Bienvenidos a 'DAU': 700 horas de metraje para contar la historia de la URSS

Una de las apuestas cinematográficas más colosales jamás concebidas llega al D'A Film Festival.
DAU
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Cinemanía

Este fin de semana el D’A Film Festival proyecta —en salas en Barcelona y también, hasta el día 9 de mayo, en Filmin— las ocho primeras horas de DAU, la aventura cinematográfica más ambiciosa, controvertida e inabarcable de este siglo. 

El proyecto comandado por el ruso Ilya Khrzhanovski, en realidad, trasciende de largo su condición de objeto fílmico para ubicarse en un lugar inexacto entre la instalación artística, la performance y la película. Aunque bastará con ver unos minutos de cualquiera de los filmes para comprobar que la materia prima de este crisol de historias ambientado en la Unión Soviética de la segunda mitad del siglo XX es una narrativa profusamente dialogada. Una narración que no partía de guiones cerrados y en la que se dio mucha cancha a la improvisación.

El Festival Internacional de Cine Europeo de Sevilla ya nos descubrió en otoño DAU. Natasha, primera película de la serie, a la que ahora se suma, dividida en tres partes, DAU. Degeneration. Esta ha sido dirigida a cuatro manos por Khrzhanovski junto al artista audiovisual Ilya Permiakov, que ha participado en varios segmentos del proyecto, igual que Jecaterina Oertel, codirectora de DAU. Natasha y responsable de maquillaje y efectos visuales, labor que ha desempeñado también junto a cineastas como Tom Tykwer o Roland Emmerich.

Qué es 'DAU'

Tras estrenar en festivales en 2004 su premiada opera prima, 4 (Chetyre), Khrzhanovski se propuso rodar un biopic del físico soviético Lev Landau, que ganó un Premio Nobel el mismo año, 1962, en que un accidente automovilístico le dejaría graves secuelas. Pero en algún punto del desarrollo del proyecto, que comenzó en 2006, el cineasta decide que tiene muchas más cosas que contar de las que caben en un biopic al uso y se lanza a una empresa monumental que tendrá por objeto trazar una sucinta radiografía de la Unión Soviética que, a su vez, hable de la Rusia del presente: a Vladimir Putin, de hecho, el proyecto le ha parecido suficientemente ofensivo como para censurarlo aduciendo que difunde “pornografía y propaganda”.

Si hablábamos de DAU como una performance, es porque su proceso de rodaje, que se alargó dos años, fue cuanto menos inusual: en 2009 unas 300 personas se trasladaron a un gigantesco set de rodaje construido en Járkov, Ucrania, 13.000 metros cuadrados que recreaban el complejo residencial donde se halla el misterioso instituto científico alrededor del cual se articulan los distintos relatos del filme, y en el que harían vida tanto los actores, no profesionales en su inmensa mayoría, como el equipo técnico. 

A efectos prácticos, una especie de pequeña ciudad en la que todos, actores y técnicos, debían vestir, comer y hablar como si estuvieran en la época en la que transcurren las películas. Son 700 horas de metraje, rodadas en 35 milímetros, de las que por el momento está previsto que surjan una veintena de películas y hasta cuatro libros.

La locura de 'DAU'

A esta insólita experiencia se incorporaron científicos, pensadores y teólogos que no solo interpretaron papeles afines a sus especialidades sino que también dieron charlas y conferencias en el Instituto, por el que también pasó la artista Marina Abramovic, a la que podemos ver brevemente en DAU. Degeneration. Músicos como Brian Eno o Peaches, que dio un concierto para celebrar el final del rodaje y el desmantelamiento del set, han participado de distintas formas en el proyecto.

Pero la colaboración más objetable es la del líder neonazi ruso Maxim Martsinkevich, recientemente fallecido y tristemente popular en Rusia por difundir violentos vídeos incitando al odio contra homosexuales y migrantes. Aunque no se ensalcen las ideas del grupo de extrema derecha al que Martsinkevich lidera en la misma DAU. Degeneration, en un tiempo en el que en España discutimos como neutralizar al fascismo su presencia resulta como mínimo provocadora. Solo hace falta escudriñar internet para advertir que la gestación de un proyecto que venía generando expectación desde principios de la pasada década no ha estado exenta de acusaciones y polémicas.

El alcance de 'DAU'

La turbulenta y prolongada intrahistoria de un proyecto al que algunos han llamado Apocalypse DAU daría para unos cuantos artículos como este. La crudeza de ciertas escenas de violencia y la intención declarada de su autor de permitir a los actores dejarse ir en lo que concierne al sexo y a la ingesta de alcohol —de esto nos daremos cuenta viendo DAU. Natasha— reabre el debate de hasta donde es lícito forzar la representación para filmar emociones conflictivas. Incluso aunque tu propósito, como es el caso de DAU, sea mostrar como los mecanismos totalitaristas de vigilancia y terror retuercen la voluntad de las personas.

En todo caso, todavía es pronto para conocer el verdadero alcance de una empresa sin parangón en el cine actual, estimulante por lo que tiene de desaforado acto de fe en las posibilidades de la ficción cinematográfica para alumbrar un mundo que, con sus propias reglas, se espeje en aquel que habitamos. Quienes se queden con ganas de más y quieran adentrarse en el vasto universo desplegado por Ilya Khrzhanovski y su equipo pueden visitar DAU.com, donde ya pueden alquilarse siete películas más de la serie.

A modo de contrapunto a la incontinencia narrativa que ofrece DAU, en Un Impulso Colectivo, la sección del D’A Film Festival que rastrea lo que ocurre en los márgenes del último cine español, el asturiano Vicente Domínguez toma una postura radicalmente distinta. En Barcos. Doce cartas náuticas, su debut en el largometraje, nos recuerda también qué mundo hemos heredado mientras los envolventes ambientes sonoros de Elle Belga y los cargueros que atraviesan el plano hasta desvanecerse sugieren que no hay forma honrosa de representar lo irrepresentable.

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