Cannes 2022 | 'Decision to Leave' es una lección maestra de suspense y lenguaje cinematográfico

Control absoluto del coreano de todos los elementos del lenguaje en un trepidante thriller sobre la percepción.
Decision to Leave
Decision to Leave
Cinemanía

De Murnau a Hitchcock, de Brian De Palma a Park Chan-wook. Los elementos de la gramática cinematográfica están disponibles para todos los cineastas, aunque solo algunos se proponen emplearlos llevándolos hasta sus últimas consecuencias. Puede que sean otros los que realicen los hallazgos en el lenguaje, la forma que piensa a la que se refería Godard, pero son los directores como Park quienes lo ponen en valor al explotarlos con su caligrafía expresiva y lúdica. Pensada para el máximo disfrute del ojo que ve y el cerebro que conecta.

Decision to Leave, undécimo largometraje en la filmografía del coreano, es un thriller policial –escrito junto a su colaboradora habitual Jeong Seo-kyeong– que trae todas esta cuestiones al frente. Es la historia de un detective de policía (Park Hae-il) insomne y meticuloso que, investigando un caso de posible suicidio o asesinato, cae enamorado de la viuda de la víctima (Tang Wei), principal sospechosa. 

Sin entrar en spoilers, diremos que la relación entre ambos no solo determina la resolución de la investigación, sino también otro posible caso de asesinato que tiene lugar 13 meses después y podría estar perversamente conectado. Es justo en la interconexión de elementos donde Park Chan-wook da rienda suelta a su talento como narrador visual con una gramática hipercontrolada desde la puesta en escena al montaje milimétrico de Kim Ji-yong, imprescindible para que la sucesión de raccords de continuidad imaginativos, transiciones y rimas funcionen como un mecanismo de precisión relojera.

Como si fuera una masterclass acelerada de las posibilidades expresivas del medio, el director de La doncella (2016), que nunca ha pecado precisamente de comedido, hace que cada elemento de los planos resulte interesante o llamativo. Desde el ángulo de cámara a la aparición de un personaje en escena, desde el movimiento interno del plano a su relación con el anterior y posterior, desde la mezcla sonora a la coordinación rítmica de los sonidos diegéticos con la partitura punzante de Jo Yeong-wook, cuerdas crispadas y castañuelas incluidas.

Todas las películas tienen a su disposición esos elementos, todas cuentan sus historias con imágenes y sonidos, pero solo algunos cineastas como Park se proponen que cada parte haga su función para revolucionar el todo. ¿Por qué cocinar sin especias en vez de añadirle matices de sabor extra a cada bocado? ¿Por qué hacer una transición rutinaria o un plano-contraplano cuando puedes superponer capas de sonido de distintos momentos temporales o crear la ilusión de que los personajes hablan entre sí mientras conducen al ritmo de la banda sonora? 

Puede parecer que Park está inventando la pólvora, y que simplemente ha dirigido como los ángeles un thriller vertiginoso, engarzado con un romance atormentado por una femme fatale. Que la abundancia de especias para realzar sabores lo que busca es ocultar ingredientes de baja calidad. Nada más lejos de la realidad, ya que Decision to Leave es precisa adecuación de forma (hipervitaminada) a fondo (neurótico). 

Las recreaciones mentales que el protagonista hace de los crímenes, similares a las visualizaciones de Will Graham en la Hannibal de Bryan Fuller, cuestionan lo que se nos ha enseñado y contado desde otro punto de vista. La investigación policial, así como su matrimonio y adulterio arriesgado, están sumergidos a nivel argumental en abismos de sospecha, falsedad y ultravigilancia tecnológica; seguro que a De Palma le encanta el papel que juegan en la trama los aparatos cotidianos de comunicación (teléfonos móviles, traductores digitales, grabadoras y smartwatches) convertidos en herramientas de control.

Hay que vivir la experiencia de ser zarandeado por su retórica visual para entender la importancia de que alguien se tome la molestia de hacer cosas que la mayoría de directores de cine espectáculo, ese que debería entrar por los ojos y centrifugar las fibras del nervio óptico como hace Decision to Leave, ni se plantean por indulgencia industrial o desidia creativa. Demos gracias por la estirpe de quienes, además de cocinar con abundantes especias, se divierten jugando con la comida.

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