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La escena de ‘Chernobyl’ que nos advirtió de la relación Ucrania-Rusia

La miniserie de HBO solo necesitó una anciana ucraniana, un soldado soviético y un cubo de leche fresca para sugerir la turbulenta relación histórica a la que hoy se le suma una guerra
Chernobyl
Chernobyl
HBO Max

Es una de las mejores secuencias de Chernobyl. Y eso que en la miniserie creada por Craig Maiz sobre el desastre nuclear de 1986 hay donde elegir. Hablamos del arranque del cuarto episodio, The Hapiness of All Mankind, y antes de ver, oímos. Escuchamos un ruido metálico. Si afinamos bien, identificamos el sonido: es un líquido chocando contra un material duro, un cubo de acero o de chapa.

Los créditos de Chernobyl desaparecen de la pantalla negra y un primer plano nos muestra unas manos ordeñando las ubres de una vaca. Corte al rostro de una anciana, que realiza la tarea con diligencia sin importarle esa presencia a sus espaldas que aún no vemos pero (una vez más) oímos.

Chernobyl
Chernobyl
HBO Max

“Ha llegado el momento de irse”, dice una voz masculina fuera de campo. La abuela no se inmuta. Sin embargo, un plano detalle de la mirada perdida de la vaca aumenta nuestra inquietud. “¿Me ha oído? Esto es una evacuación. ¿Me ha entendido?”, insiste la voz masculina ante la indiferencia de la anciana. El plano es más abierto ahora y podemos ver que el hombre que habla viste uniforme militar y empuña un arma. Es la evacuación de los civiles de Pripyat, al norte de Ucrania, tras el desastre ocurrido en la planta nuclear de Chernobyl.

Chernobyl
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HBO Max

Pero a la abuela eso de la radiación le sabe a nada. Y está dispuesta a explicarle al soldado por qué. “Tengo 82 años, he vivido toda mi vida aquí”. Y así comienza un discurso que condensa en una escena rural las tensiones entre Rusia y Ucrania del último siglo. Como también lo hace, sin duda, la respuesta del soldado, no con palabras si no con un disparo.

“No eres el primer soldado que aparece aquí con un arma. Cuando tenía 12 años llegó La Revolución. Los hombres del Zar. Luego los Bolcheviques. Nos pidieron que nos marchásemos. No... Luego llegó Stalin. La gran hambruna. Holdomor. Mis padres murieron. Dos de mis hermanas murieron. Al resto, nos dijeron que nos fuésemos. No. Luego llegó la Gran Guerra. Chicos rusos. Chicos alemanes. Más soldados. Más hambre. Más cadáveres. Mis hermanos nunca volvieron. Pero yo me quedé. ¿Y ahora quieres que me vaya por algo que ni siquiera veo? No”.

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