno a la muerte de Marilyn Monroe y su vínculo secreto con los Kennedy

'El misterio de Marilyn Monroe: Las cintas inéditas' vuelve al aparente suicidio de la mayor estrella de Hollywood.
El misterio de Marilyn Monroe: Las cintas inéditas
El misterio de Marilyn Monroe: Las cintas inéditas
Cinemanía

¿Accidente, suicidio, o asesinato? Durante años corrieron diversas teorías que explicaban la muerte de Marilyn Monroe en 1962. 

El informe forense de su autopsia indicaba que la actriz de 36 años falleció debido a un “probable suicidio” por ingestión de barbitúricos. Sin embargo, las revelaciones del ex-auxiliar forense Lionel Grandison sobre su misterioso final propiciaron que en 1982 el fiscal de distrito del condado de Los Ángeles reabriera una investigación oficial sobre las causas del aparente suicidio de la estrella.

Grandison aseguró entonces que su superior jerárquico le obligó a firmar el certificado de defunción de la actriz el 5 de agosto de 1962, día de su muerte. También afirmó haber visto el comentado diario personal de Monroe (que, según su versión, desapareció de las oficinas del forense local un par de días después de ser depositado allí), y dijo que el conocido como diario rojo contenía referencias al presidente John F. Kennedy y a su hermano Robert (de los que, por lo visto, la actriz fue amante).

Varios amigos de la actriz nunca creyeron en su suicidio y señalaron que Monroe confió a su diario secretos de Estado, a los que había tenido acceso durante una aventura con Robert Kennedy, entonces ministro de Justicia. Parece ser que uno de los secretos era un plan de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana (CIA) para acabar con la vida del dirigente cubano Fidel Castro, y que esto pudo haber propiciado el asesinato de la actriz.

Pero la investigación descartó las teorías conspirativas y el juego sucio, y el caso se cerró entonces. El documental El misterio de Marilyn Monroe: Las cintas inéditas explora ahora la historia a través de centenares de entrevistas con el círculo más cercano de la estrella, realizadas a lo largo de varios años por Anthony Summers, que empleó parte del contenido de esas charlas para elaborar su biografía Goddess. 

“La verdad y Marilyn es como meterse en la cueva del lobo”, cuenta el escritor y periodista irlandés, quien empezó a interesarse por el caso después de que el editor de un periódico británico le encargara cubrir la historia de Monroe en 1982.

Un ser atormentado

La cinta de Emma Cooper no rehúye el sensacionalismo y aporta pocas novedades respecto a las circunstancias que rodearon su muerte, aunque se deja ver y ayuda a entender mejor la compleja figura de una de las actrices más populares del mundo. 

Detrás de la rubia alegre y tonta de las películas se escondía una mujer atormentada, inteligente y sensible que pasó su infancia y su adolescencia en orfanatos, centros de acogida y casas de parientes y amigos de su madre, una mujer inestable que entraba y salía constantemente de instituciones psiquiátricas.

Monroe, cuyo verdadero nombre era Norma Jean Baker, sufrió varias agresiones sexuales y tenía dieciséis años cuando, a punto de volver a entrar en una casa de acogida, decidió abandonar sus estudios y se casó con James Dougherty, un policía de veinte años que trabajaba en el turno de noche de Lockheed Aircraft. 

Cuando Dougherty fue enviado a la Segunda Guerra Mundial, su esposa se instaló en casa de su suegra y empezó a trabajar en la fábrica de municiones Radio Plane. Fue allí, con dieciocho años, donde un fotógrafo la retrató para un reportaje del Army Weekly sobre mujeres que trabajaban en la campaña civil durante la guerra.

Marilyn Monroe como Norma Jeane Mortenson en 1944.
Marilyn Monroe como Norma Jeane Mortenson en 1944.
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Nacimiento de un mito

A Monroe le empezaron a salir trabajos como modelo en Hollywood y, como su marido no aprobaba aquello, optó por tramitar un divorcio rápido en Las Vegas. "Quería firmar un contrato con la 20th Century Fox, y en él decía que no podía estar casada", contó Dougherty. “No querían a una joven estrella embarazada. Cuando volví a verla, intenté convencerla para que lo dejara. Me quería allí; quería que siguiéramos sin estar casados, por el contrato, pero yo no podía hacer eso".

Tras varios papeles secundarios, la ya rebautizada como Marilyn Monroe estrenó melena rubio platino y revolucionó la meca del cine tras aparecer en Me siento rejuvenecer (1952), junto a Cary Grant. Ese mismo año, Hugh Hefner, dueño de Playboy, la convirtió en la primera chica de portada de su revista, tras comprar los derechos de unas fotos de la actriz de hacía años (las publicó sin su consentimiento y vendió más de cincuenta mil copias de ese número).

El reportaje de Playboy consagró como sex symbol a Monroe, quien se sintió avergonzada por la publicación de aquellas instantáneas y llegó a pensar que el asunto acabaría con su incipiente carrera. 

“Tanto se la convirtió en un objeto de disfrute para las masas que su personaje de rubia tentadora e ingenua se vendió como real al público”, señalaría María Herreros en su libro Marilyn tenía once dedos en los pies: y otras leyendas de Hollywood. “Y, por supuesto, la contradictoria actriz contribuía a la fantasía colectiva por exigencias de guion, productoras, de patrocinadores...”.

Un misterio infinito

El misterio de Marilyn Monroe aborda igualmente las adicciones Monroe, que era dependiente de tranquilizantes y estimulantes, y buscó siempre un lugar en el que encajar, como el melancólico personaje que encarnó en el que fue su último rodaje, Vidas rebeldes (1961), de John Huston. 

La actriz también buscaba el calor y la protección de hombres famosos como la leyenda del béisbol Joe DiMaggio (quien se puso celoso mientras la veía rodando aquella escena de La tentación vive arriba donde se le levantaba el vestido), el dramaturgo Arthur Miller (del que ya salió separada tras intervenir en Vidas rebeldes), o el propio Robert F. Kennedy (algunos aseguran que la actriz quería perjudicar al senador al responsabilizarlo del fracaso de la relación amorosa que ambos habían mantenido, y sentirse utilizada por él).

Durante sus últimos meses, Monroe vivió en su casa de Brentwood, en Los Ángeles, donde en la madrugada del 4 al 5 de agosto de 1962 su sirvienta Eunice Murray y su psiquiatra Ralph Greenson encontraron su cuerpo sin vida, tendido sin ropa sobre la cama, con un brazo extendido y el teléfono en la mano. 

La principal revelación del documental es la falta de consenso a la hora de determinar el momento exacto de su muerte (un exconductor de ambulancias afirma que Monroe estaba todavía viva cuando la trasladaron al hospital), y la forma en que se informó de ella. Hay quien aún sostiene que existen pruebas sólidas de que esto último se retrasó para dar tiempo a que Bobby Kennedy huyera de la ciudad y borrara todo rastro de su vinculación con aquella casa.

“No encontré nada que me convenciera de que la habían asesinado adrede”, apostilla Summers, para quien la actriz se suicidó o murió por una combinación letal y accidental de sedantes y barbitúricos. Tesis defendida también por el biógrafo norteamericano Donald Spoto, que asegura en su libro Marilyn Monroe que su muerte se debió a una negligencia médica causada por su psiquiatra, el doctor Greenson. 

Tal y como apunta, con toda la razón del mundo, la cándida voz de Monroe en una entrevista suya recogida en el documental de Netflix, “La realidad rara vez trasciende. Suelen hacerlo las mentiras. Es difícil saber por dónde empezar si no es por la verdad”.

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